Los avisos de “Se alquila” y “Se vende” aparecen una y otra vez sobre la avenida Víctor Emilio Estrada, en Urdesa, una de las zonas comerciales más tradicionales del norte de Guayaquil.
Durante un recorrido realizado por este Diario se contabilizaron alrededor de 30 locales desocupados o con anuncios para encontrar nuevos arrendatarios, un panorama que comerciantes relacionan con el temor provocado por la inseguridad y con el incremento de los costos para mantener abiertos sus negocios.
Quienes todavía trabajan en el sector coinciden en que la salida de establecimientos no responde a una sola causa. Hablan de clientes que dejaron de frecuentar la zona, propietarios que elevaron los valores de los arriendos y de un ambiente de preocupación que, aseguran, cambió la actividad comercial de la avenida.
La realidad que hoy describen los comerciantes convive con el crecimiento comercial que ha experimentado la avenida Víctor Emilio Estrada durante los últimos años.
Antiguas viviendas dieron paso a plazas comerciales, bancos y nuevos establecimientos que modificaron el paisaje de una de las arterias principales de Urdesa. Sin embargo, propietarios consultados consideran que abrir un negocio ya no garantiza su permanencia en el sector.
El impacto de la inseguridad y los altos arriendos
Un comerciante, que pidió mantener su identidad en reserva por motivos de seguridad, describió una situación que, según él, se repite constantemente.
“Abren un local con todas las esperanzas del mundo y, a los tres o cuatro meses, ya lo están cerrando”, comentó.
Explicó que varios propietarios alquilan sus negocios con un valor inicial que luego aumenta cuando el establecimiento empieza a recibir clientes.
“Cuando el negocio comienza a moverse, les suben el arriendo. Hay que pagar alquiler, servicios, empleados y, si las ventas bajan, llega un momento en que ya no alcanza”, manifestó.
Sin embargo, afirmó que el aspecto económico no es la única preocupación. Durante la conversación relató un mecanismo que, según dijo, ha escuchado repetirse entre comerciantes del sector.
Indicó que personas llegan a los locales para entregar papeles ofreciendo préstamos de dinero o ayuda económica. Según su versión, quienes aceptan ese primer acercamiento son fotografiados y quienes rechazan el contacto vuelven a recibir visitas posteriormente.
Añadió que, en determinados casos, aparecen marcas pintadas en las fachadas de negocios, situación que, según considera, está relacionada con esos acercamientos. Esa versión no pudo ser verificada de manera independiente por este Diario.
El comerciante aseguró que muchos propietarios prefieren guardar silencio.
“No hablan porque tienen familia. El miedo hace que nadie quiera exponerse”, sostuvo.
Percepción de seguridad de ciudadanos
José, quien trabaja desde hace varios años como cuidador de carros en la avenida, recordó que el atentado con explosivos registrado meses atrás contra un local de venta de celulares cambió la percepción de quienes frecuentan el sector.
“Después de eso muchos locales cerraron. Incluso había un negocio de celulares que iba a abrir y ya no siguió con el proyecto”, comentó.
A su criterio, la presencia policial aumentó luego de ese hecho.
“Ahora sí pasan la Policía y los militares dando vueltas. Antes estaba mucho más complicado”, indicó.
Esa percepción no es compartida completamente por Alberto, cuidador de carros en la zona hace tres décadas.
“Ha mejorado un 50 %. No puedo decir que estamos bien. Los controles duran poco tiempo y después todo vuelve a ser igual”, expresó.
Según explicó, varios negocios atienden ahora con las puertas cerradas y únicamente permiten el ingreso de clientes después de verificar quién llega al establecimiento.
“Antes esto era muy concurrido. Ahora uno camina y encuentra locales en venta o en alquiler. Hay personas que prefieren no salir porque tienen miedo”, comentó.
Estrategias de supervivencia y falta de respuesta oficial
Gabriel, otro comerciante de un restaurante nacional en la zona, cree que el alto costo de los arriendos también influye en la salida de negocios.
“El alquiler aquí es caro. Si a eso le sumas servicios, empleados y que ya no se vende igual, llega un momento en que muchos deciden cerrar”, manifestó.
Sobre las presuntas extorsiones señaló que son conversaciones frecuentes entre comerciantes, aunque reconoció que pocos aceptan hablar públicamente del tema.
“La gente escucha muchas cosas, pero cada quien prefiere quedarse callado”, afirmó.
Durante el recorrido realizado por este Diario también se observó que varios establecimientos funcionan con puertas parcialmente cerradas o restringen el ingreso de clientes, una medida que comerciantes relacionan con la necesidad de reforzar la seguridad.
Este Diario solicitó una versión a la Policía Nacional sobre las inquietudes planteadas por comerciantes respecto a las presuntas extorsiones y la situación de seguridad en la avenida Víctor Emilio Estrada. (I)
Fuente: El Universo