Pablo Cánepa ya descansa: primer caso de eutanasia en Uruguay

Pablo Cánepa finalmente encontró la paz que tanto anhelaba. Este uruguayo de 39 años había pasado los últimos cuatro años de su vida postrado en una cama, víctima de una enfermedad desconocida del cerebelo. Aunque su mente se mantenía lúcida, los dolores eran insoportables. Cánepa repetía una y otra vez que quería morir.

Su historia se volvió emblemática durante el debate sobre la eutanasia en Uruguay, una ley que entró en vigencia en octubre y comenzó a aplicarse el mes pasado. Cánepa fue uno de los primeros en acogerse a ella.

“Rodeado del amor de su familia y amigos, Pablo partió ayer de este mundo. Se despidió con el humor que lo caracteriza hasta sus últimos minutos. Lo vamos a extrañar mucho”, escribió su hermano, Eduardo Cánepa, en un mensaje en la cuenta de Instagram del fallecido.

Páblo Cánepa, de niño, junto a su madre (Archivo familiar)

La publicación incluía un enlace a un video de YouTube, un homenaje que recorre los momentos y afectos de la vida de Cánepa. “Por supuesto que hay personas significativas que tal vez no aparezcan pero eso no quita su importancia”, aclararon desde la familia.

Pablo Cánepa estaba en cama, inmovilizado, hace cuatro años (Archivo familiar)

En las imágenes se ve gran parte de los casi 40 años que vivió este hombre: aparece leyendo noticias en televisión cuando era niño, narrando fútbol, junto a su familia, en viajes. Se le ve como bebé, jugando al fútbol, de campamento, en la piscina, actuando. El recorrido incluye videos donde hace reír a su familia, conversando con su madre. “Soy un hijo muy rebelde”, le bromea en un momento.

Pablo Cánepa se convirtió en uno de los primeros casos de eutanasia en Uruguay (Archivo familiar)

Las imágenes cierran con un deseo: “Buen viaje, Pablo”.

El Parlamento uruguayo aprobó la eutanasia en octubre y, seis meses después, fue reglamentada por el presidente Yamandú Orsi. En abril, el Ministerio de Salud Pública divulgó un protocolo de actuación para que los prestadores de salud comiencen a aplicar la eutanasia y desde el día siguiente quedó habilitada.

La ley de eutanasia establece que el procedimiento es un derecho para personas mayores de edad “psíquicamente aptas” y que padezcan una patología incurable e irreversible, que les cause “sufrimientos que les resulten insoportables”.

Pablo Cánepa, un uruguayo de 39 años que recibió la eutanasia (Archivo familiar)

El proceso de Cánepa para acceder a la eutanasia fue “muy ágil”, según contó su hermano Eduardo al diario uruguayo El País. Destacó que el equipo médico que lo atendió “se comportó de forma muy humana y profesional”. Las autoridades de la mutualista que lo atendió, que no nombró, se acercaron a dar apoyo y acompañar a la familia. “En ese sentido estamos aliviados”, expresó.

Pablo Cánepa sufría una enfermedad rara: ataxia cerebelosa (@fepreco)

El sufrimiento insoportable y las ganas de morir

Cánepa pasó la mayor parte de su vida dibujando, haciendo deporte, saliendo con amigos. Pero de pronto, una ataxia cerebelosa idiopática lo dejó inmovilizado por completo: solo podía mover los dedos de la mano derecha. La enfermedad derivó en una situación de extrema dependencia, que lo llevó a hacerle el pedido más doloroso para su madre: que lo ayude a morir.

“Esa frase me atravesó el corazón”, comentó Mónica Silva, la madre de Cánepa, tiempo atrás en una entrevista con el noticiero Telemundo de Canal 12. Su hijo había accedido a cuidados paliativos, pero no era suficiente: quería, simplemente, morir. Tras ese pedido, ella hizo un compromiso: lo acompañaría hasta el final de sus días.

Pablo Cánepa tenía una enfermedad rara que lo dejó inmovilizado y pidió la eutanasia (Captura Telemundo/Canal 12)

La eutanasia es necesaria en el caso de mi hijo. Lo es. Lo han dicho los médicos. Él la pidió. Yo tengo que aceptarla porque él es adulto, tiene plena autonomía. Tengo que aceptarla. Pero, por otro lado, está la parte emocional que una madre no puede querer que un hijo tan joven, de 39 años, se muera”, contó Silva en esa entrevista televisiva.

Mónica Silva, madre de Pablo Cánepa, durante una entrevista con la televisión uruguaya (Captura Telemundo/Canal 12)Páblo Cánepa, de niño, junto a su madre (Archivo familiar)

En mayo de 2025, El Observador había publicado la historia de Pablo. El artículo relataba que el paciente solo era feliz mientras dormía y que se sentía enjaulado en su propio cuerpo. “Estoy esperando la ley que permita poner fin a mi partido”, contó entonces con voz lenta desde la cama en la que estaba.

Pablo Cánepa era un joven que dibujaba, hacía deporte y salía con amigos, pero una enfermedad rara afectó su cuerpo (Captura Telemundo/Canal 12)

Pablo fue un diseñador gráfico multipremiado al que le gustaba la noche y las fiestas de música electrónica. Un devoto de Nacional. Un joven sano que, de pronto, comenzó a sentir mareos seguidos de pasos torpes. Un resbalón en la ducha, una botella que se cayó de sus manos, un cerebro que empezó a fallar. Así llegó el diagnóstico de la afección en su cerebelo. Era una enfermedad rara que no tenía explicación ni cura.

En cuatro meses su cuerpo quedó inmóvil.

Pablo Cánepa era un diseñador gráfico, deportista y amiguero (Archivo familiar)

Durante la discusión de la eutanasia en Uruguay, el diputado Luis Gallo leyó un fragmento del pensamiento de Cánepa en el Parlamento. Estas son sus palabras:

Hablan de que la muerte es irreversible, pero capaz que lo que le sigue es mejor. Seguro es mejor que mi estado actual. Nada puede ser peor. Así que imagino la muerte como la paz. Como el blanco. Como la ausencia del color que da el descanso. Quiero descansar.

El pasado lunes 1 de junio, Cánepa falleció, junto a sus afectos, como su madre le había prometido.

Fuente: Infobae

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