El planeta camina hacia un aumento de 2,6 °C en la temperatura global durante este siglo, en comparación con la era preindustrial. Este panorama se mantiene incluso si los países logran cumplir con sus compromisos climáticos actuales. Así lo advierte el nuevo Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El análisis indica que el límite de 1,5 °C, fijado por el Acuerdo de París, ya será superado. Sin embargo, todavía es posible acortar la duración y la intensidad de ese rebasamiento.
El documento mide la distancia entre lo que las naciones prometen hacer para detener el cambio climático y lo que realmente se necesita para mitigar sus efectos.
Los expertos subrayan que cada décima de grado adicional incrementa el riesgo de olas de calor, inundaciones, incendios forestales y daños en ecosistemas, salud y economías.
Las conclusiones llegan antes de la COP31, la conferencia climática de la ONU programada para noviembre en Antalya, Turquía.

Los planes nacionales, denominados contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), son los compromisos de cada Estado para reducir sus emisiones. El PNUMA estima que, si se aplicaran totalmente y se mantuviera un esfuerzo similar, el calentamiento se limitaría a 2,6 °C para 2100. Ese valor queda muy por encima del objetivo de mantener el aumento “muy por debajo” de 2 °C y de intentar no superar 1,5 °C.
Con las políticas actuales, sin nuevas medidas más ambiciosas, el calentamiento podría alcanzar 2,8 °C en este siglo y continuar después. Incluso en el escenario más optimista analizado —cumplir las NDC y metas adicionales de cero emisiones netas— se registraría una subida de 2,1 °C.
El secretario general de la ONU, António Guterres, resumió el diagnóstico con un mensaje contundente:
“El mundo ya no puede evitar sobrepasar el límite de 1,5 grados, y las consecuencias ya son devastadoras”.
En su declaración sobre el informe, Guterres señaló que las emisiones siguen en niveles récord y que los planes nacionales “se quedan peligrosamente cortos”.
Superar 1,5 °C no elimina la necesidad de recortar emisiones

La temperatura media del planeta ya está cerca de 1,5 °C por encima del nivel preindustrial, que es la referencia para medir el calentamiento desde antes de la expansión industrial basada en carbón, petróleo y gas. El informe sostiene que la prioridad ya no es evitar completamente ese umbral, sino impedir que el aumento posterior sea más alto o se extienda por décadas.
“El sobrepaso no es una rendición. Aún podemos mantenerlo lo más pequeño y breve posible, y lograr que las temperaturas vuelvan a estar por debajo de 1,5 grados para finales de siglo”, afirmó Guterres. Para ello, no bastan promesas a largo plazo: los recortes deben comenzar en esta década.
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, advirtió que “cada fracción adicional de grado y cada año adicional de calentamiento por encima de 1,5 °C incrementan los impactos y riesgos climáticos”. En concreto, mencionó inundaciones mortales, olas de calor e incendios forestales que afectaron a numerosos países este año.
El recorte necesario equivale a reducir casi la mitad de las emisiones en 2035
El escenario de menor sobrepaso que examina el estudio busca que el calentamiento alcance un máximo de entre 1,7 °C y 1,8 °C hacia mediados de siglo y luego descienda hasta 1,5 °C o menos en 2100. La probabilidad de lograrlo ronda el 50 %, según el PNUMA.
Para seguir esa ruta, la liberación de gases de efecto invernadero tendría que bajar un 18 % en 2030, un 45 % en 2035 y un 69 % en 2040, en comparación con los niveles de 2025. En cambio, los compromisos nacionales presentados hasta ahora solo implicarían descensos de entre 5 % y 8 % para 2030, y de entre 11 % y 15 % para 2035.

La brecha se explica, en gran medida, por la continuidad del uso de combustibles fósiles. El dióxido de carbono que liberan el carbón, el petróleo y el gas retiene calor en la atmósfera. También contribuyen otros gases, como el metano, emitido por actividades energéticas, residuos y parte de la producción agropecuaria.
Las energías renovables avanzan, pero el ritmo debe multiplicarse
El documento identifica señales de que esa reducción es posible. Desde que se adoptó el Acuerdo de París, la capacidad mundial de generación eléctrica renovable creció tres veces más rápido de lo previsto y la expansión de la energía solar fotovoltaica fue siete veces superior a las proyecciones iniciales.
Sin embargo, esos avances no compensan todavía el volumen de gases que sigue llegando a la atmósfera. Para volver a una trayectoria compatible con el menor sobrepaso posible, el PNUMA plantea acelerar la electricidad limpia, mejorar la eficiencia energética, reducir el metano, detener la deforestación y alejar los sistemas energéticos del carbón, el petróleo y el gas.
Andersen sostuvo que existen experiencias que prueban que las emisiones pueden caer con rapidez, pero reclamó políticas “rápidas, profundas y sostenidas”. El próximo examen de las acciones climáticas en la COP31 pondrá a prueba si los gobiernos convierten esas metas en medidas concretas.
Fuente: Infobae