El fenómeno del Niño muestra señales de consolidación que alimentarían la probabilidad de que se presente el evento climático en este 2026.
El avance de las anomalías cálidas en el Pacífico ecuatorial se mantienen. Por ello, expertos abordan los posibles impactos climáticos y ambientales para los próximos meses.
Durante el webinar “Monitoreo, perspectivas y preparación ante un potencial el Niño 2026-2027″, Rodney Martínez, representante de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), indicó que, bajo la superficie del mar, a unos 300 metros de profundidad, se observan anomalías térmicas de entre 5 y 6 grados centígrados por encima de lo normal en el Pacífico ecuatorial.
Las masas de agua cálida se desplazaron desde el Pacífico occidental hacia el centro y oriente del océano, acercándose a Sudamérica y aportando “el combustible necesario” para la evolución del fenómeno.
“El contenido de calor en la superficie del océano ha venido incrementándose desde enero y continúa mostrando un crecimiento”, explicó el experto.
Martínez recalcó que el evento del Niño no solo depende de las condiciones oceánicas, sino también de la atmósfera. En ese sentido, destacó que durante marzo, abril y nuevamente en mayo se registraron pulsos de viento provenientes del oeste que alteraron los vientos alisios habituales y facilitaron el transporte de calor hacia el Pacífico oriental.
Algunos de los valores actuales, citó el experto, muestran similitudes con eventos históricos como los de 1997-1998, 2015-2016 y 2023-2024.
Las observaciones más recientes, además, muestran una correlación consistente con el patrón clásico del Niño, incluyendo alteraciones en la circulación atmosférica del Pacífico.
Los modelos climáticos internacionales integrados por la OMM proyectan que el calentamiento del océano persistirá durante el resto del año y alcanzaría su pico entre agosto y noviembre de 2026.
“Lo que vemos hasta fin de año es una consolidación de este calentamiento en el océano”, manifestó.
Felipe Costa, del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno del Niño (Ciifen), explicó que los registros históricos muestran una relación directa entre el Niño y el incremento de lluvias en determinadas regiones del continente, mientras otras zonas presentan déficits de precipitación.
El especialista aclaró que no todos los eventos del Niño tienen el mismo comportamiento ni generan los mismos efectos. Explicó que existen distintos patrones de calentamiento oceánico que modifican la distribución de lluvias y temperaturas en la región.
Entre ellos mencionó un patrón “extraordinario”, caracterizado por un calentamiento simultáneo en el Pacífico central y oriental, asociado históricamente a lluvias intensas en la costa de Ecuador y el sur de Colombia.
“No todos los niños son iguales. Es importante entender qué patrón de calentamiento vamos a tener y cuáles serían los impactos”, sostuvo.
Según modelos climáticos, Costa explicó que el fenómeno comenzaría a consolidarse durante este semestre, alcanzaría su pico alrededor de noviembre y empezaría a debilitarse entre febrero y mayo de 2027.
Reiteró, sin embargo, que aunque los pronósticos están “hay que tener mucho cuidado, porque mientras más lejos del presente, mayor es la incertidumbre”.
Impactos que podría generar
Francesco Gaetani alertó de que los efectos del Niño se potencian peligrosamente en el actual contexto de cambio climático.
Por ejemplo, citó los impactos menos visibles, pero más críticos que ocurren en los ecosistemas marinos del Pacífico. Entre los efectos está que podría colapsar la producción de fitoplancton, base de la cadena alimenticia marina, lo que provoca alteraciones en los patrones reproductivos y migratorios de peces pelágicos, aves y mamíferos marinos.
“El Niño tiene un impacto directo sobre la fauna que vive en los océanos del Pacífico sudeste”, enfatizó.
También advirtió sobre el grave efecto que el calentamiento del mar genera en los arrecifes coralinos de zonas como las islas Galápagos, el golfo de Chiriquí, la Isla del Caño y Gorgona.
En tierra firme, Gaetani señaló que el Niño favorece sequías prolongadas en regiones vulnerables como la Amazonía, el altiplano andino, el corredor seco centroamericano y las cuencas del Magdalena y el Orinoco.
Estas sequías, explicó, generan pérdida de vegetación y crean condiciones propicias para incendios forestales más extensos e intensos.
En contraste, indicó que las lluvias torrenciales previstas para algunas zonas costeras de Sudamérica pueden provocar erosión del suelo y arrastre masivo de sedimentos hacia ríos y sistemas de agua dulce, alterando profundamente los ecosistemas acuáticos continentales.
Las acciones en Ecuador
Mariana Quispillo, de la Secretaría de Gestión de Riesgos, señaló que el Gobierno inició acciones preventivas frente a la evolución del fenómeno.
La estrategia busca pasar de una lógica de reacción a una gestión preventiva del riesgo.
En ese contexto, citó que en el país se declaró alerta amarilla en 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias del país, principalmente en zonas ubicadas por debajo de los 1.500 metros sobre el nivel del mar, históricamente afectadas por eventos del Niño.
La funcionaria indicó que la planificación no solo contempla riesgos por lluvias intensas, sino también posibles escenarios de déficit hídrico y sequías.
“Pasamos de una activación de vigilancia a una articulación preventiva y anticipada”, afirmó.
Quispillo agregó que la estrategia se desarrolla bajo una lógica multisectorial y multinivel para fortalecer la preparación ante posibles impactos climáticos y eventuales escenarios de recuperación posdesastre.
Desde la Secretaría de Gestión de Riesgos se explicó que, a través de las resoluciones del COE, se emitieron lineamientos dirigidos a los gobiernos autónomos descentralizados cantonales y provinciales para fortalecer acciones de prevención, mitigación, preparación, respuesta y recuperación frente a posibles impactos climáticos.
Las denominaciones del Niño
En cuanto a la intensidad del fenómeno, Rodney Martínez explicó que los análisis probabilísticos de la NOAA señalan que existe alrededor de “dos tercios de probabilidades” de que se configure un evento fuerte del Niño.
Sin embargo, aclaró que organismos internacionales como la OMM no reconocen términos como Superniño o Godzilla.
Los expertos exhortaron a las autoridades a reforzar el monitoreo climático y basarse únicamente en información oficial para la preparación frente a posibles impactos.
Además se recomendó revisar semanalmente las actualizaciones climáticas y seguir de cerca los pronósticos emitidos por los servicios meteorológicos nacionales.
Las recomendaciones de los expertos
Ante la posible consolidación del Niño, especialistas se enfocan en la planificación estratégica que permita crear la base para anticipar las crisis en lugar de improvisar.
En esa línea está el diseño de planes de contingencia con datos climáticos reales para coordinar recursos, proteger a las comunidades vulnerables y asegurar la seguridad alimentaria e hídrica antes de que los impactos sociales se agraven.
Otra de las recomendaciones es la restauración de cuencas, humedales y suelos que regulan el ciclo del agua frente a las sequías e inundaciones del Niño, garantizando recursos sostenibles a mediano plazo. También la lucha contra la deforestación. (I)
Fuente: El Universo