La Copa Mundial de Fútbol es un escenario donde las emociones fluctúan entre la alegría desbordante y la decepción profunda. Millones de seguidores, que no se pierden ningún partido, experimentan desde euforia hasta ansiedad durante el torneo.
En el contexto del Mundial de 2026, muchas personas están reorganizando sus horarios para seguir los encuentros. Los profesionales de la salud están en alerta, ya que la intensidad del evento puede desencadenar respuestas emocionales intensas. Investigaciones basadas en el Mundial de 2022 indican que los hinchas a menudo presentan estados de ansiedad.
Este fenómeno ha captado la atención de expertos en salud mental a nivel global. Jorge Enrique Torres, docente de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz y especialista en Evaluación Clínica y Tratamiento de Trastornos Emocionales y Afectivos, ha explicado las razones detrás de estas reacciones viscerales.
“Las respuestas emocionales pueden resultar muy variadas, porque el comportamiento humano no es causado por un solo factor, sino por múltiples condiciones relacionadas con nuestro entorno, nuestra historia personal, las creencias que adoptamos y las personas con las que nos relacionamos”, señaló Torres.
El especialista identificó cuatro factores clave que ayudan a comprender por qué el Mundial provoca emociones tan intensas: el sentido de pertenencia, el fortalecimiento de vínculos sociales, la incertidumbre propia del juego y el fútbol como una pausa ante las responsabilidades diarias.

Sentido de pertenencia
Para muchos aficionados, apoyar a una selección nacional va más allá del gusto por el deporte; se convierte en parte de su identidad y de la pertenencia a un colectivo. Cuando el equipo salta al campo, no representa únicamente a once jugadores, sino a una historia compartida. Por eso, las victorias y derrotas se viven como propias y se expresan en primera persona: “ganamos” o “perdimos”.
Vínculos sociales
El fútbol ha sido históricamente una herramienta de identidad colectiva. Durante una Copa Mundial, esa sensación se intensifica: cada selección se asocia con símbolos, relatos y emociones compartidas, lo que incrementa la respuesta emocional ante cada resultado. De esta forma, el rendimiento deportivo deja de ser un hecho externo y la experiencia se vuelve personal; la euforia o la decepción se procesan como una vivencia de grupo.
El torneo también organiza la vida social. Incluso entre quienes no siguen el fútbol habitualmente, el Mundial se convierte en un tema central de conversación y una excusa para reunirse. Actividades como ver partidos en familia o con amigos, llenar el álbum oficial, usar la camiseta del equipo o discutir decisiones arbitrales crean experiencias compartidas y refuerzan el sentido de comunidad.

Incertidumbre y tensión emocional sostenida
La expectativa por el desempeño de una selección, el riesgo de una eliminación y momentos como una definición por penales mantienen un estado de alerta que eleva la tensión. Según el especialista, esa carga emocional también puede “contaminar” otros ámbitos: no se recibe del mismo modo una mala noticia en un estado de calma que después de un partido decisivo atravesado por frustración, enojo o nerviosismo.

El fútbol como una pausa ante las responsabilidades
Para millones de personas, este deporte funciona como una escapatoria. Durante 90 minutos, preocupaciones laborales, académicas o económicas pueden quedar en segundo plano.
“Los problemas continúan existiendo, pero durante ese tiempo la atención se concentra en el juego, en la compañía, en la comida compartida y en la emoción del resultado”, señaló Torres, quien reiteró que el Mundial moviliza a millones porque conecta con necesidades humanas como pertenecer, compartir, emocionarse y encontrar espacios de disfrute colectivo.
Fuente: Infobae