a violencia con la que Julian Assange fue sacado de la embajada de Ecuador en Londres en 2019 fue el clímax de un hito geopolítico y la prueba definitiva de que Lenín Moreno había dado un giro en la política antiimperialista del gobierno de la Revolución Ciudadana, movimiento que lo llevó al poder en 2017.
Las expectativas políticas del momento chocaron con la ‘real politik’: Moreno debilitó la imagen del Ecuador al no respetar ni los compromisos del país ni la figura del asilo. Analistas afirmaron que fue él quien realmente sentó las bases para barbaridades como el asalto a la embajada de México en Ecuador, ordenado por el actual presidente Daniel Noboa.
El acoso que el entonces presidente de Ecuador lanzó contra Assange también originó otros problemas, como el espionaje ordenado contra el informático y periodista sueco, lo que terminó en otro caso y sentencia contra terceros que participaron en la violación a la privacidad del entonces huesped de la embajada ecuatoriana en Reino Unido.
En su momento, el excanciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, fue tajante al calificar el fin del asilo como una “salvajada” que evidencia que el gobierno de Moreno se rindió ante Estados Unidos “como un vasallo”.
Moneda de cambio
En los primeros meses de su mandato, Moreno ya había mostrado una clara intención de reorientar el país hacia una relación más estrecha con Estados Unidos.
La figura de Assange en esos días era un obstáculo y a la vez, una moneda de cambio. La administración del primer mandato de Donald Trump, a través de figuras como el entonces vicepresidente Mike Pence, buscaba “reavivar la relación bilateral” con Ecuador.
Assange era la influyente figura política, había publicado demasiados escándalos con su equipo de Wikileaks y Lenin Moreno estaba dispuesto a sacrificarlo y llevarse con ellos cualquier aspecto parecido a la soberanía y al respeto internacional que Ecuador había comenzado a ganar.
La trama periodística
Un elemento crucial para entender la campaña de deslegitimación contra Assange fue la filtración de una noticia falsa. El periódico británico The Guardian publicó en noviembre de 2018 un “bombazo” asegurando que el exdirector de la campaña de Trump, Paul Manafort, había mantenido reuniones secretas con Assange.
La historia se desmoronó rápidamente ante la falta de pruebas. Glenn Greenwald, del medio The Intercept, expuso las enormes lagunas de la noticia: ¿cómo pudo Manafort entrar en una de las embajadas más vigiladas del mundo sin que existiera ni una sola prueba fotográfica o de vídeo?
El propio The Guardian admitió que el nombre de Manafort no aparecía en los registros de entrada de la embajada, un requisito habitual para los visitantes.
Villavicencio colaboró con el engaño
La autoría de esta información falsa apunta a un equipo peculiar: los periodistas Luke Harding y Dan Collyns, junto al activista ecuatoriano Fernando Villavicencio, cuyo nombre fue misteriosamente eliminado de la versión en línea del artículo.
Villavicencio, quien posteriormente se lanzó como candidato a la presidencia de Ecuador, fue asesinado a su salida de un acto proselitista en 2023.
El excónsul ecuatoriano en Londres, Fidel Narváez, calificó el reportaje como “falso” y señaló directamente a Villavicencio como un actor clave en la fabricación de la historia.
Lo que The Intercept y otros medios denunciaron fue el uso de esta narrativa para vincular a Assange con la trama de la colusión Trump-Rusia y justificar su expulsión. Analistas geopolíticos adviertieron que esta cobertura política estaba creada para poder permitir el arresto y posterior extradición de Asssange.
Después de la evidencia de The Intercept y el cuestionamiento de otros medios, el periódico The Guardian removió el nombre de Villavicencio de la historia, pero su autoría aún quedó en la versión impresa.
Moreno, por un lado, facilitó el camino para la extradición al aceptar y promover la narrativa de que Assange era un problema y por otro abrió el camino para el retorno al vasallaje estadounidense, la pérdida de derechos y de calidad de vida, algo que desde su período alcanzó el clímax durante la pandemia, con imágenes de cadáveres en las calles de Guayaquil dando la vuelta al mundo.
Moreno sentenciado
Lenin Moreno fue sentenciado el 28 de septiembre de 2026, a 5 años de prisión por el Caso Sinohydro.
La condena deberá ser cumplida bajo arresto domiciliario debido a su edad y discapacidad. Ni los grupos políticos que lo proclamaban como salvador de la patria, después de su traición a la Revolución Ciudadana ni la embajada de EE.UU. se pronunciaron a su favor después del dictamen.
Radio Pichincha
LV