Guayaquileños adelantan visitas a sus finados y mejoras en sus tumbas para evitar las aglomeraciones durante el Día de los Difuntos

Con una brocha delgada, Luis Latorre pintó de blanco las rejas de la lápida que contiene los restos de su padre, Luis Antonio Latorre, quien falleció hace 25 años. Al terminar los últimos retoques, colocó unas flores plásticas amarillas en la parte superior de la verja para adornar la última morada de su progenitor.

Latorre se tomó unas horas para limpiar y adecuar los sepulcros de sus padres, que están ubicado a unos 50 metros de distancia en el cementerio Ángel María Canals, en el suburbio de Guayaquil. Primero adornó el de su mamá, Luis María Rugel, y luego siguió con la tumba de su padre, pasado el mediodía del jueves 29 de octubre.

Este guayaquileño, de 68 años, aprovechó que tenía turno vespertino en su trabajo para realizar estas tareas durante la mañana. “Ya necesitaba una mano de pintura, porque (las rejas) estaban oxidadas. Unas dos veces al año vengo a limpiar y arreglarles la tumba”, comentó el ciudadano, quien destinó $ 8 en el tarro de pintura y $ 5 en el arreglo floral para dejar “bonitas” ambas bóvedas.

El domingo, aseguró, regresará para limpiar con diluyente un poco de pintura que se le regó en la cerámica de la tumba de su papá, a quien lo identificó como “buena gente, cargoso y chistoso, le encaba contar cachos”.

Latorre fue uno de los guayaquileños que visitó a sus parientes sepultados en este camposanto para evitar la aglomeración de personas que suelen copar estos espacios por el Día de los Difuntos, que se recuerda el 2 de noviembre.

Los esposos Deysi Barrios y Damián Matías, en compañía de su última hija (de 15 años) y de dos de sus nietas (de 8 y 5), también adecuaron el sepulcro de la mamá de Barrios, Auria Cárdenas, quien murió el pasado 20 de agosto a causa de una enfermedad pulmonar.

 

Los esposos Deysi Barrios y Damián Matías junto con su hija y nietas visitaron la tumba de su familiar, Auria Cárdenas, en el cementerio Ángel María Canals. Foto: Francisco Verni Foto: El Universo
Mientras ellos permanecían sentados bajo un parasol, que los protegía del intenso sol de esa tarde, un amigo de la familia le daba una mano de pintura a la lápida. “Falta otra pasada y, luego, le escribirán el nombre”, señaló la mujer, cuya progenitora era además su mejor amiga: “Yo le contaba todo y, aunque sé que ya no está, siento como si ella aquí me escucha”.

Barrios, quien reside en la isla Trinitaria, destacó que su mamá “me enseñó a ser mujer luchadora, que a pesar de todo uno tiene que salir adelante, y que así vengan las peores rachas en la vida hay que estar parada y siempre para nuestros hijos”.

Matías aseguró que decidieron hacer los arreglos el jueves porque tienen previsto viajar este domingo a la parroquia Pedro Pablo Gómez, en Jipijapa, Manabí, para visitar la tumba de su padre, Damián Matías, quien murió el 20 de marzo de 2025 por cáncer de estómago.

“Él era alegre, bromista, tantos recuerdos que se quedan con nosotros”, dijo Matías, quien después de visitar la tumba de su progenitor prevé descansar y disfrutar con su familia los días de feriado, que se extenderán hasta el martes 3 de noviembre, antes de retornar a la rutina de Guayaquil.

Alexandra Delgado, en cambio, no planea viajar. No tiene ánimo de nada tras la reciente pérdida de su hijo mayor, Nelson Ramírez, de 25 años.

“Era un buen hijo, muy respetuoso, jamás le escuché una mala palabra, al menos delante de mí no… era bailarín, bromista, alegre”, recordó la madre mientras secaba sus lágrimas, al pie de la tumba de su primogénito, que está techada y adornada con coloridas flores plásticas.

