Segundo semestre 2026: cautela y esperanza en la economía argentina

La economía argentina llega a la mitad de 2026 con señales mixtas. La inflación retomó su tendencia descendente tras el impacto electoral del segundo semestre de 2025, la actividad muestra signos de recuperación en algunos sectores y el Gobierno impulsa reformas estructurales cuyos efectos aún son inciertos.

El segundo semestre se presenta con expectativas moderadas y una interrogante clave: ¿logrará el crecimiento de los sectores dinámicos arrastrar al resto de la economía?

Los economistas consultados coinciden en que el período que comienza en julio ofrece mejores condiciones que los primeros meses del año, pero advierten que la recuperación será gradual, desigual y sujeta a variables fuera de control.

La inflación desciende, pero aún lejos de la meta

El dato que más condiciona al resto de las variables es el de los precios. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA, los analistas proyectan una inflación de 2,1% para julio, que bajaría a 1,8% en agosto, subiría levemente a 1,9% en septiembre y volvería a 1,8% en octubre, aunque no alcanzaría el dígito mensual para fin de año que anticipó el Gobierno.

Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, atribuyó el repunte inflacionario reciente a una causa concreta: “Se atravesó un período de rebrote inflacionario que fue disparado por la incertidumbre electoral de septiembre-octubre del año pasado. Esa incertidumbre hizo que el dólar avance y se generó un traspaso a precios que afectó al salario real que en los últimos meses se ha estancado e incluso se observa una pequeña tendencia a la baja”.

Con la presión electoral disipada, Cachanosky proyecta para abril una inflación del 2,4% y una continuidad de la desinflación en los meses siguientes.

Martín Kalos, de EPyCA Consultores, señaló a Infobae: “La política del gobierno es claramente que no haya una mejora del salario real. En todo caso, que se estabilice en estos niveles”.

Salarios: recuperación lenta y desigual

Osvaldo Giordano, presidente del Ieral de Fundación Mediterránea, anticipa “una suave recuperación de los salarios para el segundo semestre, a ritmo similar a la moderación en la tasa de inflación”, lo que ubicaría el poder adquisitivo por encima del nivel de noviembre de 2023. Sin embargo, advierte que el problema de fondo persiste: “los salarios formales se ubican actualmente en promedio 20% por debajo del nivel de hace una década, como consecuencia de un largo ciclo de deterioro productivo”.

Los salarios formales se ubican actualmente en promedio 20% por debajo del nivel de hace una década, como consecuencia de un largo ciclo de deterioro productivo (Giordano)

José Vargas, director de Evaluecon, coincide en que la mejora salarial será moderada y dispar, condicionada a la evolución del tipo de cambio. Si la inflación promedia 3% mensual, solo sectores dolarizados -como minería, energía y petróleo- mostrarían mejoras reales. Para el resto, la recuperación dependerá de que la desinflación sea más marcada de lo que proyecta el REM.

Los economistas advierten que la recuperación del poder adquisitivo será lenta y desigual (Imagen Ilustrativa Infobae)

Kalos se mostró crítico hacia los trabajadores del sector público: “Sí implican mantenerse en una derrota de poder adquisitivo importante, mientras que los del sector privado registrado apenas empatan con los niveles del final del gobierno anterior, sin recuperar lo perdido en estos dos años y medio de gestión”.

Actividad: crecimiento que no se percibe en la calle

El REM del BCRA proyecta un crecimiento del PBI del 0,9% para el tercer trimestre respecto al anterior, y un avance del 2,8% para el total del año 2026, en un contexto de recuperación desigual.

Giordano señala que la producción está estancada desde febrero de 2025 según el EMAE, y que el segundo semestre podría romper esa tendencia, aunque es clave “generar las condiciones para dinamizar el crédito y sostener el proceso de reformas estructurales”.

Es un crecimiento que no se siente en la calle, que no genera empleo de calidad de forma masiva y que depende de sectores muy capital-intensivos pero poco intensivos en mano de obra (Kalos)

Kalos describe el escenario como “un crecimiento con cara de pocos amigos, no se siente en la calle, que no genera empleo de calidad de forma masiva y que depende de sectores muy capital-intensivos pero poco intensivos en mano de obra”.

En su análisis, mantener a la industria, la construcción y el comercio en crisis prolongada puede llevar a decisiones empresariales -achicarse, convertirse en importadores- difíciles de revertir.

Cachanosky estimó: “Con la presión electoral detrás y la inflación cediendo, el Gobierno tendrá margen para bajar las tasas de interés y reducir los niveles de encaje bancario en la segunda mitad del año, lo que facilitaría el acceso al crédito de las empresas. El cambio no será totalmente abrupto, pero sí menos asfixiante”.

Vargas coincide en el diagnóstico de economía de dos velocidades. Entre los sectores optimistas ubica a minería, agroexportador, servicios financieros y energía; entre los complicados, a industria, comercio minorista y construcción. Señala al consumo como variable clave, dado que “viene bastante condicionado y es un factor determinante para la actividad económica”.

