Las bruscas oscilaciones meteorológicas en Europa plantean un doble desafío para sus principales ciudades. Las tormentas superan la capacidad de los sistemas de drenaje y provocan anegamientos, mientras que las sequías prolongadas reducen las reservas de agua y comprometen el abastecimiento.
Ante ese panorama, la Comisión Europea (CE) impulsa un “Mecanismo Esponja” para financiar proyectos basados en la naturaleza que permitan a las ciudades absorber, retener y reutilizar el agua de lluvia.
El modelo de ciudad esponja propone integrar estanques, humedales y canales ajardinados en el tejido urbano para captar las precipitaciones antes de que colapsen las alcantarillas.
“Una de las formas más efectivas en que las ciudades pueden adaptarse es revertir un siglo de diseño urbano que trató la lluvia como un residuo y no como un recurso valioso”, declaró Justin Abbott, investigador y responsable de agua para Europa en la consultora de ingeniería Arup.
Malmö, Róterdam y Copenhague demostraron la eficacia del modelo en suelo europeo

El viejo continente acumula décadas de experiencia con iniciativas de gestión hídrica sostenible. Entre 1998 y 2002, la ciudad sueca de Malmö reconvirtió su barrio de Augustenborg, históricamente vulnerable a los desbordamientos, con cubiertas vegetales, estanques de retención y seis kilómetros de canales. Durante las grandes tormentas de 2007 y 2014, esa zona registró daños notablemente inferiores a los de los distritos colindantes.
En Róterdam, la plaza Benthemplein, inaugurada en 2013, funciona como cancha deportiva y espacio recreativo con buen clima. Sin embargo, durante los aguaceros intensos, sus tres cuencas pueden almacenar 1,7 millones de litros.
Un año después, en Copenhague, la plaza Tåsinge Plads incorporó depósitos subterráneos y jardines pluviales que recogen el agua de los tejados cercanos y la filtran hacia el subsuelo.
La estrategia consiste en adaptar los entornos urbanos con espacios verdes, superficies permeables y dispositivos de almacenamiento hídrico. De esa manera, se aligera la carga sobre las redes de alcantarillado y se conservan reservas para los periodos de escasez.
La Comisión Europea busca extender las esponja a escala continental

Con esos antecedentes, la CE decidió ampliar el alcance de estos proyectos a todo el continente. Su Estrategia de Resiliencia del Agua de 2025 instó a multiplicar las ciudades esponja y a restaurar más humedales. El bloque desarrolla ahora el denominado “Sponge Facility” para canalizar fondos hacia esas intervenciones.
Los inmuebles patrimoniales, calles estrechas y las infraestructuras subterráneas dificultan la reconversión de los cascos históricos. Sin embargo, Abbott sostuvo que esos obstáculos no justifican la inacción: “estos desafíos deberían animar a afinar mejor donde actuamos, no a quedarnos de brazos cruzados”. También sugiri intervenciones más acotadas, como retirar pavimento los patios, plantar árboles e instalar cubiertas verdes.
La vegetación urbana ofrece beneficios complementarios. Contribuye a refrescar las calles duras las olas de calor y, en ciertos contextos, los suelos sanos junto con los humedales funcionan como barreras frente a incendios forestales.
Las ciudades esponja no bastan por sí solas frente a los fenómenos extremos

Aun así, incluso la urbe más preparada tiene un límite de absorción. Durante tormentas extremas el suelo se satura y los depósitos se colman. Las inundaciones en torno a Valencia en 2024 evidenciaron consecuencias trágicas cuando las precipitaciones superaron todas las defensas disponibles.
“Las medidas de ciudad esponja son poderosas, pero no pueden hacer frente por sí solas a todos los desafíos”, explicó el investigador. Las ciudades también requieren drenaje convencional, embalsos de mayor capacidad y rutas designadas para evacuar el caudal cuando los jardines pluviales alcanzan su tope.
El especialista defiende que las autoridades municipales, las compañías hídricas, los promotores inmobiliarios y los propietarios de terrenos comparten la responsabilidad de gestionar la lluvia. Las decisiones de un solo actor, advirtió, pueden afectar a barrios enteros. “A la hora de planificar y diseñar las ciudades, tenemos que situar el agua en primer plano”, sentenció Abbott.
Fuente: Infobae