Aunque Estados Unidos será uno de los anfitriones de la próxima Copa del Mundo, pocos lo consideran un serio candidato a levantar el trofeo. Sin embargo, el entrenador argentino Mauricio Pochettino desafía ese escepticismo con una pregunta directa: “¿Por qué no?”. El ex técnico de Tottenham y PSG asumió el reto de dirigir al equipo anfitrión, consciente de que representa una oportunidad histórica para cambiar la narrativa del fútbol en ese país.
Pochettino sostiene que Estados Unidos tiene los ingredientes necesarios para aspirar al título: recursos económicos, una cultura deportiva en expansión y una pasión futbolística que crece impulsada por la comunidad latina y la influencia de estrellas internacionales. Para él, la clave está en que el equipo desarrolle una identidad competitiva propia, capaz de romper con los viejos paradigmas y convertir el sueño en realidad.
El recuerdo de Murphy, Santa Fe, en Argentina, todavía vive en la memoria de Pochettino. En 1978, cuando tenía seis años, vio el Mundial junto a su abuela y su hermano mayor. “Vivía en una prefabricada con mi abuela y mi hermano mayor porque mis padres trabajaban la tierra, y los fines de semana íbamos al club a ver el Mundial”, relató en una entrevista con The Guardian. En aquel club de barrio, rodeado de canchas de bochas y una de las pocas televisiones a color, Passarella, Ardiles, Luque, Bertoni, Kempes, Fillol y Tarantini se convirtieron en sus ídolos de la infancia.
Hoy, ese niño de Murphy dirige a la selección anfitriona del certamen, una que muchos pasan por alto entre los favoritos. La pregunta surge natural: si nadie ve a Estados Unidos como aspirante, ¿por qué no pensar que puede serlo? “Ser anfitriones puede crear una sinergia con la gente, un apoyo que los jugadores sienten”, dice Pochettino. “Que nos dé la libertad de volar. ¿Por qué no?”.

El entrenador se ríe al recordar que, incluso vistiendo los colores de la selección, aún le preguntan en Estados Unidos a qué deporte se dedica. “Jesús siempre dice que somos ‘héroes enmascarados’”, bromea, señalando a su asistente Jesús Pérez. Asumir el mando del equipo nacional tras su paso por Chelsea fue una invitación a salir de su zona de confort y a construir algo en un país donde el “soccer” aún se define en sus propios términos.
Pochettino no oculta la dificultad: “Si no entiendes esa diferencia cultural, vas a golpearte la cabeza contra la pared”. Su método no es imponer, sino crear en conjunto. El Mundial no es solo una oportunidad para el equipo, sino para todo el deporte en el país; una ventana para acelerar un proceso de transformación.
También describió el contraste entre la cultura futbolera de Argentina y la de Estados Unidos. “El fútbol aquí no existe como en Argentina, pero el sentimiento es mucho más profundo que antes”. Destacó el trabajo de la federación para unir la MLS, las universidades y los colegios. “Hay gente con gran capacidad económica, pasión y el deseo de que Estados Unidos también sea un país futbolero”, afirmó.
La llegada de Messi a la MLS también tuvo un impacto mayúsculo: “Es el Messi campeón del mundo. Un jugador de la MLS puede decir: ‘Juego contra el mejor del mundo’, y eso genera creencia”.
La idea central es que el Mundial sea una oportunidad tanto para el equipo como para el deporte en sí, un cambio cultural. El entrenador como agente del cambio, Estados Unidos visto con ojos argentinos y puesto en manos argentinas. Eso trae oportunidades, pero también presión. Según Pochettino, es una transformación.

En este proceso, el técnico observa que modificar hábitos culturales requiere tiempo. “El primer regalo en Argentina es un balón; aquí suele ser un bate, una pelota de béisbol o una de fútbol americano. Pero entre casi 400 millones de personas, 80 millones de latinos ya tienen ese ADN futbolero”, recalcó. Agregó que lo que falta es tiempo y una relación emocional con el juego. Según su visión, el fútbol se aprende en la calle, no en academias robotizadas: “Ahí nace el talento”.
Admitió que la exigencia de resultados inmediatos dificulta el proceso: “Construyes una cancha y ya piden un Messi o un Ronaldo. Pero lo que lleva tiempo es el vínculo emocional de los niños con la pelota”.
El entrenador subrayó una diferencia central entre el fútbol y otros deportes nacionales: “En la MLS puedes no ganar, terminar último, y no pasa nada. No hay descenso; el sistema premia el fracaso”. Por eso, uno de sus primeros objetivos fue cambiar esa mentalidad: “Jugar es una cosa, competir es otra”.
Pochettino admitió que establecer la confianza interna fue vital desde su llegada: “Escuchamos, confiamos y ellos lo notaron. Buscamos crear la base para la armonía profesional”. Contó que los primeros encuentros con los jugadores no tenían otro objetivo que conocerse y conversar, sin un plan preestablecido.

“No vinimos a educar ni a imponer, sino a construir algo juntos”, explicó. Pero aclaró: “Cualquier futbolista agradece que no lo subestimen. Si un jugador es tóxico para el grupo, los demás no entenderían que no enfrentemos esa toxicidad. No se trata de banear, sino de ofrecer la oportunidad de cambiar y crear una energía positiva”.
El caso de Christian Pulisic, quien se ausentó de la Gold Cup pero ofreció jugar amistosos y fue dejado fuera por el técnico, es presentado como una decisión de grupo: “Si estás, estás”, sentenció, defendiendo la importancia del grupo por encima de los intereses individuales.
La presión pública y los desafíos sociales también han influido en el ciclo de Mauricio Pochettino. El técnico recalca que su responsabilidad es deportiva, no política. “No vine a representar nada fuera del deporte, solo hago lo que sé: dirigir al equipo”.
Pochettino recuerda la carga emocional que vivió como integrante de la selección argentina en la crisis de 2002. “Nos miraban como salvadores de la nación, y eso pesó negativamente en el grupo. Ahora me esfuerzo por proteger a los jugadores de quedar atrapados en ese papel”, señala.
Considera que el fútbol une, genera alegría y amplía horizontes. “Nuestra responsabilidad es construir, no dividir”, sostiene, y resalta la empatía y solidaridad como valores universales del juego.
En su experiencia como argentino en Estados Unidos, Pochettino aspira a contribuir con sus principios y su trayectoria, convencido de que el deporte puede tener un impacto positivo en la sociedad.
Cuando Donald Trump le preguntó a Pochettino si Estados Unidos podría ganar el Mundial, su respuesta al presidente estadounidense fue que sí. “En primer lugar, porque lo creo”, afirmó. “Y en segundo lugar, porque cuando el máximo representante de un país pregunta… si yo fuera el presidente y el entrenador no respondiera con la vehemencia que espero, no dijera ‘por supuesto’, lo echaría. Si el entrenador vacila: ‘Este no es mi hombre, traigan a otro’“.
Por lo pronto, el sueño mundialista de la selección norteamericana arrancó con una contundente goleada por 4 a 1 sobre Paraguay.
Fuente: Infobae