Alerta: El Niño 2026 podría ser el más intenso desde 1870

Las predicciones meteorológicas indican que el fenómeno de El Niño de 2026 tiene el potencial de convertirse en el más severo desde que se tienen registros, que se remontan a la década de 1870.

De acuerdo con un análisis publicado en la revista Nature, tanto los gobiernos como las organizaciones internacionales disponen de un tiempo cada vez más limitado para evitar sequías, incendios forestales, inundaciones, pérdidas en la agricultura y la propagación de enfermedades. Los autores del artículo sentenciaron:

“El margen de maniobra para actuar se está agotando rápidamente”

El informe revela que un climatólogo, quien monitorea a diario las mediciones terrestres y oceánicas, reúne observaciones y pronósticos de 14 modelos climáticos en un tablero actualizado en tiempo real. En los últimos meses, los resultados han mostrado valores fuera de lo común.

A principios de septiembre, la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical central se situó cerca de 2,9 °C por encima del promedio climático de los últimos 30 años. Esta cifra supera en más de 1 °C los niveles registrados en la misma época durante los grandes eventos de El Niño de 1997 y 2015. Los pronósticos asignan más de un 90% de probabilidades de que este episodio supere todos los anteriores documentados desde la década de 1870.

Las estimaciones señalan que la temperatura media global de la superficie en 2027 superará en 1,8 grados Celsius los niveles preindustriales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sur de África se enfrenta a semanas clave antes de la siembra

En el sur de África, uno de los efectos más predecibles de El Niño es la escasez de lluvias. Entre 1980 y 2016, los cuatro eventos más intensos dejaron a la región con cerca de un 80% de probabilidad de recibir precipitaciones por debajo de lo normal entre diciembre y febrero, que es el período de lluvias.

El antecedente más reciente también muestra la magnitud del riesgo. Aunque el episodio de El Niño de 2023-2024 fue comparativamente moderado, desencadenó una sequía que obligó a Zimbabue, Zambia y Malaui a declarar estados de desastre. Al mismo tiempo, el caudal del río Zambeze cayó a su nivel más bajo jamás registrado.

La agricultura se encuentra en el centro de esta amenaza. Durante El Niño de 2015-2016, la cosecha de maíz de Sudáfrica se redujo casi a la mitad. Con las siembras previstas para octubre, los gobiernos disponen de pocas semanas para distribuir semillas tolerantes a la sequía y de maduración temprana en las zonas más expuestas.

También se plantea la ampliación de los programas de asistencia para cuando las cosechas fallen. Ese tipo de apoyo ya se implementó en Etiopía durante la sequía de 2015-2016, una experiencia que sirve como referencia ante el posible impacto de la nueva fase climática.

Los científicos advierten que el tiempo disponible para aplicar medidas de prevención ante el fenómeno climático se agota de manera acelerada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Indonesia y la Amazonía ya muestran señales de riesgo de incendios

Los efectos ya son visibles en Indonesia, donde las lluvias disminuyen y aumenta la probabilidad de incendios en turberas. El antecedente de 1997 muestra su alcance: los incendios indonesios asociados a aquel El Niño liberaron entre 3 y 9 gigatoneladas de dióxido de carbono, un volumen equivalente a aproximadamente entre el 13% y el 40% de las emisiones globales de combustibles fósiles de ese año.

La neblina y los incendios vinculados al evento de 2015 se asociaron, además, con unas 100.000 muertes adicionales en Indonesia, Malasia y Singapur. El gobierno indonesio creó una agencia dedicada a la restauración de turberas y limitó la tala de bosques primarios y humedales. Sin embargo, el riesgo persiste y exige medidas preventivas antes de que el fuego se propague.

En Sudamérica, la situación de la Amazonía también genera preocupación. Durante El Niño de 2023-2024, los registros satelitales de humedad y biomasa forestal cayeron a mínimos históricos. Esas mediciones mostraron que grandes extensiones de bosque quedaron expuestas a incendios, por lo que la temporada actual podría ser más intensa.

