El oficial Lev Stupnikov, con rango de teniente dentro del Ejército ruso, proporcionó a la inteligencia militar de Ucrania información valiosa como coordenadas geográficas, planes ofensivos y movimientos de tropas. Gracias a estos datos, las fuerzas ucranianas lograron neutralizar a más de 300 soldados rusos en los alrededores de Vuhledar, en la zona oriental de Ucrania, antes de que el militar desertara en julio de 2024.
Esta operación se inscribió en una iniciativa mayor de Kiev para reclutar a rusos descontentos con el conflicto, recabar información castrense y conformar una red de combatientes dispuestos a enfrentar al régimen de Vladimir Putin desde dentro de Rusia. El diario The Wall Street Journal documentó el caso mediante testimonios de los contactos ucranianos de Stupnikov, videos, conversaciones escritas y documentos militares rusos.
Stupnikov, de 26 años, egresó de una academia militar en San Petersburgo y obtuvo el grado de teniente en abril de 2022, apenas dos meses después del inicio de la invasión a gran escala. Su oposición a la guerra se afianzó al observar imágenes de bombardeos sobre ciudades ucranianas y al escuchar en la academia los reportes oficiales que hablaban de supuestas “liberaciones” de localidades.

Su madre, Tatiana Yantsen, también se había alejado del Kremlin. Esta empleada administrativa, de 49 años, había participado en manifestaciones antigubernamentales y temía que su único hijo fuera enviado al frente, destino que finalmente le tocó en noviembre de 2023 cuando se incorporó a la 36ª Brigada Separada de Fusileros Motorizados de la Guardia.
El ataque que expuso la vulnerabilidad rusa
Stupnikov empezó a colaborar con Ucrania en febrero de 2024, luego de que su madre contactara a Dmytro Karpenko, un programador que trabajaba para la inteligencia militar ucraniana y que difundía entrevistas a prisioneros de guerra rusos. El teniente se comunicó con él vía WhatsApp y entregó su nombre completo, rango, ubicación exacta y unidad.

Karpenko había ofrecido desde octubre de 2023 pagos de 250.000 rublos (unos USD 2.700) para soldados rusos que aportaran información útil a Ucrania. Stupnikov puso una condición:
“no recibiría dinero por su colaboración”.
El primer ataque ocurrió durante un entrenamiento ruso previo a una ofensiva sobre Vuhledar. Stupnikov envió las coordenadas de un campo donde se concentraban entre 120 y 150 efectivos, médicos y oficiales, y luego se retiró del área segundos antes de que Ucrania lanzara una andanada de misiles.
El saldo fue de 68 muertos y 60 heridos, entre ellos 10 oficiales. Uno de los fallecidos fue el coronel Gusein Musayev, comandante de la 36ª Brigada, considerado uno de los blancos prioritarios de Kiev.
Stupnikov ayudó después a retirar cadáveres y heridos, mientras simulaba haber sufrido una conmoción. Esa noche escondió uno de sus tres teléfonos en el jardín de la casa donde estaba alojado, después de que los soldados de su batallón recibieran la orden de entregar sus dispositivos para una revisión.
Sabotajes contra la brigada de Vuhledar
Como jefe de comunicaciones de un batallón, Stupnikov tenía acceso a frecuencias de radio, cámaras de vigilancia, transmisiones de drones y planes para avances de tanques. Entregó esos datos a sus enlaces ucranianos y también inutilizó equipos de su propia unidad.

En marzo de 2024, Ucrania atacó una reunión de la brigada tras recibir información del teniente. En mayo, otro ataque alcanzó el sótano de un antiguo hotel donde se alojaban dos unidades de asalto: murieron 20 hombres, incluido un capitán.
La cadena de golpes alimentó la sospecha de que había un infiltrado. En junio, un comandante ruso dijo que había
“un Stierlitz entre nosotros”
, en alusión a un agente ficticio soviético que se infiltraba en la jerarquía nazi, y fijó la mirada en Stupnikov.
El militar estuvo a punto de morir por un error propio a fines de mayo. Envió a Karpenko una captura de Google Maps con la ubicación de la nueva sede de su brigada, pero borró el archivo y remitió otra imagen; sin advertirlo, había compartido las coordenadas de su propio refugio subterráneo, que fue alcanzado poco después por una explosión.
Stupnikov cruzó la línea del frente la noche del 6 de julio de 2024, sin armas y guiado por un dron ucraniano entre obstáculos antitanque, minas y vehículos destruidos. Tras unos 40 minutos de marcha, tres soldados de la 72ª Brigada ucraniana le apuntaron desde una trinchera; él respondió con la contraseña acordada:
“Tienda de cacahuetes”.
Después de su llegada, entregó un teléfono con claves de acceso a canales de comunicación que permitieron a Ucrania observar durante meses imágenes en directo de una docena de drones y cámaras rusas. Luego se incorporó al Cuerpo de Voluntarios Rusos, una unidad del Ejército ucraniano compuesta por ciudadanos rusos opuestos a Putin.
La unidad, dirigida por Denis Kapustin, había realizado incursiones armadas en Rusia y defendía la salida de Putin del poder. Kapustin le advirtió que el ingreso sería definitivo durante la guerra, pero Stupnikov aceptó dos días después.

Su esposa, Liza, permaneció en Borzya, una localidad del Lejano Oriente ruso vinculada a la 36ª Brigada. Cuando él le pidió que se reuniera con él, ella rechazó la propuesta y le dijo:
“Este era tu sueño, no el mío”.
En febrero de 2025, Yantsen y su hija Alisa salieron de Rusia rumbo a Moldavia con una maleta y una mochila cada una, bajo la apariencia de un breve viaje al extranjero. Las dos cruzaron después a Ucrania y se reunieron con Stupnikov en Kiev.
Fuente: Infobae