Guayaquil rinde homenaje a su época dorada con salsa y vinilos en la calle Panamá

La esquina de las calles Panamá e Imbabura comenzó a llenarse de personas que buscaban un lugar cerca de la tarima, antes del mediodía de este domingo 26 de julio. Técnicos terminaban de instalar los equipos de sonido, el DJ organizaba una selección de discos de vinilo y las primeras parejas ya se animaban a bailar sobre la calle peatonal.

El sitio quedó ocupado por familias, grupos de amigos y curiosos que llegaron para escuchar clásicos salseros como los éxitos de Frankie Ruiz, Héctor Lavoe y Tony Vega.

Junto con ellos estaban quienes con instrumentos de percusión, campana, rastrillo y metales daban compañía a la música.

El regreso de la salsa a las calles de Guayaquil
Jorge Franco, de 72 años, llegó temprano a bailar. Contó que la salsa lo ha acompañado desde joven y que actividades de este tipo le recuerdan las noches en las que permanecía en las pistas hasta la madrugada.

“Antes uno salía a bailar y regresaba a las tres de la mañana. Aunque al día siguiente dolieran los pies, valía la pena. Eso ya casi no se ve y por eso me gusta venir. Cuando me enteré, por supuesto que tenía que estar aquí. Yo voy a bailar hasta que los pies aguanten. La salsa es una de mis favoritas y al que le da vergüenza salir a bailar no lo lleva a ningún lado”, expresó antes de volver a la pista.

Junto con él se encontraban sus vecinos, quienes también disfrutaban del ambiente con botellas de agua que, a pesar de que no había mucho sol, era necesaria al bailar.

Una pasión generacional por el ritmo tropical
Más allá de la calle estaba una pareja que, con su coreografía, llamaba la atención. Ismael Gamboa asistió junto con su esposa, Ana María.

Ella contó que la afición por la salsa nació en casa y que ese género ha estado presente desde la niñez, por su hermana mayor, Minnie.

“Yo la acompañaba y poco a poco le fui cogiendo cariño al género. Ahora venimos los dos y hasta nuestra hija ya escucha esta música. El guayaquileño ama la salsa, el encebollado y el relajo”, comentó Ismael.

Así, con esa alegría, continuaron bailando y disfrutando del momento. Pero detrás de todos los discos está quien los ha cuidado por más de 40 años.

La colección de 40.000 discos de vinilo de Pablo Campoverde
Y esta es la colección de Pablo Campoverde. El guayaquileño explicó que conserva cerca de 40.000 discos de vinilo, una afición iniciada cuando muchas personas desechaban ese formato y él los recuperaba.

“Yo aproveché el momento, yo tengo muchos recuerdos de la música de antes, hay discos de rock que he llegado a vender hasta en $ 500”, relató. Agregó que el segundo piso de su vivienda está destinado a guardar la colección.

Suele estar en eventos, pero ahora ya no los realiza por temas de salud, tiempo y porque quien lo acompañaba, su hijo, falleció en época de COVID, siendo un pesar que no le ha permitido continuar como antes.

Mientras tanto, la música continuó durante el resto de la programación, con las parejas bailando y celebrando a la ciudad con gritos de “¡Viva Guayaquil!”.

Fuente: El Universo

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