En Guayaquil y Quito, la mayoría de los candidatos a alcalde son ‘importados’: no militan en la agrupación que los auspicia

La mayoría de los precandidatos a las alcaldías de Quito y Guayaquil son “importados”: no son militantes de las organizaciones políticas que los están auspiciando para los comicios seccionales del 29 de noviembre.

Esta dinámica de los “candidatos sin partido y los partidos sin candidato” ya se viene observando en la política ecuatoriana en las últimas elecciones generales y seccionales.

Así, por ejemplo, de los trece precandidatos a la Alcaldía de Quito conocidos hasta el momento, nueve no son integrantes de los partidos que los nominaron en las primarias.

Se trata de Bernardo Jijón, del Partido Sociedad Patriótica (PSP), lista 3; Linda Romero, del Partido Social Cristiano (PSC), lista 6; Jorge Yunda, del partido Avanza, lista 8; Juan Esteban Guarderas, por la Izquierda Democrática (ID), lista 12; Pabel Muñoz, que va por la reelección del movimiento Acción Movilizadora Independiente Generando Oportunidades (Amigo), lista 16; Jorge Cueva, del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), lista 17; Alejandro Guevara, del movimiento Pachakutik (PK), lista 18; Paúl Desemblanc, del movimiento Futuro, lista 20; y Carla Larrea, del movimiento Creando Oportunidades (CREO), lista 21.

Los que sí son parte de la militancia son Galo Almeida, que es director provincial de Centro Democrático (CD), lista 1, en Pichincha; Cristina Cachaguay, dirigente de la Unidad Popular (UP), lista 2; Giovanna Ubidia, del movimiento Acción Democrática Nacional (ADN); y Wilson Merino, fundador del movimiento provincial Imparables, lista 79.

En Guayaquil, en tanto, de los nueve precandidatos que hay hasta ahora, cuatro sí son parte de la agrupación que los cobija.

Son los siguientes: Karla Arellano, dirigente provincial de la Unidad Popular; Andrés Roche, exlegislador del PSC; Niels Olsen, exlegislador de ADN; y Susana Santistevan, directora cantonal de CREO.

Los que están “prestados” son la exalcaldesa Cynthia Viteri, que va por Centro Democrático; Kléber Bravo, que va por PSP; Juan Pablo Molina, por Amigo; Mónica Luzárraga, por el socialismo; y Pedro Medina, por Futuro.

En el caso Muñoz y Molina, la agrupación a la que pertenecen, el movimiento Revolución Ciudadana (RC), lista 5, no podrá participar en los comicios porque está suspendida; esto porque es parte de una investigación penal por un supuesto mal manejo de los fondos de la campaña de las elecciones presidenciales y legislativas adelantas de 2023.

Para los analistas políticos Fernando León y Alfredo Espinosa, esta situación refleja la crisis de los partidos y movimientos políticos del país, que actualmente carecen de estructuras y deben ir a la “caza” de figuras.

León advierte que en las agrupaciones políticas ecuatorianas no hay procesos de formación internos de la militancia para generar candidatos en las elecciones de todos los niveles.

“No hay una visión de futuro. Lastimosamente, desde los años 80 hasta actualidad, la política se ha degenerado en una suerte de mercantilismo. En los años 80 había caudillos, y ellos, bien o mal, tenían sus cuadros y liderazgos, y llegaban a ser candidatos, salían de sus propios partidos”.

Y como ejemplo habla de la ID de Rodrigo Borja, el PSC de León Febres-Cordero y Jaime Roldós o el roldosismo de Abdalá Bucaram. “Con la llegada de Rafael Correa a la política, los partidos no supieron renovarse, mantuvieron la vieja estructura, los caudillos optaron por ‘jubilarse’ y los que vinieron después no lograron tener liderazgos fuertes. Ahí se forjó una ”generación decapitada» de líderes políticos y se perdió la posibilidad de tener mejores candidatos», recuerda.

“Entonces, empezaron a buscar candidatos por ‘chequeras’; empezaron a buscar figuras de la televisión, del fútbol, artistas o empresarios con capacidad económica, para liderar candidaturas. Hoy en día, las candidaturas ya no nacen de la militancia, sino que se arman en función del poder económico y la representatividad sectorial, que no representan a la ciudadanía y no conocen las necesidades del lugar que van a representar”, agrega.

León indica que el Código de la Democracia debería exigir que las postulaciones surjan de una democracia real, “que se compruebe una afiliación de dos años como mínimo y hayan pasado por procesos de formación”.

“Si eso no se reglamenta, vamos a seguir teniendo partidos de alquiler y candidatos de conveniencia, papeletas con veinte candidatos a la misma dignidad y esta fragmentación que no ayuda a la ciudadanía a escoger a los mejores perfiles”, dijo.

Espinosa, en tanto, señala que internamente los partidos políticos son poco democráticos: “No se respeta ni la trayectoria ni la permanencia de aquellas personas que han decidido ser políticos de profesión, y en lugar de ello han abierto la puerta a un manojo de advenedizos… Pareciera que ahora se busca un perfil de políticos que tengan atractivo mediático y hagan del espacio político un escenario de espectacularización, un neopopulismo digital que trasciende las lógicas de izquierda y derecha”.

Los académicos han denominado a estas agrupaciones como “atrapatodo”, ya que sus cúpulas priorizan las oportunidades de ganar, así sea poniendo a cualquiera.

A su criterio, las primarias en Ecuador son “una elección sin elección”. “Esas candidaturas adolecen de legitimidad de origen”, ya que se invita a personajes externos sin un vínculo con la organización política.

Espinosa advirtió que hay muchas agrupaciones que “se alquilan”. “El modus operandi es el siguiente: el candidato o candidata se inserta con sus equipos de trabajo, inyecta recursos a la campaña y hay una suerte de doble beneficio: primero porque el partido puede participar en elecciones, y segundo porque se genera cierto arrastre que le permita continuar en el registro electoral; y, desde el otro lado, el candidato tiene acceso a espacios de difusión financiados por el Estado y, si gana la elección, tendrán incidencia en la política y la autonomía para poner a su gente en la entidad en la que se encuentre”, explica el analista, que agrega que también surge la pregunta de quién financia las campañas a estos candidatos sin partidos.

Todo esto muestra que las organizaciones políticas no tienen base social, que no es lo mismo que la base electoral. “La base social es este apoyo militante presente en la vida y la construcción del partido… Aunque consiguen las firmas para su creación, no tienen personas de carne y hueso que los respalden”, repasa.

En este proceso seccional se disputará un total de 5.732 cargos de elección popular. El Consejo Nacional Electoral (CNE) indicó que se desarrollaron 482 elecciones primarias de partidos y movimientos nacionales, locales y alianzas. (I)

Fuente: El Universo

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