“Estos jugadores son como indios, que se me entienda la palabra”. Con esta frase, Lionel Scaloni emocionó al mundo tras la remontada de Argentina ante Inglaterra. El seleccionador argentino explicó que sus futbolistas “se han criado en situaciones extremas, donde no tenían miedo a nada”. Añadió que “no les pesa la responsabilidad, juegan como si tuvieran siete u ocho años”. Este relato, lleno de emotividad, también aplica a la selección española, que se enfrentará a Argentina en una final soñada que evoca la Finalissima que nunca se jugó por el conflicto en Irán. Ahora, Nueva York será testigo de un doble duelo: la Finalissima y el Mundial 2026. Además, el encuentro enfrentará a Messi con su heredero: Lamine Yamal.
Lamine Yamal, considerado el “nuevo Messi”, es un claro ejemplo de que La Roja también tiene “indios criados en situaciones extremas”. Antes de ser una estrella mundial, Lamine era un niño más que se enfrentaba a partidos de tres contra tres en el barrio de Rocafonda, en Mataró. Hijo de un soldador marroquí y una madre ecuatoguineana que trabajaba en hostelería, aprendió a regatear en el asfalto, no en el césped de una academia. Por eso, cada vez que marca un gol, dibuja con las manos el número 304: los últimos dígitos del código postal de su barrio.
Lamine también ha contado que, cuando su madre no podía cuidarlo por el trabajo, contrataba a una niñera. A ese esfuerzo se suma el de su padre, quien, en sus palabras, “se buscaba la vida en la calle para traernos comida”. Detrás de muchos internacionales españoles hay familias trabajadoras, historias de migración, barrios humildes y padres que lucharon para que sus hijos no carecieran de nada.
Nico Williams: sin miedo a nada
Nico Williams es quien mejor encarna la frase de Scaloni: “Sin miedo a nada”. Su madre, María, embarazada, cruzó a pie el desierto del Sáhara huyendo de Ghana. Junto a sus hijos, Nico e Iñaki Williams, saltó la valla de Melilla, fue detenida y, gracias a un sacerdote de Bilbao, logró construir una nueva vida en el País Vasco. “Corro rápido, pero mi madre cruzó el Sáhara”, dice el jugador, ya recuperado de su lesión.

El abuelo que recorrió Extremadura
En la España vaciada también hay relatos de sacrificio. Pedro Porro nació en Don Benito, Badajoz, en una familia dedicada al campo. Su abuelo, Antonio, lo llevaba de pueblo en pueblo por toda la región para que pudiera entrenar y jugar. Recorrió kilómetros y kilómetros de carretera para que el niño no perdiera su oportunidad.

Los Palacios: dos historias de esfuerzo
En Los Palacios y Villafranca (Sevilla) crecieron Gavi y Fabián Ruiz. El jugador del PSG vio cómo, tras la separación de sus padres, su madre trabajaba sin descanso en la lavandería del Betis para mantener a sus tres hijos. Un día, el club le ofreció empleo fijo como limpiadora, como parte del acuerdo para ficharlo. El futbolista confesó más tarde la mezcla de vergüenza y orgullo que sintió al cruzarse con su madre en los mismos vestuarios que ella limpiaba.
El padre de Gavi también trabajó en la lavandería del Betis, mientras su madre se encargaba del hogar. A esta lista se suma Álex Baena, quien dejó Roquetas de Mar con solo 11 años para perseguir el sueño de ser futbolista, sin saber si algún día lo lograría.

España tiene una de las mejores canteras del mundo, un hecho indiscutible. Pero en esa misma convocatoria caben hijos de migrantes, chavales de barrio y niños de pueblo que se subieron a un coche mil veces para no perderse un entrenamiento. Cuando Scaloni habla de jugadores que se criaron sin miedo a nada, no describe una realidad exclusiva de Argentina. Describe también a la selección española.
Fuente: Infobae