Jovani Rwabahenda dejó Goma, su ciudad natal en la República Democrática del Congo, a los doce años, empujado por la guerra. Lo que en ese entonces era solo un pasatiempo —el fútbol— se convirtió en su refugio al llegar a México, donde el desafío de aprender un nuevo idioma, forjar amistades y construir una identidad lo marcó para siempre.
Hoy, a sus 26 años y con dos nacionalidades, Jovani contempla desde África el retorno de su país a una Copa del Mundo. Está convencido de que el fútbol tiene el poder de detener ciudades enteras y de devolver la esperanza a quienes han vivido entre el miedo y la nostalgia.

La distancia entre Goma y la Ciudad de México supera los doce mil kilómetros, pero la verdadera travesía de Jovani se mide en la adaptación cotidiana: cruzar fronteras, sortear la incertidumbre migratoria y reinventarse en las canchas mexicanas.
“Era complicado estar ahí en México porque no entendía nada, pero al final me terminó encantando”
, recuerda.
De las guerrillas en Goma a un nuevo comienzo en México
Antes de que el conflicto los obligara a abandonar Goma, Jovani ya había pisado suelo mexicano. En 2011, viajó con su papá y su hermano para vivir el Mundial Sub-17, una experiencia que le dejó una huella imborrable:
“Nos fuimos fascinados de México. Por todo eso, como que en nuestra cabeza dijimos México, nos vamos a México”
, confiesa.
La guerra que asoló el este del Congo determinó el destino de Jovani y su hermano, quienes llegaron a México bajo la protección de ACNUR y fueron recibidos por Casa Alianza.

En ese primer refugio, la adaptación fue dura: la familia ausente, la falta de conocidos y la barrera del idioma. Pero en medio de la soledad, el fútbol se convirtió en el puente que lo conectó con otros jóvenes y con una cultura distinta.
En su región se habla suajili y francés, por lo que aprender español demandó paciencia y coraje. Los días transcurrían entre las actividades de la fundación y los partidos improvisados en canchas de barrio.

Pronto, el fútbol dejó de ser una simple rutina para transformarse en la llave que le permitió descifrar los códigos sociales, las amistades y la vida en México:
“El futbol es una de las cosas que me facilitó aún más el hecho de estar en México”
, dice Jovani con gratitud.
Ocho años entre la adaptación y las canchas mexicanas: el país que se volvió un segundo hogar
Su trayectoria en el fútbol mexicano lo llevó a probarse en la tercera división del Politécnico, en Aztecas Canamy y en la academia de Borussia Dortmund Poniente, dirigida por Agustín López Padilla.

En cada intento, la nacionalidad fue un obstáculo: “Me fue bastante bien, me quedé, pero tuve un problema, que no era mexicano. No pueden jugar extranjeros”. Las reglas federativas lo llevaron a la cuarta división, donde sí pudo sumar minutos.
El proceso de naturalización mexicana llegó tarde para su sueño profesional. Lesiones en el hombro y el tobillo le cerraron las puertas.

Sin embargo, el vínculo con quienes lo adoptaron era imborrable: “Estoy agradecido en general con México porque pasé toda mi adolescencia ahí. Aprendí muchísimo y me encanta. Para mí México es mi segundo país. Soy mexicano de carne y hueso”, subraya, orgulloso de su doble identidad.
“Ese día el país se va a parar”: así se vive el sueño mundialista en el Congo
La clasificación para 2026, sellada tras vencer a Jamaica en el Estadio Guadalajara, rompió una espera de más de medio siglo y desató celebraciones tanto en Goma como en la diáspora congoleña.

Jovani nunca ha visto a la selección de su país jugar en una Copa del Mundo; la mayoría de los partidos importantes se celebran en Kinshasa, a más de mil 500 kilómetros de distancia.

Por eso, el pase es más que significativo y se ha vivido como una victoria enorme entre todos los habitantes.
“La ciudad nos vamos a parar todos, literal. Tenemos muchos conflictos aquí, pero ese día nos vamos a reunir todos y nos vamos a un poco olvidar de los problemas. Creo que para eso sirve el futbol, precisamente para unirnos”
, asegura Jovani, convencido del poder unificador del balón.
De Zaire al regreso histórico: República Democrática del Congo vuelve al Mundial después de 52 años
La memoria del Congo en las Copas Mundiales es lejana, marcada por la participación de Zaire en 1974.

El debut en el Mundial 2026 no fue solo una fecha en el calendario, sino el inicio de una fiesta nacional. Contra todo pronóstico, la selección empató 1-1 frente a Portugal en su primer partido de grupo.
El empate ante una potencia europea es motivo de celebración, pero la verdadera victoria, dice Jovani, está en ver a la gente reunida y orgullosa de su bandera.

De esta manera, el regreso de la República Democrática del Congo al Mundial no borra el pasado, pero le da a toda una generación, y a alguien que se volvió un hermano tras encontrar hogar en México, una razón gigantesca para celebrar el presente.
Fuente: Infobae