Delgado llegó desde Durán con parientes y amigos para adelantar la visita a la tumba de su hijo y así “evitar la aglomeración de la gente” que suelen abarrotar los camposantos el 1 y el 2 de noviembre.

Víctor Manuel Figueroa, de 80 años, limpió las bóvedas de sus padres y de su abuelita y les colocó flores, la tarde del jueves 29 de octubre, en el Cementerio General de Guayaquil. Foto: Francisco Verni Foto: El Universo
Víctor Manuel Figueroa, de 80 años, también decidió hacer un recorrido por las ‘moradas’ de sus padres, Leonardo Figueroa y María Choncha, y de su abuelita, Delfina Arellano, la tarde del jueves, en el Cementerio General de Guayaquil.

Con pañitos húmedos, limpió las lápidas de mármol y, luego, les puso unos arreglos florales que compró en los exteriores de la puerta 13. “Dios la necesitó y se me la llevó cuando yo tenía 6 años”, lamentó el adulto mayor que —reconoció— conserva pocos recuerdos de su mamá.

“Mi mamá era gordita y me acuerdo que yo jugaba a que amasaba su barriga”, contó y rememoró minutos antes de fallecer en un hospital la visitó: “Me vio llegar, abrió sus brazos y me abrazó, después de eso murió, ella me esperó”.

Pese a las siete décadas que han pasado, su ausencia sigue siendo dolorosa. La canción Flor sin retoño de Pedro Infante, que escuchó por primera vez cuando trasladaban el cuerpo de su madre hasta el camposanto, aún lo conmueve hasta las lágrimas. “Mis hermanos la gozaron, yo no, por eso siempre le he inculcado a mis hijos que amen y respeten a su madre porque no saben lo que tienen hasta que uno lo pierde”.

De su padre, en cambio, destacó su rol de proveedor, sus cuidados, la disciplina y ‘mano dura’ que tuvo con él y sus hermanos. “Le agradezco la mano estricta, es importante para un hijo varón para todo”.

En otro bloque estaba Emely Zambrano, de 27 años. Ella empujaba una escalera que le prestaron en el camposanto para llegar hasta la última fila, en donde reposan los restos de sus abuelos, José Zambrano y Andrés Delgado, quienes fallecieron hace 9 y 3 años, en su orden.

Emely Zambrano colocó flores en las tumbas de sus abuelitos, en el Cementerio General de Guayaquil. Foto: Francisco Verni Foto: El Universo
“Eran consentidores, José tenía unida a la familia, era el pilar. Ahora, cada quien cogió por su lado”, lamentó la joven, quien se tomó la tarde libre del jueves para llevarles flores a sus familiares.

“Aproveché en visitarlos hoy (jueves) porque mañana (viernes) en la tarde viajaré a Manabí a pasar estos días de feriado”, comentó la joven, quien pasará los cuatro días de descanso en Bahía de Caráquez, en donde se reunirá con sus tíos y primos.

Para Henry Pinta, el movimiento de familiares que han acudido durante estos días a visitar a sus difuntos ha sido “mucho menor” que años anteriores.

“En esta época, venía bastante gente, se veía por todo lado, pero estos días han llegado pocos, talvez por las lluvias no han venido”, comentó el trabajador que ofrece sus servicios para pintar lápidas a partir de $ 20. Ese jueves, aseguró, no había tenido ningún cliente hasta las 15:00: “Ojalá lleguen los próximos días”.

Para estos días, desde el sábado 31 de octubre y hasta el lunes 2 de noviembre, el Cementerio General impulsará la ‘Llamada del Corazón’ con ‘Estaciones del recuerdo’ en las puertas: 1, 8, 10, 13, y 15 del camposanto para que los visitantes dediquen unas palabras a sus parientes difuntos a través de un teléfono.

Esta actividad se dará a partir de las 10:00. También se dará una misa campal el lunes 2, a las 09:00 y a las 12:00, en la puerta 3, en conmemoración del Día de los Difuntos. (I)

fuente el universo

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