Para Paula, el tiempo no ha sido suficiente para sanar la herida que dejó la partida de su hija mayor. A un año del asesinato de Brenda del Castillo, ocurrido el 20 de septiembre de 2025 en una vivienda de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, la mujer encuentra en esta conversación un espacio para desahogarse. Brenda, junto a su prima Morena Verdi y Lara Gutiérrez, fue víctima del triple femicidio narco que conmocionó a Argentina.
“Tengo un dolor vivo, pero no puedo tirarme en la cama a llorar. Cuando pasó lo de las chicas, a las tres semanas tuve que volver a trabajar. No pude ni hacer mi duelo, no tenía otra opción. Por eso a veces aprovecho y lloro cuando trabajo: yo soy cajera en una carnicería del barrio y estoy en contacto con gente que me conoce y me abraza. Es el único momento que puedo llorar”, relata entre lágrimas.
Desde el crimen, atribuido a una presunta vendetta narco que investiga la Justicia federal, Paula vive bajo custodia policial en la casa de sus padres. Allí la ayudan a cuidar a sus dos hijos más pequeños, de 11 y 7 años, y a su nieto de 2 años, el hijo huérfano de Brenda. Para mantenerlos, trabaja doble turno de lunes a lunes, con solo dos francos cada quince días, que aprovecha para acompañar a sus hijos al colegio. “Hago lo que puedo porque sino no me ven nunca. Es la única opción que tengo”, explica.
Los domingos, en los intervalos entre turnos, se dirige al Cementerio Las Praderas, donde descansan los restos de su primogénita: “Lo hago sola, voy todos los domingos al cementerio con mi termo y mi frazadita, pongo música y me quedo ahí hasta las 16 que vuelvo a trabajar. Me lleno de energía y le llevo flores. Solo una vez no fui dos semanas y, cuando volví, no tenía ni una flor. Me partió. Dije: ‘¿Cómo puede ser que no tenga ni una flor? Mi hija no puede estar sin flores’”.
Paula enfrenta una contradicción espiritual: “Yo soy evangelista y para nosotros, cuando uno muere, va al cielo. No existe la tierra. Entonces no llevo a mis hijos al cementerio por eso, porque para ellos Brenda está en el cielo. Fue una contradicción para mí, pero me tocó con mi hija. Y yo no puedo faltarle a mi hija, tengo que ir”.
Para mantener viva la memoria de Brenda con sus hijos y su nieto, recurre a cuentos y canciones. “A mi nieto le pongo siempre audios de ella para que no la olvide. Pero es muy chiquito, todavía no entiende y no se acuerda. Tenía poco más de un año cuando pasó esto”, señala.
La noche de los crímenes
Los recuerdos más nítidos de Paula llegan hasta la noche del 19 de septiembre de 2025, cuando Brenda se fue a la casa de su prima Morena. Era un plan que había empezado a organizar unos cuatro meses antes. “A Brenda la había agarrado el postparto y no salía de mi casa. Estaba en depresión porque también se había separado. Se la pasaba acostada, decía que estaba fea y gorda. Por eso cuando se empezó a juntar con Morena yo me puse contenta. Se juntaban entre primas, se quedaba a dormir”, recordó.
Un día, Paula notó movimientos extraños en Brenda y comenzó a sospechar. “Fui sin avisar a la casa de Morena y las chicas no estaban. Ahí le pregunté a mi hija y me contó la verdad: que se iba al Bajo Flores a verse con hombres. No me dijo que se prostituía, sino que le pagaban por ser acompañante. Yo le dije que no compartía que lo que hacía y que si quería tener esa vida, que en mi casa no. Ahí nos peleamos unos días. Yo le dije que no quería esa vida para ella, que a ella no le faltaba la comida ni nada”, contó entre sollozos.
El día en que Brenda, Morena y Lara fueron secuestradas, Paula estaba chateando con su hija: “Ya estaba todo bien y yo iba hablando con ella hasta que se subió a la camioneta (que la llevó a Varela). Me había pedido que comprara suprema para su hijo. En esa charla me contó que iba a hacer el curso para hacer pestañas. Yo quería alentarla para que no siga ahí (en la prostitución). La última conexión que tuve con ella fue a las 11 de la noche. Para ese momento ya habían llegado a la fiesta donde las mataron”.
La madre sostiene que Brenda no estaba invitada al encuentro al que fue llevada engañada por Pequeño J, uno de los detenidos más conocidos en la causa. Según la confesión de este, solo conocía a Morena y Lara, con quienes había pactado la reunión. Pero a último momento sumaron a Brenda. “Hoy me arrepiento de nunca haberle preguntado nada a mi hija por no querer saber. Por cerrada no quería que me contara nada y cuando pasó todo no tuve nada para aportar”, confesó con culpa.
Las jóvenes desaparecieron el viernes 19 de septiembre de 2025 en el partido bonaerense de La Matanza. Fueron buscadas durante cuatro días, hasta que el miércoles 24 encontraron sus cuerpos descuartizados en una casa de Florencio Varela, a 33 kilómetros de donde habían sido vistas por última vez.
“Me acuerdo cuando me enteré que desapareció, pero cuando las encontraron se me hizo una nube. Me quedé en shock, no recuerdo el velorio, el entierro, no recuerdo si dormí, si no dormí. Fue todo raro. Nos enteramos del hallazgo por la tele. Yo grité y empecé a correr a la rotonda de La Tablada”, recordó sobre ese día. Y agregó: “Desde entonces mis noches son encerrarme en el baño y ahí llorar y no hablar, después me seco las lágrimas, me acuesto y sigo. Mi vida se fue con mi hija, yo estoy muerta en vida”.

Paula no reconoció el cuerpo de su hija. Solo mostró en la morgue una foto de un tatuaje de mariposa que tenía en la muñeca y lo identificó en otra imagen que le mostraron los forenses. “Yo pensé que las habían dormido, violado, dije ‘las van a tirar en algún lado’. Pero con vida. Yo dije ‘fueron a esta fiesta, la durmieron, la violaron’. Entre todos los escenarios esperaba ese que también era horrible. Pero no me entraba en la cabeza que pase algo así con tres chicas. Nunca escuché eso en Argentina. Mi esperanza era que estén con vida”.
“Esto es una mafia fea, importantísima, seguro, porque matar a tres chicas es un horror. A mi hija le reventaron la cara y la apuñalaron. Por eso pido justicia y que paguen todos. No puede quedar así. Yo siempre repetí: el día que tocan a mi hija, yo mato. Pero la tocaron y no sé quiénes son. Son un montón los que me mataron a mi hija y no sé por qué”, dice a un año de los femicidios.
Y añade: “Me gustaría lo peor, les deseo lo peor. Hasta la muerte, porque esa gente, aunque esté presa, va a respirar, comer, ver a sus familiares, dormir. Y yo a mi hija no la tengo más. Entonces, aunque tengan condena, van a seguir vivos. Que sea la peor condena”.
“Brenda era mi princesita, siempre la cuidé con mucho amor. Le hacía sus trencitas para ir a la escuela, escuchábamos salsa juntas, la estaba ayudando a ponerse un local de uñas. Yo no puedo decir que mi hija está en el cielo. Para mí está presente, yo subo una foto y le digo que la amo, que es hermosa. No puedo aceptarlo”, concluyó entre lágrimas.
Fuente: Infobae