Durante la madrugada del lunes, Rusia desplegó 68 proyectiles y 351 drones no tripulados contra Kiev, cobrándose la vida de al menos 18 personas en la capital y sus alrededores. Esta ofensiva, la segunda en menos de una semana, evidenció una debilidad crítica en la defensa antiaérea ucraniana: los 29 misiles balísticos lanzados impactaron completamente, ya que Ucrania no posee suficientes sistemas interceptores. Horas más tarde, el presidente Volodímir Zelensky replanteó su visión del conflicto en una conversación con el Financial Times, señalando que la guerra ya no se resolverá en tierra ni en el mar, sino en el cielo.
“Si logras frenar al enemigo en el terreno de combate, si paralizas la guerra en tierra y le arrebatas el control del mar —como hicimos con nuestros drones navales, obligando a la flota rusa a retirarse—, entonces el próximo escenario de lucha será el cielo”, manifestó. En el frente terrestre, la situación se mantiene estable dentro de una guerra de desgaste. En el mar, la flota rusa del mar Negro abandonó Sebastopol tras ser neutralizada por los drones ucranianos. Sin embargo, en el ámbito aéreo la desigualdad continúa: Rusia posee un arsenal de misiles balísticos que Ucrania no puede detener sin los sistemas Patriot, cuyo abastecimiento se ha convertido en el tema más delicado en las relaciones de Kiev con Occidente.
El vocero de la Fuerza Aérea ucraniana, Yurii Ihnat, explicó en la televisión nacional: “Los rusos están aprovechando el hecho de que actualmente existe una grave escasez de misiles interceptores, tanto en Ucrania como en el mundo”. Los sistemas Patriot —de fabricación estadounidense— y los SAMP/T francoitalianos tienen la capacidad de derribar misiles balísticos, pero la disponibilidad actual es, según el propio Zelensky, “extremadamente reducida”. En el ataque, doce personas perdieron la vida en Kiev y otras seis en la zona metropolitana. Además, al menos 46 personas resultaron heridas, entre ellas tres menores de edad.

Este bombardeo ocurre apenas cuatro días después de otra ofensiva masiva que dejó 31 fallecidos en la capital el jueves anterior, el ataque más letal en lo que va del año. Desde Moscú, se justificaron ambas agresiones como represalias por los ataques ucranianos contra su infraestructura energética. En semanas recientes, Kiev ha impactado refinerías en diversas regiones rusas, provocando una crisis de combustible que presiona al Kremlin. Durante la misma madrugada del lunes, drones ucranianos alcanzaron una refinería en Yaroslavl, a 250 kilómetros al noreste de Moscú, y cortaron el suministro eléctrico en Sebastopol.
Zelensky viaja a Ankara para la cumbre anual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que inicia este martes. Su agenda tiene un objetivo prioritario: obtener compromisos para fortalecer la defensa aérea, incluyendo más misiles Patriot y la transferencia de tecnología para fabricarlos en territorio ucraniano. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, admitió que la alianza no puede cubrir todas las necesidades de Kiev, aunque prometió hacer “todo lo posible”. La cumbre también será escenario del primer encuentro bilateral entre Zelensky y Donald Trump desde que el presidente estadounidense regresó a la Casa Blanca.
En la entrevista con el Financial Times, Zelensky describió un cambio de actitud en Trump, que atribuyó al éxito de la campaña con drones. “El presidente Trump quiere estar donde hay éxito”, afirmó. El mismo lunes, Trump declaró que las partes estaban “mucho más cerca de terminar la guerra de lo que la gente cree”, sin ofrecer detalles. La administración Trump suspendió a principios de año los envíos de armamento a Ucrania —una decisión tomada por el secretario de Defensa Pete Hegseth sin una orden directa del presidente, según Reuters—, aunque las conversaciones sobre nuevos suministros aún continúan.
Si los aliados no logran reponer los interceptores utilizados en la defensa ucraniana, la ventaja que Kiev ha conseguido con su campaña de drones podría desaparecer ante el colapso de su capacidad para proteger a la población civil. Esa es la carta que juega Zelensky en Ankara: convencer a Occidente de que ganar la guerra en el cielo no es una simple metáfora, sino la única variable que aún puede definir el desenlace del conflicto.
Fuente: Infobae