Sectores líderes y rezagados

Hay consenso entre los cuatro economistas consultados por Infobae: los sectores con mejores perspectivas para el segundo semestre son energía, minería y agroindustria. Y una advertencia común: son intensivos en capital, no en mano de obra, lo que limita su derrame sobre el empleo y el consumo masivo.

Con la presión electoral detrás y la inflación cediendo, el Gobierno tendrá margen para bajar las tasas de interés y reducir los niveles de encaje bancario en la segunda mitad del año, lo que facilitaría el acceso al crédito de las empresas (I. Cachanosky)

Cachanosky destaca el rol del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) como motor del dinamismo. Con 13 megaproyectos aprobados y más de USD 27.000 millones en inversiones comprometidas en ocho provincias, el esquema pasa de anuncios a ejecución. “Varios de estos proyectos están entrando en fase de construcción o ejecución temprana, lo que genera derrame en sectores conexos: logística, proveedores industriales, servicios de ingeniería”, precisa.

La energía no convencional sigue siendo uno de los motores del crecimiento, pero los economistas advierten que se trata de un sector intensivo en capital y con escaso derrame sobre el empleo y el consumo interno (Foto: Europa Press)

Vargas suma a esa lista los servicios financieros y la economía del conocimiento, y señala que todos dependen de la baja de inflación, el avance del RIGI, las inversiones en Vaca Muerta y la demanda global vinculada a la transición energética.

Giordano sostiene que si se dan condiciones de expansión del crédito y continuidad de reformas, otros sectores podrían sumarse al crecimiento, especialmente los más intensivos en mano de obra, que capitalizarían mejoras de la ley de modernización laboral.

RIFL y empleo: herramienta útil pero insuficiente

El Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL), reglamentado mediante el Decreto 315/2026, ofrece alícuotas reducidas de entre 2% y 3% en contribuciones patronales durante cuatro años para incorporar trabajadores no registrados. Los economistas lo evalúan con prudencia: reconocen su potencial, pero advierten que no basta para mover el empleo agregado.

Es probable que el RIFL tenga más impacto en reducir costos laborales y formalizar trabajo ya existente que en generar empleo genuinamente nuevo (Vargas)

Cachanosky considera a la construcción como el sector más beneficiado, dado que históricamente tiene entre 50% y 60% de empleo informal y es intensiva en mano de obra. “El abaratamiento de la registración tiene un impacto relativo mayor que en sectores más capital-intensivos”, más aún en un contexto impulsado por el crédito hipotecario UVA y la obra privada.

El RIFL apunta a reducir la informalidad laboral con alícuotas reducidas en contribuciones patronales, aunque los economistas advierten que la herramienta es insuficiente por sí sola para generar empleo genuino. (Canva)

Vargas resume: “Es más probable que el RIFL tenga más impacto en reducir costos laborales y formalizar trabajo ya existente que en generar empleo genuinamente nuevo. Su alcance va a depender del nivel de actividad económica y su evolución”.

El REM del BCRA respalda esa mirada escéptica: la tasa de desocupación se mantendría en 7,3% de la población económicamente activa en el tercer trimestre y subiría levemente a 7,4% en el cuarto.

Riesgos internos y externos

En el plano internacional, Cachanosky apunta a la guerra comercial entre Estados Unidos y China como principal factor de incertidumbre. Una desaceleración de la demanda china -que concentra dos tercios de las importaciones globales de soja- o una caída en los precios del litio y el cobre afectaría directamente el ingreso de divisas y presionaría sobre el programa económico.

Vargas agrega el conflicto en Medio Oriente como otro vector de riesgo, por su impacto potencial en el precio del petróleo, las tasas de interés internacionales y el acceso al crédito externo.

En el plano doméstico, el riesgo político aparece con fuerza en casi todos los análisis.

Giordano señaló a Infobae: “Es de decisiva importancia que los esfuerzos políticos no se dispersen y se concentren en sostener el proceso de reforma y que se reduzca el nivel de incertidumbre”.

Para que el escenario mejore de forma estructural se necesitaría una política económica que empiece a mirar no solo la inflación sino también la sostenibilidad social y productiva de este modelo (Kalos)

Cachanosky complementa con la experiencia reciente: el segundo semestre de 2025 mostró cómo la incertidumbre política se traslada al tipo de cambio y de ahí a los precios.

Vargas añadió el concepto de “riesgo social, si no se recuperan el consumo, el poder de compra y el empleo”.

Kalos consideró: “Para que el escenario mejore de forma estructural se necesitaría una política económica que empiece a mirar no solo la inflación -que es la prioridad absoluta del Gobierno y donde han tenido éxitos nominales- sino también la sostenibilidad social y productiva de este modelo en el mediano plazo”.

Fuente: Infobae

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