Resultados de la intervención en Venezuela cuatro meses después

Han pasado cuatro meses desde que Nicolás Maduro fue sacado de Caracas por fuerzas estadounidenses, el 3 de enero de 2026. Hoy, 3 de mayo, el balance es tangible: cerca de 700 prisioneros políticos han sido liberados, Delcy Rodríguez ha purgado a casi la mitad del gabinete original de Maduro, los seguidores de María Corina Machado se organizan públicamente por primera vez en años, y el petróleo venezolano fluye bajo un esquema de custodia administrado por el Tesoro de Estados Unidos.

Este último punto merece atención: Estados Unidos no está apropiándose del crudo, sino gestionando los ingresos para evitar que la corrupción y el colapso institucional los destruyan de nuevo.

“Lo que cayó en Caracas el 3 de enero es el último bastión operativo del proyecto bolivariano que intentó capturar el cono sur”.

Donald Trump ejecutó una acción que ningún presidente demócrata se habría atrevido a realizar, y que ningún republicano anterior hizo cuando tuvo oportunidad. George W. Bush no actuó cuando Hugo Chávez consolidaba el régimen; Barack Obama trató a Venezuela como un problema de relaciones públicas; Joe Biden negoció licencias petroleras a cambio de promesas electorales incumplidas. Trump lo sacó. El resultado no fue caos ni un nuevo Irak, sino Delcy Rodríguez negociando con Washington la liberación de presos, mientras el Tesoro desbloquea pagos a contratistas de PDVSA.

Para quienes observamos la región desde adentro, esto tiene peso. El chavismo financió al kirchnerismo durante una década. El eje Caracas-La Habana-Buenos Aires no fue una metáfora, sino arquitectura política con flujos reales de dinero. Las valijas de Antonini Wilson no fueron ficción. Lo que cayó en Caracas es el último bastión operativo del proyecto bolivariano. Cuba está en colapso terminal, Nicaragua es un cascarón represivo sin ideología viva, Bolivia perdió al MAS, y Venezuela tiene una transición administrada con Machado moviéndose en el espacio público y cientos de presos regresando a casa.

El detalle petrolero revela cómo Trump concibe la política exterior en su segundo mandato: no es ocupación ni construcción nacional, sino custodia. Cinco grandes petroleras tienen exenciones de sanciones que les permiten vender el crudo y quedarse con su parte de ganancias antes de remitir el resto al Tesoro. Otras empresas, incluida PDVSA, envían todos los ingresos al Tesoro, que supervisa cada desembolso. Es lento y burocrático; los contratistas se quejan de retrasos. Pero en un país donde durante dos décadas los ingresos petroleros financiaron narcotráfico, represión y exportación revolucionaria, un esquema de custodia externa es la solución de segundo mejor que la situación requiere. La alternativa que defendía la izquierda internacional era dejar que Maduro siguiera robando para que no subieran los precios de la gasolina en California.

Hay riesgos reales. Delcy Rodríguez no es una figura limpia: fue vicepresidenta durante los años más oscuros de represión, conoce los mecanismos de tortura del SEBIN, supervisó la inteligencia que persiguió a la disidencia, y está bajo investigación de la DEA por narcotráfico desde 2018. No es la transición que Machado y los venezolanos merecen, pero es la transición que existe y que produce resultados verificables: libertades concretas y vidas humanas saliendo de prisión. La pregunta clave hoy no es si Delcy es la presidenta ideal, sino si el régimen que reprimió, torturó, robó elecciones y vació al país sigue siendo una fuerza operativa. La respuesta es que no.

“Cuatro meses atrás eran imposibles. Hoy son rutina”.

Trump removió a Maduro y la prensa internacional dedicó tres días al titular antes de pasar a otro tema. Si lo hubiera hecho un demócrata, habría documentales en HBO y libros celebratorios. Como lo hizo Trump, se intenta enterrar el episodio. Pero los hechos quedan: la intervención funcionó.

Fuente: Infobae

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