Kylian Mbappé ya está en la capital. Aterrizó este lunes a las 11:16 horas en el aeropuerto madrileño —según avanzó El Chiringuito—, 45 minutos después de que sus compañeros iniciaran el entrenamiento en Valdebebas.
El francés tiene previsto ejercitarse de nuevo este martes en la Ciudad Deportiva Real Madrid. Sin embargo, su regreso dista mucho de ser calmado. Tras diez días convulsos que comenzaron con una lesión en su rodilla izquierda justo después de anotar el gol de la victoria ante Turquía con la selección francesa, el delantero afronta su retorno con un ambiente enrarecido y el murmullo de fondo de una afición que no oculta su malestar antes de arrancar un mes crucial.
El detonante del rebote blanco no ha sido la lesión en sí, sino la gestión de la misma. Lo mismo que ya ocurrió la temporada pasada, también en vísperas de un Clásico. El abandono inmediato de la concentración francesa con el argumento oficial de «curarse» no se ha traducido en una estancia de recuperación y repsoso disciplinado en Madrid. En lugar de tratarse y someterse al seguimiento diario del cuerpo médico en la ciudad deportiva, los desplazamientos a posteriori del atacante han generado perplejidad e indignación en el madridismo. Resulta difícil de comprender que la rehabilitación no se ejerza de principio a fin en las salas de fisioterapia de Valdebebas.
Para colmo de males, la exposición pública de Kylian durante este periodo tampoco ha ayudado a apagar el fuego. Los vídeos compartidos en sus stories montando en bicicleta mientras arrastraba molestias de rodilla, sumados a detalles institucionales o mediáticos como el gesto con las camisetas en apoyo a Ceuta, han sido interpretados por un sector de la hinchada como muestras de desconexión e ignorancia con la exigencia del club. En un entorno donde el compromiso y el sentimiento de escudo por parte de los jugadores viene careciendo desde hace unos años en la casa blanca, cada metedura de pata genera el descontento popular de los aficionados.
Todas las miradas apuntan ahora al partido de este sábado ante el Villarreal en el Bernabéu, donde Mbappé podría reaparecer en la convocatoria. La masa social del Real Madrid se prepara para expresarle su veredicto mientras el francés vuelve a la que es su casa, pero esta vez lo hace en un ambiente tenso y con el aviso de pitada resonando por Chamartín. Mbappé está más pendiente de recibir la alfombra roja en la gala del balón de oro que en ganarse el madridismo de manera unánime. Algo que en estos momentos, sin alegrías y sin un equipo reconocible, al madridismo le sienta a cuerno quemado.