La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) ha decidido prolongar hasta el próximo 30 de septiembre su recomendación a las aerolíneas de evitar operar en el espacio aéreo del Golfo Pérsico –que abarca Baréin, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos–, así como en el Golfo de Omán y los territorios de Irán, Irak, Jordania y Líbano. La medida responde a la inestabilidad generada por el conflicto militar en la región.
Las alertas más severas se concentran en Teherán y Bagdad, donde se recomienda no ingresar al espacio aéreo a ninguna altitud ni nivel de vuelo. A diferencia de otros países, en estos dos no se contemplan excepciones.
Según la entidad europea, los “impredecibles” acontecimientos militares, sumados a la presencia y el posible uso de una amplia gama de armas y sistemas de defensa aérea, generan un “alto riesgo” para los vuelos civiles a todas las altitudes y niveles de vuelo en ambos territorios.
Por ello, la EASA insta a las aerolíneas a monitorear de cerca la evolución del espacio aéreo en esos países y a seguir todas las publicaciones aeronáuticas disponibles, en especial los cierres o restricciones emitidos por las autoridades estatales, junto con las directrices de sus respectivas autoridades nacionales.
En el caso de Líbano, el organismo advierte que existe un “alto riesgo” en el espacio aéreo, excepto para las operaciones que parten del mar hacia el Aeropuerto Internacional de Beirut y las salidas que finalizan sobre el mar.
Respecto a Jordania, aunque en agosto la situación mejoró significativamente sin que se registrara actividad cinética, la agencia señala que si el entorno de seguridad regional volviera a deteriorarse, el espacio aéreo jordano quedaría expuesto nuevamente a riesgos adicionales.
En cuanto al Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, el texto de la EASA indica que, si bien los riesgos sobre las aguas del Golfo Pérsico “siguen siendo elevados”, las operaciones necesarias para las llegadas o salidas de aeródromos dentro de las FIR (Región de Información de Vuelo) afectadas pueden realizarse con las medidas de mitigación adecuadas, siempre que se basen en una evaluación de riesgos actualizada y un monitoreo continuo.
La agencia añade que “también persisten riesgos residuales sobre el territorio terrestre de los Estados afectados, donde los operadores deben seguir extremando las precauciones y tener en cuenta la posible actividad de misiles y drones, las operaciones de defensa aérea y la caída de escombros”.
Origen del conflicto y sus riesgos para la aviación
El 28 de febrero pasado, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques militares contra objetivos en territorio iraní. En respuesta, Irán realizó ataques de represalia, lo que desencadenó un conflicto que elevó los riesgos no solo para el espacio aéreo de Irán, sino también para los Estados vecinos que albergan bases militares estadounidenses o se vieron afectados de alguna manera por las hostilidades y las actividades militares asociadas, incluidas las interceptaciones.
Posteriormente, el 8 de abril se anunció un alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán, que se mantuvo vigente hasta el 17 de junio, fecha en la que ambas partes firmaron un memorando de entendimiento que lo prorrogó por 60 días más. Sin embargo, la EASA califica su aplicación como “frágil”, ya que las tensiones se mantienen en un nivel elevado.
La agencia europea concluye que “los recurrentes ataques iraníes contra buques mercantes y los esfuerzos por controlar el estrecho de Ormuz crean riesgos no solo para el espacio aéreo circundante, sino que también aumentan la probabilidad de acciones de represalia que podrían afectar directamente al espacio aéreo iraní”.
Fuente: Infobae