Ecuador suma un nuevo acuerdo comercial, esta vez con Canadá, una de las principales potencias del mundo. No se trata de firmar por firmar o decir que tengo más acuerdos que otro país, se trata de abrir puertas, de generar oportunidades para que los diversos actores del sector privado puedan aprovecharlas. Si bien el intercambio comercial entre Ecuador y Canadá no representa más allá del 2 % de todo el comercio internacional del país, tiene cifras interesantes a destacar, además de unas importantes perspectivas futuras de crecimiento; por ejemplo, a diciembre de 2024, el país cerró con un déficit comercial cercano a los $ 300 millones, reflejado en unas exportaciones que bordearon los $ 294 millones y unas importaciones que se ubicaron en los $ 593 millones. Un año más tarde, a diciembre de 2025, el déficit comercial se ubicó en tan solo $ 1,3 millones, con unas exportaciones que llegaron a cerca de los $ 563 millones, mientras que las compras realizadas a ese país fueron de $ 564,3 millones. Ese importante cierre en la brecha muestra el importante interés que existe hacia los productos ecuatorianos, que hoy se reflejan especialmente en enlatados de atún, productos de mar y minerales, mientras que lo que compramos de ese país especialmente está situado en tecnología, maquinaria agrícola y fertilizantes. A esta relación hay que añadir el importante interés de empresas canadienses en el sector minero del Ecuador, entre ellas Lundin Gold, que administra el proyecto Fruta del Norte en Zamora Chinchipe, que para el primer semestre de este año se ubicó en el tercer lugar provincial en recaudación tributaria, desplazando a Azuay y Manabí y colocándose detrás de Guayas y Pichincha; asimismo, cantones como El Pangui y Yantzaza, de ser los últimos en recaudación tributaria hace diez años, ahora están entre los 20 primeros. Lo anterior nos muestra cómo una apertura comercial inteligente y adecuadamente negociada permite que más allá de que el país se inserte en el mundo, es atraer inversión y recursos hacia el país; porque, a más del interés en el sector minero, despertará atractivo en sectores como el agrícola y el piscícola, llevando a la creación de puestos de trabajo tanto directos como indirectos en los próximos años.
El comercio exterior siempre ha sido un fiel reflejo de los deseos de la humanidad, desde los tiempos bíblicos, llevando a generar intercambios entre las distintas sociedades con el afán de satisfacer sus necesidades y mejorar sus posibilidades de crecimiento. Un ejemplo de ellos es Chile, que hacia el 2005 fue uno de los primeros países en el mundo en alcanzar los objetivos del milenio de ese entonces gracias a la apertura comercial; tengamos presente que quienes gobernaban para esos años eran los partidos y movimientos de izquierda agrupados en la Concertación, lo que demuestra que la apertura comercial no es ideología, sino pragmatismo, y eso es lo que enhorabuena estamos viendo en el país. Los acuerdos comerciales generan oportunidades y sientan las bases para el crecimiento y el desarrollo de largo plazo, permitiendo a los productores y exportadores ecuatorianos mejorar su competitividad, alcanzar nuevos mercados, diversificar su oferta exportable, pero sobre todo la creación de empleo y generación de riqueza. Sigamos alcanzando acuerdos con diversos países del mundo, en los que los criterios técnicos pesen más que los políticos e ideológicos que hace 20 años enrumbaron el comercio exterior del Ecuador y relegaron al país a estar detrás del avance de países vecinos. (O)
Jorge Calderón Salazar, académico y analista económico, Guayaquil