Hace seis años, el 8 de marzo de 2020, María Paula falleció. Desde entonces, sus valores y enseñanzas se mantienen latente en la memoria de sus seis hijos que cada año, después del Día de la Madre, organizan un viaje al cantón 24 de Mayo, en Manabí, para visitar su tumba.
Bella Moreira, su cuarta hija, contó que junto con sus hermanos José, Emperatriz, Dominga, Alejandro y Otto se embarcan en un bus durante cuatro horas hasta llegar a su destino.
Aunque no viajan ese domingo, porque Bella abre su negocio y admitió que esta es la mejor temporada del año, fijaron la fecha de su visita para el 12 de mayo. Los restos de Majado, quien falleció a los 86 años reposan en el cantón manabita.
“Cuando falleció, ella pidió que la llevaran a Manabí. Mi mamá no quiso que la enterraran aquí. Ella quería ser enterrada en Manabí. Cumpliendo su voluntad le preparamos la bóveda”, recordó Murillo.
Posteriormente, para que Majado y su esposo descansaran juntos, decidieron trasladar los restos de su padre desde Guayaquil a Manabí. Murillo contó que a su madre le gustaban las rosas blancas, por esta razón todos los años adorna con ellas su tumba.
Una vida de superación y resiliencia
Majado era la mayor de dos hermanos; cuando su madre falleció, ella tenía 6 años, y sus hermanos, 4 y 2 años. Quedó bajo la tutela de su tía, y los otros dos se criaron con sus padrinos.
“Ella vivió una niñez muy fuerte. Cuando los niños son huérfanos, sufren bastante. Ella sufrió bastante”, narró Murillo.
Sin embargo, Majado fue un ejemplo de superación y resiliencia para sus hijos. Desde la adolescencia dedicó su vida a la agricultura: trabajaba en sembríos de arroz y recogía café.
Así también conoció a su esposo y padre de sus hijos, Ernesto Moreira, quien falleció hace unos 20 años tras una lucha contra un cáncer de estómago.
“Me dolió mucho el corazón, me dolió, pero tenía que hacerlo para que ellos salieran adelante”, dijo Murillo cuando contó que en busca de nuevas oportunidades, cuando tenía 16 años junto con sus hermanos, decidieron trasladarse a Guayaquil.
Sin embargo, Majado, pese a la distancia, nunca descuidó a sus hijos. “La despedida fue triste. Se me llenó mi corazón de lágrimas, pero mi mamita nunca nos dejó solos. Recuerdo que cuando alguien se enfermaba acá en Guayaquil, ella agarraba un carro desde Manabí y venía a cuidarnos. Así era ella con nosotros”, contó.
Los valores de su madre, Murillo los conserva haciendo honor a Majado. “Mi mamá nos enseñó que si uno se caía, el otro tenía que levantarlo. Y así yo sigo. Cuando mi hermano se siente mal, yo lo visito. Así nos enseñó mi mamá”, afirmó.
De su madre extraña la deliciosa comida que preparaba. Según Murillo, los viches y corviches de su madre no se comparaban con ningún otro. “Era lo más delicioso del mundo”.
El recuerdo intacto de Jacinta Pinto
Lenin Suco todavía habla de su madre en presente. A siete años de su fallecimiento, asegura que el vacío sigue intacto y que cada Día de la Madre revive los recuerdos junto a Jacinta Pinto Zambrano.
Jacinta murió a los 68 años. Para Lenin, enfrentar esa pérdida fue distinto a cualquier otra experiencia que había vivido.
“Uno da el pésame cuando fallece la mamá de un amigo, pero cuando le toca a uno es algo muy fuerte, un dolor muy profundo”, relató.
Contó que desde entonces los funerales de madres le resultan especialmente difíciles. Dice que inevitablemente vuelve a ese momento en que despidió a la mujer que lo acompañó toda su vida.
De Manabí a Guayaquil
Jacinta Pinto Zambrano era oriunda de Chone, en Manabí. Llegó a Guayaquil cuando apenas tenía entre 5 y 6 años, luego que sus padres migraran buscando mejores oportunidades.
Según recordó Lenin, sus abuelos le contaban que en aquella época los viajes desde Manabí podían tomar hasta 12 horas. Los caminos eran difíciles y en algunos tramos se avanzaba cerca del mar.
Aunque su madre nació en Chone, Lenin creció en Guayaquil, en el sector de Portete y la 12, en el suburbio oeste de la ciudad.
Una historia de amor en el suburbio
El padre de Lenin, Froilán Suco, es oriundo de Cuenca. Conoció a Jacinta en Guayaquil cuando trabajaba como chofer de una empresa de transporte.
Mientras tanto, la madre de Lenin acompañaba a su abuela a comprar telas para costura. Las visitas se hicieron frecuentes porque ambas familias vivían a pocas cuadras de distancia.
“Ahí se fueron enamorando”, recordó Lenin. La pareja estuvo a un año de cumplir 50 años de casados. Tuvieron tres hijos: Lenin, Cecilia y Froilán.
Los abrazos que más extraña
Lenin describe a su madre como una mujer cariñosa, aunque también exigente dentro del hogar. Junto con su esposo mantuvo un negocio familiar durante varios años.
Sin embargo, cuando piensa en su madre, lo primero que recuerda son los abrazos y juegos entre ambos.
“Yo la abrazaba mucho. Le decía ‘mi chintonita’. Siempre la besaba y jugaba con ella”, contó con nostalgia.
Asegura que su hermana suele decirle que, al menos, se quedó con la tranquilidad de haber sido muy cariñoso con su madre mientras estuvo viva. “Sí se extraña. No tener esos abrazos y besos hace mucha falta”, dijo.
La espera de un reencuentro
Tras la muerte de Jacinta, el golpe también alcanzó a Froilán Suco. Lenin contó que su padre enfrenta desde hace doce años un cáncer de próstata y que la ausencia de su esposa cambió completamente su estado de ánimo.
“Lo único que anhela es reencontrarse con ella”, expresó.
Cada Día de la Madre, Lenin y sus hermanos visitan la tumba de Jacinta en el Cementerio General de Guayaquil.
A veces acuden juntos y otras por separado debido a sus ocupaciones. Pero todos mantienen la misma tradición: llevar flores, elevar una oración y recordar a la mujer que unió a la familia.
fuente El universo