Houellebecq: ‘No comparto los valores que nos rodean’

El escritor francés Michel Houellebecq, autor de Las partículas elementales y Sumisión, se presentó esta semana en Bilbao como parte del festival literario Ja!. En una extensa entrevista concedida al diario ABC y firmada por el editor cultural Bruno Pardo Porto, el polémico novelista abordó sin concesiones temas como la violencia callejera en Francia, el resurgimiento religioso en Europa, su lucha personal contra la eutanasia y el concepto de bondad como única superioridad. También habló del cigarrillo como gesto de resistencia ante el control social, de la pandemia como laboratorio de delación vecinal y de un nuevo libro que escribe en completo hermetismo. Houellebecq confirmó que su cosmovisión —oscura, coherente e incómoda— no ha cambiado en tres décadas. Rechazó la etiqueta de nihilista con ironía:

«Se ve como nihilista alguien que no comparte los valores de su tiempo, y yo no creo mucho en el progreso, tampoco en la salud. En general no comparto los valores que nos rodean. Una vez dije un poco en broma que te enciendes un cigarro y ya te consideran un nihilista. Y esto cada vez es más cierto.»

La entrevista cobra especial relevancia dado el contexto de Francia en octubre de 2026: una ola de disturbios iniciada el 17 de octubre contra el costo de vida y el deterioro de los servicios públicos, con protestas masivas que derivaron en saqueos, incendios y toques de queda en París, Lyon, Marsella y Burdeos. Hasta el momento se registran más de 2.000 detenidos y centenares de agentes heridos, en medio del camino hacia las elecciones presidenciales del 18 de abril de 2027, las primeras sin Emmanuel Macron como candidato. En ese clima de fractura social, las palabras de Houellebecq sobre violencia y justicia trascienden lo literario.

Los franceses y la costumbre de la violencia

La conversación arrancó con un tema central: la normalización de la violencia en Francia. Houellebecq no recurrió a eufemismos:

«Quizás esto haya sorprendido en el extranjero, pero los franceses están empezando a estar acostumbrados a la violencia. Desde hace ya varios años, cada vez que hay algún evento que reúne a bastantes personas en las calles —y da igual si es una manifestación, una fiesta nacional, una final de fútbol— se producen pillajes. Siempre. Cada vez. Por eso no me ha impresionado tanto lo que ha sucedido. Es triste decirlo, pero los franceses nos hemos acostumbrado a la violencia.»

Ante la pregunta de si esa violencia responde al descontento social, el escritor fue tajante: «No es por el descontento, es porque ya no tienen miedo a la policía. Ni a la justicia, sobre todo». Y añadió: «Creo que ha habido un fracaso judicial: la gente tiene cada vez menos miedo a que les detengan. Así que no es difícil de entender que esto ocurra cada vez más.» Cuando se le preguntó cuándo comenzó ese deterioro, respondió con honestidad: «No lo sé, la verdad.» Sin teoría ni fecha, solo la constatación de un proceso que —según él— ya nadie se molesta en detener.

El autor atribuyó la repetición de los disturbios callejeros en Francia a la falta de temor ciudadano ante la policía y los tribunales.

El inesperado renacimiento religioso en Europa

Uno de los pasajes más llamativos fue su análisis del retorno de la fe. Houellebecq, cuya obra solía leerse como un diagnóstico del agotamiento espiritual occidental, reconoció que los datos lo obligaron a revisar su postura.

«Es lo que dicen las estadísticas, y yo creo en ellas: los bautizos están subiendo. Es algo raro, es un fenómeno que no sé cómo explicarlo realmente. Es algo que ha sido sorprendente, que ocurre en los últimos años, este fenómeno, este despertar espiritual. Es que nadie lo vio venir, ni una sola persona, nadie. Ni siquiera la Iglesia. Ellos son los primeros sorprendidos de lo que está sucediendo.»

Para explicar ese retorno, apuntó a una influencia poco convencional:

«Esto tiene mucho que ver con los jóvenes, y yo estoy muy lejos de ser joven… Es posible que estén siguiendo el ejemplo de los musulmanes, que creen que no es tan ridículo tener fe y adaptarse a ella. El catolicismo, en cierto modo, se ha beneficiado de eso.»

Sobre su propia relación con la fe, fue escueto: «Tengo un poco miedo, y además soy demasiado mayor para cambiar.»

Nihilismo, cigarrillos y control social

Houellebecq retomó la idea de que el universo se funda «en la separación, el sufrimiento y el mal», una intuición que afirmó tener desde 1995 y que aún mantiene. Sin embargo, rechazó el calificativo de nihilista. Su respuesta combinó precisión conceptual e ironía:

«Se ve como nihilista alguien que no comparte los valores de su tiempo, y yo no creo mucho en el progreso, tampoco en la salud. En general no comparto los valores que nos rodean. Una vez dije un poco en broma que te enciendes un cigarro y ya te consideran un nihilista. Y esto cada vez es más cierto.»

La mención al cigarrillo no fue casual: para él, fumar es una declaración de principios frente a lo que llama la «voluntad de control social». Señaló que la prohibición de los cigarrillos electrónicos, a pesar de no ser nocivos para terceros, demuestra ese afán de vigilancia. Llevó esa crítica a la pandemia de covid-19:

«Ya lo vimos durante el covid: mucha gente estaba realmente encantada, porque podía espiar y saber qué hacían sus vecinos o sus familiares, y los señalaba. Fue increíble.»

Houellebecq confirmó la redacción de un nuevo libro y recurrió a una cita de Marguerite Duras para defender el aislamiento durante la creación literaria.

La eutanasia: su mayor compromiso político

Houellebecq calificó la lucha por la eutanasia como «lo máximo de mi compromiso militante». Recordó el proceso legislativo en Francia, que pasó tres votaciones en la Asamblea Nacional y fue rechazado por el Senado. Con amargura explicó:

«Cada nueva votación reducía el porcentaje favorable. Si se hubiera seguido durante dos años más, la Asamblea hubiera rechazado este proyecto de ley… En eso fracasé. La gente que estaba en contra de la eutanasia fracasó, pero por muy poco.»

La paradoja es que él estaba en contra de la eutanasia, pero su fracaso consistió en que ese rechazo no llegara desde una convicción sólida sino por un accidente legislativo.

El misterio del bien y la superioridad de la bondad

El escritor de 70 años sostuvo que «es más fácil entender el mal que el bien». Incluso el altruismo le resulta un enigma: «Yo creo que nadie ha conseguido explicarlo. Nadie.» Ante la respuesta católica de que fuimos creados para el bien, respondió con ironía: «Sí, eso dicen los católicos en multiplicación. Pero también dicen que la fe es un misterio, así que un misterio nos remite a otro misterio. En eso consiste su explicación.» Sin embargo, no desdeña la bondad; al contrario, adoptó como propia una frase del compositor Ludwig van Beethoven que encontró en una postal:

«La única superioridad que reconozco es la bondad.»

Y recordó que al leerla pensó: «Eso era lo que yo pensaba. Nunca había tenido algo tan claro.»

Un nuevo libro en absoluto silencio

Al cierre de la entrevista, Houellebecq confirmó que trabaja en un nuevo libro, pero no dio ningún detalle: ni título, ni tema, ni fecha. Para justificar ese hermetismo, citó a la escritora Marguerite Duras:

«La escritura tiene que ver con la soledad. Si le dices algo a alguien, no podrían detener su reacción, y eso es demasiado intrusivo. Se escribe en la soledad.»

[Fotos y capturas de video: JA Festival]

Fuente: Infobae

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