El gol de Julián Álvarez frente a Suiza en los cuartos de final del Mundial 2026 parecía una misión casi imposible según las estadísticas. La métrica de goles esperados le otorgaba apenas un 3% de posibilidades de terminar dentro del arco. Sin embargo, la forma en que el delantero ejecutó el remate —la dirección elegida y la técnica aplicada— disparó esa cifra al 53%.
Corría el minuto 111 del tiempo extra en el Estadio Kansas City. El marcador estaba igualado 1-1 y Argentina llevaba varios minutos con un hombre de más sin poder vulnerar al arquero Gregor Kobel. En ese instante, José Manuel López le entregó el balón al “Araña” en el vértice izquierdo del área. El atacante, formado en River Plate, ajustó la pelota con un leve enganche hacia el centro y disparó con la derecha, clavando el esférico en el ángulo de la portería suiza. Ese tanto, que clasificó a la Albiceleste a las semifinales, nació de una decisión técnica que multiplicó por 17 las probabilidades estadísticas de que el balón terminara en la red.
Para comprender el dato proporcionado por Opta, es necesario separar sus dos componentes. El primero es el xG puro —goles esperados— que el modelo asigna a un remate según la posición en el campo, el ángulo disponible y la presencia de rivales en la trayectoria: en ese cálculo, el disparo de Julián valía 0,03, es decir, un 3%. El segundo componente incorpora variables de ejecución: hacia dónde apuntó el atacante y cómo golpeó el balón. Con esos factores integrados, la probabilidad se elevó al 53%. La diferencia entre ambos números —50 puntos porcentuales— refleja la dificultad de la zona elegida y la precisión con la que se ejecutó.
El propio Álvarez describió la jugada al finalizar el partido:
“Había pateado una antes, en esa me quedó el espacio, no me había salido nadie y decidí pegarle. La enganché hermosa, así que un golazo”.
La mención a un intento previo indica que el delantero ya había leído el espacio antes de que la jugada se repitiera.
El contexto del partido explica por qué el tanto tuvo el peso que tuvo. Argentina había abierto el marcador a los 9 minutos con un cabezazo de Alexis Mac Allister tras un córner de Lionel Messi —asistencia que convirtió a la Pulga en el máximo asistidor del torneo—, pero Dan Ndoye igualó a los 66 minutos. Con el 1-1 en el marcador y Breel Embolo expulsado por el VAR tras simular una falta de Leandro Paredes, el equipo de Lionel Scaloni gozó de superioridad numérica sin poder capitalizarla. Varios intentos de Messi, Mac Allister y Lisandro Martínez fueron contenidos por Kobel antes del tiempo extra.
Scaloni, conocido por su serenidad al borde del campo, tardó un instante en reaccionar tras el gol de Álvarez antes de emocionarse visiblemente. Minutos después, Lautaro Martínez aprovechó un rebote del arquero suizo ante un disparo de Thiago Almada para sellar el 3-1 definitivo.
“Mucho desahogo, estoy muy contento, se pusieron las cosas difíciles más allá de que teníamos uno más, pero sabíamos que si seguíamos yendo todos juntos el gol iba a llegar”, expresó Álvarez. Y agregó: “Todos los partidos del Mundial están siendo así, quedan dos partidos más, vamos a ir por todo”.
Qué son los xG

Los xG —sigla del inglés Expected Goals, o Goles Esperados— son una métrica estadística que mide la calidad de las ocasiones de gol en un partido de fútbol. En términos concretos, calculan matemáticamente la probabilidad de que un remate específico termine en el fondo de la red.
La escala va del 0 al 1: el 0 representa un tiro en el que es estadísticamente imposible convertir —0% de probabilidad—, mientras que el 1 equivale a un gol absolutamente seguro, con un 100% de chances. Para asignar ese valor numérico a cada remate, el sistema compara la jugada en tiempo real con una base de datos histórica de miles de tiros similares. Las variables que entran en juego al momento del impacto son la distancia al arco, el ángulo de tiro, la parte del cuerpo con la que se ejecuta el remate, el tipo de asistencia previa y el contexto defensivo: cuántos rivales bloquean la trayectoria y la posición exacta del arquero.
Esos factores determinan diferencias concretas entre jugadas. Un remate desde mitad de cancha tiene un xG de 0,01 —apenas el 1% de probabilidad de gol—, mientras que un tiro penal trepa a 0,79 (79%). Un pase al medio con el arco vacío, el llamado tap-in, alcanza el 0,95, es decir, el 95% de posibilidades de convertir.
Antes de que esta métrica existiera, el análisis del fútbol se apoyaba en estadísticas clásicas como “tiros al arco” o “tiros totales”. El problema de esa mirada es que no distingue la calidad de cada ocasión: un equipo puede acumular 15 remates desde 40 metros con un xG total de apenas 0,40 en todo el partido, mientras que otro, con solo 3 tiros —dos mano a mano y un penal—, puede sumar 2,10 xG. Los goles esperados permiten identificar qué equipo generó peligro real, más allá de si el balón entró o golpeó en el palo.
La similitud con el gol que le hizo al Real Madrid
El tanto ante Suiza no fue la primera vez que el cordobés ejecutó esa mecánica con ese resultado. El 4 de marzo de 2025, en el Estadio Santiago Bernabéu, por la ida de los octavos de final de la UEFA Champions League, el delantero del Atlético de Madrid repitió casi con exactitud la misma acción: enganchó dentro del área rival y colocó el balón al palo largo, esta vez ante Thibaut Courtois. El tanto contra los suizos evocó de inmediato aquella conversión en el clásico madrileño.
La similitud entre ambas jugadas —el enganche hacia el centro, el remate colocado al ángulo— no pasó inadvertida. Álvarez reconoció que en el partido ante Suiza ya había intentado algo parecido antes de que la jugada definitiva se concretara, lo que sugiere que la acción respondió a una lectura deliberada del espacio disponible y no a un recurso improvisado.
Con el boleto a las semifinales en el bolsillo, Argentina aguarda a Inglaterra este miércoles desde las 14:00 (hora de Ecuador) en Atlanta. El ganador de ese cruce se medirá al vencedor del duelo entre España y Francia el próximo domingo en el MetLife de Nueva Jersey.
Fuente: Infobae