Pakistán advierte que continuará ataques en Afganistán si albergan terroristas

El Ejército de Pakistán informó este lunes que sus fuerzas armadas proseguirán con las operaciones de inteligencia contra agrupaciones terroristas que actúan desde territorio afgano bajo control talibán. La declaración endurece la postura de Islamabad luego de los bombardeos del pasado 28 de junio que causaron la muerte de decenas de civiles en el este de Afganistán.

El comunicado fue difundido por la Dirección de Relaciones Públicas de las Fuerzas Armadas (ISPR) después de una reunión de altos mandos encabezada por el mariscal de campo Asim Munir, jefe del Estado Mayor y máxima autoridad castrense del país. El texto sostiene que Pakistán tiene “el derecho inequívoco de defender a su pueblo del terrorismo” y que las operaciones continuarán mientras la amenaza desde territorio afgano persista. El encuentro ratificó la continuidad de la Operación Ghazab lil Haq, la campaña militar iniciada a finales de febrero de 2026 tras una escalada de enfrentamientos fronterizos.

De acuerdo con el comunicado, el foro expresó “graves preocupaciones” por el uso sistemático del territorio afgano por parte del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP o talibanes paquistaníes) y de grupos insurgentes baluchis para planificar y ejecutar ataques dentro de Pakistán. El TTP es una organización armada distinta de los talibanes afganos en su cadena de mando y objetivos, aunque comparte bases ideológicas y vínculos étnicos, y ha hallado refugio en suelo afgano desde que el régimen talibán recuperó el control de Kabul en agosto de 2021.

El comunicado añade una dimensión regional que profundiza el conflicto: Islamabad responsabiliza a la India de armar y financiar a facciones militantes radicadas en Afganistán. El ISPR denominó a esos grupos como “Fitna-al Hindustan”, una designación oficial para organizaciones insurgentes en Baluchistán que, según la versión paquistaní, operan con respaldo de Nueva Delhi. India rechaza sistemáticamente esas acusaciones.

Un miembro del personal de seguridad talibán vigila el emplazamiento de un centro de rehabilitación de drogas destruido en lo que los talibanes dijeron que fue un ataque aéreo paquistaní en Kabul, Afganistán, 18 de marzo de 2026
REUTERS/Sayed Hassib

La declaración se produce ocho días después de que Pakistán ejecutara bombardeos aéreos y una operación terrestre nocturna en las provincias afganas orientales de Paktia, Paktika y Kunar. Islamabad sostiene que la ofensiva atacó refugios del TTP y de Jamaat-ul-Ahrar —una facción escindida de los talibanes paquistaníes— y que murieron 29 insurgentes. El gobierno talibán eleva la cifra a 36 muertos y asegura que todos eran civiles, incluidas mujeres y niños. La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) documentó al menos 28 civiles fallecidos y 49 heridos.

Pakistán presentó los bombardeos como respuesta a un ataque en Karachi contra la sede regional de los Rangers, un cuerpo paramilitar, que causó la muerte de tres efectivos. Las autoridades atribuyeron la autoría a Jamaat-ul-Ahrar e identificaron a uno de los detenidos como nacional afgano. Los talibanes respondieron con lo que describieron como represalias en suelo paquistaní y con el lanzamiento de drones rudimentarios que, según el ISPR, fueron interceptados por la defensa aérea.

Las relaciones entre Islamabad y Kabul se deterioraron de forma acelerada tras el regreso de los talibanes al poder en 2021. El conflicto escaló en octubre de 2025, cuando Pakistán atacó desde el aire Kabul en un intento fallido de neutralizar a Noor Wali Mehsud, líder del TTP. En febrero de 2026, tras una serie de atentados en territorio paquistaní, Islamabad lanzó la Operación Ghazab lil Haq. Los esfuerzos de mediación de Qatar, Arabia Saudí, Turquía y China no han producido hasta ahora ningún acuerdo de cese el fuego estable.

La condición que Islamabad impone para suspender las operaciones —que el régimen talibán renuncie a su vínculo con el TTP— es exactamente lo que Kabul rechaza, al negar que ese vínculo exista. Esa contradicción irresuelta es la que sostiene el conflicto y la que la conferencia de altos mandos del 6 de julio no hizo más que reafirmar.

Fuente: Infobae

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