Cerca del 95% de los incendios amazónicos se originan en actividades humanas. Por ello, una aplicación estricta de la ley y límites temporales a las quemas agrícolas pueden reducir el peligro. El gobierno de Brasil anunció recursos para vehículos y equipos de combate contra el fuego, aunque todavía no suspendió las autorizaciones para quemas agrícolas, una herramienta que ya utilizó en otros períodos de riesgo extremo.

Las precipitaciones en África Oriental elevan el riesgo de brotes de cólera y fiebre del Valle del Rift entre octubre y diciembre. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las lluvias en África Oriental elevan el riesgo de cólera y fiebre del Valle del Rift

El Niño no reduce las lluvias en todas partes: las desplaza. Mientras unas zonas enfrentan sequías, otras pueden recibir precipitaciones más abundantes y, con ellas, inundaciones y riesgos sanitarios.

Se prevé que el fenómeno alcance su máxima intensidad durante la temporada corta de lluvias de África Oriental, entre octubre y diciembre. En esa región, las condiciones inusualmente húmedas han estado vinculadas históricamente con una mayor presencia de cólera y de fiebre del Valle del Rift.

Tras las inundaciones de El Niño de 1997-1998, la fiebre del Valle del Rift infectó a decenas de miles de personas. La prevención requiere que los servicios veterinarios nacionales y sus socios internacionales impulsen con anticipación campañas de vacunación para el ganado.

El gobierno de Kenia anunció un programa de reducción de riesgos por USD 16 millones que contempla el almacenamiento previo de vacunas. Pero, con las lluvias a semanas de distancia, el desafío es que esas dosis lleguen de manera amplia a las zonas que podrían verse afectadas.

Cerca del 95 por ciento de los incendios en la Amazonía se originan por actividades humanas durante los periodos de sequía extrema. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las pérdidas agrícolas pueden trasladarse a los precios de los alimentos

Las consecuencias de El Niño no se detienen en las regiones donde cambian las lluvias. El evento de 2023-2024 mostró cómo una alteración climática puede repercutir en el comercio y en los precios de los alimentos a gran distancia.

Las restricciones impuestas por India a sus exportaciones de arroz contribuyeron entonces a un aumento del 22% en el precio del arroz en otras zonas de Asia. Esa subida ejerció presión adicional sobre países africanos que dependen de las importaciones para abastecerse.

El Niño es el único fenómeno conocido de variabilidad climática capaz de provocar pérdidas de cultivos sincronizadas en varias regiones agrícolas durante un mismo año. Esa coincidencia multiplica el alcance de las interrupciones agrícolas y comerciales.

Los eventos intensos de El Niño también influyen sobre la temperatura media mundial. El año posterior a su punto máximo casi siempre establece un nuevo récord, como ocurrió en 1998, 2016 y 2024.

Los modelos climáticos actuales permiten anticipar el impacto de El Niño a diferencia del evento ocurrido en 1982 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las previsiones actuales señalan que el episodio de 2026 podría llevar la temperatura media global de la superficie en 2027 a cerca de 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales. De concretarse, superaría con amplitud el récord anterior.

Luego de un verano de temperaturas excepcionales en buena parte del hemisferio norte, las probabilidades de que 2027 fije una nueva marca aumentaron. El posible episodio se perfila así en un momento en que los efectos de las altas temperaturas ya se hacen sentir en distintas regiones.

En 1982, un El Niño muy intenso sorprendió al mundo cuando aún había pocos sistemas confiables de alerta temprana. La situación actual es distinta: los científicos llevan meses advirtiendo sobre la posibilidad de un evento excepcionalmente fuerte.

Los ministerios de Agricultura, los servicios veterinarios, las autoridades de gestión de emergencias y la Organización Mundial de la Salud tienen margen para anticipar medidas. La experiencia de los episodios anteriores indica que la respuesta debe comenzar antes de que una sequía, una inundación o un incendio obliguen a declarar un desastre. El tiempo para hacerlo, sin embargo, se reduce con rapidez.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
X