A las 15:00 comienza el trabajo en la cocina del centro pastoral Gianna Beretta, en Las Orquídeas. Los voluntarios de la parroquia Jesús el Buen Pastor preparan los alimentos que estarán listos cerca de las 19:00.
Una parte se sirve a quienes llegan al establecimiento y el resto se lleva a las calles donde las familias continúan limpiando sus viviendas después de las inundaciones.
Son cerca de 80 personas las que colaboran con la parroquia en distintas actividades. Algunas preparan la comida, otras reciben donaciones, organizan ropa y atienden a los habitantes que buscan colchones o un lugar donde dormir. El trabajo se mantiene desde la noche del domingo, cuando las lluvias provocaron el ingreso de agua a las viviendas del sector.
El sacerdote Cléver Barzallo Zambrano, párroco de Jesús el Buen Pastor, recordó que aquella noche abrieron la iglesia para recibir a las familias que salían de sus casas. Las puertas permanecieron abiertas hasta las 05:00, con personas que entraban y salían en busca de resguardo.
“A la gente no le dio tiempo más que de salir corriendo, coger cuatro cositas, una funda con ropa y correr”, relató el sacerdote.
El lunes trasladaron la atención al centro pastoral, ubicado a una cuadra de la iglesia, donde habilitaron un refugio temporal en el segundo piso. Allí colocaron colchones recibidos mediante donaciones, incluidos los entregados por la Fundación Ana.
Durante los primeros días, la parroquia registró un acumulado de más de 1.050 personas atendidas. Actualmente mantiene una olla comunitaria que proporciona meriendas a cerca de 300 personas. Después de la misa de las 19:00, un grupo de jóvenes sale a distribuir alimentos a los sectores donde todavía permanecen habitantes afectados.
El sacerdote explicó que algunas personas utilizan el refugio únicamente para descansar y regresan a sus viviendas durante el día. Otras prefieren quedarse en sus casas, especialmente adultos mayores que continúan pendientes de sus pertenencias.
“Tú les puedes decir lo que quieras, pero ellos dicen: ‘Esta es mi casa y no me mueven de aquí. Aquí me puedo morir’”, contó el párroco sobre las respuestas que ha recibido durante la atención a los afectados.
La atención incluye entrega de ropa y artículos de primera necesidad. Carlota Vargas, voluntaria de la parroquia e integrante de uno de sus grupos, desde su sector comenzó a reunir prendas mediante familiares y amistades, que luego lleva al centro pastoral o entrega directamente a personas afectadas.
La parroquia cuenta con quince grupos que participan en sus actividades comunitarias. En el centro pastoral se reciben colchones, sábanas, toallas, granos y alimentos no perecibles. Barzallo explicó que necesitan especialmente proteínas para continuar preparando las comidas.
El refugio dispone de atención de una doctora y un psicólogo. El sacerdote relató que dos adultos mayores que se encontraban alojados allí tuvieron que ser trasladados para recibir atención médica, uno de ellos por complicaciones relacionadas con la diabetes.
La Fundación Fernove se incorporó a las labores desde el lunes. Su directora ejecutiva, Martha Noboa, explicó que contactaron a la parroquia y organizaron una cocina comunitaria que permitió alimentar a unas 1.200 personas de familias afectadas, según el registro de la organización.
Daniela Castro, enfermera de la fundación, participó en la preparación de los alimentos. Los voluntarios trabajaron alrededor de 14 horas, desde la mañana hasta completar la distribución. Además de cocinar, organizaron equipos para atender a quienes necesitaban asistencia médica.
“Estuvimos haciendo lo que es cocinar, desde cortar el pollo, cortar los vegetales, llorando por la cebolla, preparando, cocinando, pidiendo a todos los vecinos que si podían ayudar con el gas, con una boquilla para poder cocinar”, contó Castro.
Los voluntarios de la fundación participaron en una cocina comunitaria que brindó alimentación a unas 1.200 personas. Foto: José Beltrán
Durante los recorridos, la fundación encontró a personas que no podían trasladarse por sus propios medios. Castro recordó a un adulto mayor que había perdido las extremidades inferiores y permanecía en una vivienda afectada por el agua.
Un médico y los voluntarios lo llevaron en vehículo a la iglesia Jesús el Buen Pastor y después lo cargaron para acomodarlo en un lugar donde pudiera descansar.
La asistencia médica comprende curaciones de heridas y atención a niños y adultos mayores. Noboa explicó que, durante las visitas, encontraron viviendas que todavía tenían agua acumulada y habitantes que necesitaban materiales de protección para continuar limpiando.
“Lo que hace falta en este momento son repelentes, suero oral; hace falta bastante hidratación, tanto para niños como para adultos”, indicó la directora.
Fernove mantiene la recolección de gasas, guantes, suero fisiológico y otros insumos utilizados en las curaciones. La organización cuenta con aproximadamente 100 voluntarios a escala nacional, quienes se incorporan a las actividades según su disponibilidad laboral.
En el centro pastoral Gianna Beretta continúan la preparación de meriendas, la recepción de donaciones y el alojamiento temporal. Los alimentos se distribuyen tanto a las personas que acuden al establecimiento como a quienes permanecen en sus viviendas. (I)
Fuente: El universo