Justicia tardía: los hombres de confianza de Assad enfrentan la ley en Siria

Atef Najib, quien fuera jefe de seguridad en la ciudad de Deraa y encarnara la cara más brutal del régimen de Bashar al-Assad, enfrenta ahora un proceso judicial en Damasco. Quince años atrás, cuando los padres de los niños detenidos durante las protestas de 2011 acudieron a él para suplicar por sus hijos, la respuesta de Najib fue despiadada: les ordenó volver a casa y tener otros. Aquella maligna indiferencia encendió la mecha de una represión que duró casi catorce años y ensangrentó todo el territorio sirio.

Hoy, vestido con el uniforme blanco y negro de la prisión, Najib permanece en una celda del tribunal de la capital, acusado de asesinato, tortura y orquestación de masacres. «Hemos estado esperando este momento desde el comienzo de la revolución«, afirma Maram Abazeid, quien siendo una adolescente en Deraa fue obligada a presenciar el arresto de sus amigos. Ahora, como abogada, representa a las víctimas de Najib en el primer juicio contra funcionarios de la era Assad que se celebra en Siria. Durante una audiencia preliminar el 26 de abril, mientras se leía el nombre del acusado junto al de sus víctimas, ella lo observó sin titubear. «Sabía perfectamente a quién se enfrentaba», declara. «Sabía a qué niños había arrestado».

Un intento de justicia en medio de la desconfianza

El pasado 10 de mayo, Najib negó todos los cargos y trasladó la culpa de la represión en Deraa a otros cuerpos de seguridad sirios. Primo hermano del dictador caído, fue capturado en una redada en enero de 2025. Se trata de la figura más visible del antiguo régimen que permanece bajo custodia del gobierno de Ahmed al-Sharaa, el líder rebelde que derrocó a Assad y que hoy ocupa la presidencia de Siria.

El caso de Najib pone de relieve las enormes dificultades que enfrentan el nuevo gobierno y los abogados afines para exigir responsabilidades. El año pasado, al-Sharaa anunció con gran bombo mediático una comisión de justicia transicional. Sin embargo, el desempeño de este organismo ha sido considerado deficiente por amplios sectores de la sociedad siria. Muchos esperaban que se hiciera justicia para todas las partes, incluyendo a los propios rebeldes que cometieron atrocidades.

Eso habría significado juzgar a algunos de los camaradas del propio al-Sharaa. Pero el enfoque gubernamental ha sido más bien selectivo. Además de no escudriñar a fondo sus propias filas, en ocasiones ha optado por reclutar a personas que estuvieron implicadas en los crímenes del régimen de Assad.

«La gente siente que el gobierno no tiene interés en la justicia transicional, así que toman la justicia por su mano», advierte un abogado consultado.

La violencia sectaria y las represalias mortales se han extendido por las zonas rurales a las afueras de Damasco, donde residen los seguidores de Assad. Ante esta situación, el juicio contra Najib representa un intento del gobierno por frenar esas tendencias mediante una aplicación rápida de la justicia. El proceso fue impulsado por el Ministerio de Justicia, utilizando el sistema legal preexistente en Damasco, en lugar de la nueva ley de justicia transicional que la comisión aún prepara.

Un sistema judicial quebrado por décadas de dictadura

No obstante, es incierto qué tipo de justicia podrá impartirse realmente. Cinco décadas de régimen de los Assad destruyeron el sistema judicial sirio. La legislación actual no contempla los crímenes de lesa humanidad ni la responsabilidad de mando o indirecta por esos delitos. Los jueces aseguran que podrán recurrir a los tratados internacionales que Siria ha firmado, especialmente los Convenios de Ginebra y la Convención contra la Tortura. Sin embargo, condenar a personajes como Najib no será una tarea sencilla.

Varios letrados han expresado su preocupación porque el juicio ha comenzado antes de que se haya debatido y consensuado públicamente el marco legal que lo sustenta. Nousha Kabawat, especialista en justicia transicional que asistió a la primera audiencia, señala que esta prisa indebida corre el riesgo de socavar la legitimidad del proceso. “Tendemos a descuidar la garantía de que las investigaciones, los enjuiciamientos y, en última instancia, estos juicios, sean coherentes con el debido proceso y cumplan con los estándares de un juicio justo”, sostiene.

Para Maram Abazeid, a pesar de las imperfecciones legales, lo fundamental es que los juicios se lleven a cabo. “Estos juicios representan un momento histórico, no solo desde el punto de vista legal, sino también humano”, afirma con convicción. “Reconocen el sufrimiento de las víctimas y envían un mensaje claro: la sangre siria no es barata”.

Fuente: Infobae

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