Beatriz Páez recuerda con claridad la última imagen de su hijo: Alberto encaramándose en un avión Hércules en el Aeropuerto de El Palomar. Pero casi no lo vi, los tenían amontonados como pájaros, todos parados, apretados, esperando para que se los llevaran a las islas
, relata. Era 13 de abril de 1982, el día de su cumpleaños, y a Alberto Reynoso le restaban apenas quince jornadas para concluir su servicio militar obligatorio. La Guerra de Malvinas torció de forma brutal el destino de la familia Reynoso.
Le faltaban nada más que dos semanas para salir de la colimba. Nada más. Pero lo llamaron y tuvo que ir a las islas
, dice Beatriz, quien tiene 92 años, reside en la misma vivienda de Hurlingham donde crió a sus dos hijos y, según cuentan, prepara unas empanadas inolvidables.
Fue Alberto quien comunicó a su familia que debía viajar a la guerra pocos días después del inicio del conflicto en el Atlántico Sur. La vida de los Reynoso —Beatriz, su esposo y su hija, también llamada Beatriz y tres años mayor que Alberto— quedó supeditada al destino del hijo varón.
Íbamos todos los días al Regimiento 6 de Mercedes, a donde mi hijo estaba destinado, para tener noticias sobre cuándo se lo llevaban. Y finalmente fue su padrino el que nos avisó que ya se lo estaban llevando, y ahí fuimos directo a El Palomar, y lo vi sobre el avión
, rememora Beatriz. La voz se le quiebra como si las décadas no hubieran transcurrido.
Sin apetito y sumida en el llanto
Yo lloraba y rezaba. Era casi lo único que hacía durante todo el día. No podía comer, no sentía hambre. Sólo pensaba en mi hijo, en si estaba bien, si tenía hambre, si pasaba frío
, recuerda Páez. Con el avance de las semanas —es decir, con el avance de la guerra— dejó de rezar en soledad y lo hacía junto a vecinas y conocidas del barrio, quienes seguían con atención la suerte de Alberto.

Los Reynoso formaron parte del programa especial Las 24 horas de las Malvinas, respaldado por la dictadura militar y transmitido por ATC, el canal público. Beatriz donó su alianza de casada y, junto a otros vecinos de Hurlingham, llevaron alimentos y ropa de abrigo para que llegaran a los soldados en las islas.
Pero ya sabemos lo que pasó: los soldados como mi hijo comían pésimo y pasaban muchísimo frío, los maltrataron, los tuvieron como animales
, afirma. En una de las cartas de Alberto que llegaron a la casa de Hurlingham, él explica que la letra puede parecerles extraña: Es el frío
, escribió en 1982.
Era rara la sensación cuando llegaban las cartas. Por un lado, era muy emocionante e importante tener noticias de mi hermano. Por otro lado, cuando veíamos la fecha en que nos había escrito, sabíamos que después habían ocurrido nuevos ataques británicos y que entonces no podíamos confiar en que Alberto estaba bien
, detalla Beatriz Reynoso, la hermana del entonces conscripto.
Junto a Silvia Cordano, Reynoso publicó hace años el libro Nuestras Mujeres de Malvinas, que recoge relatos de madres de soldados que regresaron, hermanas de combatientes que perdieron la vida en la guerra, e incluso de una de las enfermeras militares que atendió a los protagonistas de esa guerra que duró 74 días y en la que fallecieron 649 argentinos.
En las cartas nos enterábamos del frío que pasaba Alberto, y también de lo mal que comían él y sus compañeros. Estábamos en contacto permanente con las familias de sus compañeros conscriptos para averiguar si en las cartas de esos soldados había noticias sobre mi hermano o viceversa
, describe Beatriz Reynoso.

Su madre agrega: Por suerte a nosotros nos llegaban sus cartas, y a él le llegaban las nuestras. Hubo soldados a las que no les llegaban, y eso los dejó todavía más solos. Alberto guardó todas las cartas que le íbamos mandando, las tenía con él, en uno de sus bolsillos
. Ahora las conserva, desde hace años, en una cajita de madera.
Resistir hasta el final
Alberto combatió en el Monte Dos Hermanas. Allí ocurrió uno de los últimos enfrentamientos de la guerra, en el que finalmente triunfaron los británicos y desde donde llegaron a Puerto Argentino, la capital de las islas. En Dos Hermanas, como en tantos otros rincones de Malvinas, los soldados argentinos resistieron hasta el límite. La rendición fue el 14 de junio de 1982, hace exactamente 44 años.
A mi hijo lo sacaron de la trinchera porque estaba mal. Cuando le golpearon los pies y las piernas y prácticamente no sintió nada, supo lo que estaba pasando
, relata Páez. Lo que sucedía es que Reynoso padecía pie de trinchera por el tiempo que sus pies estuvieron mojados a temperaturas muy bajas. Fue una lesión frecuente entre los soldados rasos de las fuerzas argentinas que, en muchos casos, no recibieron calzado adecuado.
Lo trasladaron primero a Comodoro Rivadavia y después a Campo de Mayo. Tuvo que pasar por muchas operaciones y tratamientos durante mucho tiempo después, porque suponemos que no fue bien atendido en el primer momento
, cuenta Páez. Agrega que la primera vez que volvió a ver a su hijo, que pudo tocarlo después de que regresara con vida de la guerra, lloró de emoción y angustia, al verlo tan flaco y herido.

Alberto había perdido unos diez kilos en Malvinas, y además del pie de trinchera, sufrió daños en la cadera y dolor de espalda a la altura de los riñones. Un médico militar de Campo de Mayo le preguntó por sus dolencias y, al escuchar el relato, respondió: ¿Algo más querés tener, nene?
Beatriz Páez aún se indigna al recordar ese momento: Se lo dijo como si mi hijo se hubiera buscado todo eso que le pasaba a su cuerpo, como si fuera su culpa. Ahí nomás le dije que íbamos a renunciar a la atención médica militar y nos pasábamos a la medicina civil
, reconstruye.
Para ello, el Ejército obligó a Alberto a renunciar a su condición de Veterano de Malvinas, condición que logró recuperar con el tiempo. Ahora, junto a otros ex combatientes, recorre distintos lugares de Argentina contando su experiencia en las islas donde su vida cambió para siempre y la muerte le pasó tan cerca.
Dos cumpleaños y una marca que perdura
Volvió a Campo de Mayo el 11 de junio, y desde el 11 de junio del año siguiente yo lo llamo para cantarle el ‘Feliz cumpleaños’. Lo llamo en su cumpleaños de nacimiento, en mayo, y el 11 de junio, porque para mí es como si ese día hubiera vuelto a nacer, así que festejamos las dos fechas
, dice la madre de Alberto.
Además de aquel día en que vio a su hijo apilado con otros soldados sobre el Hércules que lo llevaría a la guerra, hay otra escena que Páez no olvida. Nuestra casa es cerca de Campo de Mayo, así que se escuchaban siempre detonaciones de los ejercicios de instrucción. Tiempo después de Malvinas, en invierno, encontré a Alberto cerca de la estufa. Se escuchaban tiros y detonaciones desde Campo de Mayo y mi hijo murmuraba ‘nos están atacando, nos atacan’. Lo calmé como pude, pero ahí descubrí que todavía lleva la Guerra de Malvinas dentro suyo
.
Fuente: Infobae