Las cálidas brisas de mayo no trajeron consuelo a la República Dominicana; en lugar de ello, se convirtieron en el preludio de una ola de violencia letal contra las mujeres. En solo 31 días, el país fue escenario de una escalofriante sucesión de feminicidios que cobró la vida de al menos ocho mujeres según registros oficiales, evidenciando la grave vulnerabilidad en que viven muchas ciudadanas dentro de sus propios hogares y relaciones.
El aumento de estos crímenes, marcado por la brutalidad de los ataques y la repetición del patrón de homicidio seguido de suicidio, superó las estadísticas habituales y llevó a las autoridades a declarar una alerta institucional.
La cuenta de sangre comenzó el 3 de mayo, cuando Diana Elena Evangelista, de apenas 18 años, fue encontrada sin vida en el sector Villa Duarte, en Santo Domingo Este, con múltiples heridas cortopunzantes. La policía detuvo al presunto responsable, Erick Daulin Urbáez Farcón, abriendo así el expediente de un mes trágico.
Apenas tres días después, el 6 de mayo, la tragedia golpeó por partida doble en el Gran Santo Domingo. En Barrio Nuevo de Las Caobas, Santo Domingo Oeste, Yessika Álvarez Jiménez, de 26 años, fue ejecutada a tiros por su pareja, Railin de la Rosa Moquete, un sargento activo de la Policía Nacional. Casi al mismo tiempo, en Los Frailes, Santo Domingo Este, Nikaury Alicia Heredia Taveras, de 27 años, falleció en el hospital tras ser baleada por su compañero sentimental, Adonis Pimentel, un raso policial.

El dolor se expandió hacia el este del país. El 7 de mayo, en la comunidad de La Higuera, provincia El Seibo, Providencia Marte fue rociada con gasolina y quemada viva por su pareja. La barbarie del ataque encendió la indignación colectiva, y el sospechoso fue arrestado y puesto a disposición judicial.
El patrón destructivo del homicidio-suicidio
A mediados de mes, los agresores comenzaron a repetir un patrón letal: matar y luego suicidarse. El 11 de mayo, en Ojo de Agua, Salcedo (provincia Hermanas Mirabal), Rómulo Rafael Almánzar interceptó a su pareja, Alfania Manuela Hernández, de 29 años, y la asesinó a balazos antes de quitarse la vida. Las autoridades solo pudieron certificar el cierre del caso por la muerte del victimario.
Dos días después, el 13 de mayo, en Alma Rosa I, Santo Domingo Este, Esmeralda Moronta de los Santos, de 33 años, fue perseguida en la vía pública y atacada a tiros por su expareja, Omar Tejeda Guzmán, de 48 años, quien luego se suicidó. Se confirmó que Moronta había interpuesto denuncias previas por hostigamiento, lo que evidenció la ineficacia de las medidas de protección.
El 17 de mayo, en La Toronja, también en Santo Domingo Este, Indhira Carolina Beltré, de 33 años, fue apuñalada mortalmente por su expareja, Camilo Rodríguez, de 52 años, dentro de su propia residencia.
Hacia el final del mes, la violencia machista asestó su golpe más cruento en el polo turístico de Verón-Punta Cana, provincia La Altagracia. La noche del 30 de mayo, Yuri Ernestina Zapata Pichardo, de 40 años, fue atacada salvajemente con un machete. El principal sospechoso, su expareja Leandro Almonte Lantigua, huyó de inmediato, desencadenando una búsqueda por parte de la División de Investigación Criminal (DICRIM), que revisó cámaras de seguridad y emitió una orden de captura internacional.
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A estas siete víctimas se suman otros casos que aún no se han dado a conocer públicamente o que están bajo investigación. El Ministerio Público y el Observatorio de Justicia y Género del Poder Judicial señalaron que la cifra acumulada en los primeros dos trimestres del año ya supera la veintena de mujeres asesinadas por razones de género, proyectando un total oficial por encima de los 27 feminicidios hasta el cierre de mayo, un panorama desolador que exige respuestas urgentes.
Fuente: Infobae