Marte no está muerto: satélite europeo halla rastros de volcanes activos

Por décadas, la comunidad científica consideró a Marte como un planeta geológicamente inactivo, sin la energía interna suficiente para impulsar procesos como el vulcanismo. No obstante, una reciente investigación internacional ha revelado que un satélite europeo ha recolectado evidencias de que, en las profundidades del planeta vecino, aún podría existir actividad volcánica latente.

En 2021, el ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO) –lanzado en 2016 por la Agencia Espacial Europea (ESA) y Roscosmos con el objetivo de buscar señales de vida o actividad geológica– detectó por primera vez cloruro de hidrógeno en la atmósfera marciana. En la Tierra, este gas suele emanar de conductos magmáticos, lo que llevó a los expertos a preguntarse si algo similar ocurría en Marte.

Ahora, un equipo liderado por Alexander Trokhimovskiy, del Instituto de Investigación Espacial de la Academia Rusa de Ciencias, propone que la liberación de este gas se origina en magma caliente subterráneo, lo que constituye un indicio de vulcanismo en estado latente.

“Nuestros hallazgos sugieren que Marte ha conservado suficiente calor interno como para sustentar la actividad volcánica hasta hace poco, y es posible que aún lo haga”, afirma Daniel Mège, profesor del Centro de Investigación Espacial de la Academia Polaca de Ciencias y coautor principal del estudio, publicado en la revista Science Advances.

El volcán Monte Olimpo, en Marte, el más grande del Sistema Solar. (NASA/Seddon/Wikimedia Commons)

Los volcanes más grandes del Sistema Solar están en Marte

El cloruro de hidrógeno muestra variaciones estacionales en Marte: alcanza su punto máximo durante el invierno del hemisferio norte y casi desaparece en verano. Sin embargo, el equipo detectó una excepción: en verano, sobre las fisuras volcánicas en las laderas del volcán Alba Mons, observaron picos de este gas.

Marte alberga los volcanes más grandes del Sistema Solar, pero aún se desconoce su nivel de actividad actual. Evidencias de los últimos millones de años, como imágenes orbitales y datos de sismómetros que han registrado marsquakes (terremotos marcianos), sugieren que estuvieron activos. Hasta ahora, no se han visto nuevos flujos de lava ni erupciones.

El posible origen del cloruro de hidrógeno

El hallazgo de posible actividad volcánica se logró combinando datos atmosféricos y geológicos. Primero, se detectó cloruro de hidrógeno muy localizado, justo después de que las heladas invernales se sublimaran.

Luego, un análisis detallado de la región de Alba Mons reveló fisuras recientes y estrechas, de hasta cientos de metros de largo, asociadas a cambios de color en la superficie. Esa decoloración podría deberse a depósitos dejados por gases que escapan del interior marciano, similar a lo que ocurre alrededor de fumarolas terrestres.

“El Trace Gas Orbiter fue capaz de encontrar la prueba irrefutable. Era como buscar una aguja en un pajar. Es realmente asombroso que detectara un puñado de moléculas procedentes de una fuente quizá intermitente, mientras se desplazaba continuamente a lo largo de su órbita para monitorizar toda la atmósfera marciana”, explica Mège.

Según los científicos, los gases magmáticos podrían ascender a través de estas fisuras, como ocurre con algunas fumarolas en la Tierra. Bloqueadas por hielo durante las gélidas temperaturas invernales, que alcanzan los -120 °C, las fisuras canalizarían la liberación de cloruro a medida que el hielo se sublima a principios del verano.

El equipo sugiere que estas filtraciones están vinculadas a una cámara magmática inactiva, una especie de sistema de conductos volcánicos bajo la superficie marciana.

Posibles nichos para la vida

Los gases magmáticos como el cloruro de hidrógeno pudieron haber sido más abundantes en el pasado, contribuyendo a una atmósfera más densa y a un clima más cálido, que permitió que el agua líquida cubriera gran parte de la superficie. Si la lava ascendente entrara en contacto con aguas subterráneas, podría generar nichos cálidos y habitables, explican los autores.

“Buscar vida marciana en las fisuras por las que se filtra agua en la región de Alba Mons tendría mucho sentido. Si los sistemas hidrotermales están activos, podrían contener los ingredientes y la energía necesarios para que se desarrollen microorganismos, además de protegerlos del entorno hostil y cambiante que hay sobre la superficie”, reflexiona Mège.

Fuente: Infobae

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