El presidente Donald Trump recibió a su homólogo chino Xi Jinping en la Casa Blanca en lo que significó la primera visita de Estado de un líder chino al recinto en más de diez años. La jornada combinó una recepción protocolar sin precedentes con declaraciones firmes sobre los principales puntos de conflicto entre las dos economías más grandes del mundo. Tras más de tres horas de encuentro, Trump resumió el diálogo ante la prensa con una frase escueta:
«Gran reunión. Gracias.»
Trump marcó el tono desde temprano al referirse a una «extraordinaria amistad» construida con Xi desde el año 2016. Durante los comentarios de apertura, según reportó la agencia Associated Press (AP), el mandatario estadounidense señaló:
«Desde mi primera elección en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad, una amistad verdaderamente grande, en realidad, construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos.»
Por su parte, Xi Jinping adoptó un discurso más contundente. El líder chino afirmó que los intereses de ambos países están «profundamente entrelazados» y que la competencia «debería ser sana y mantenerse dentro de límites». Además, reiteró su advertencia sobre la llamada trampa de Tucídides, teoría que sostiene que el ascenso de una potencia frente a otra puede derivar en guerra.
En sus palabras junto a Trump, Xi enfatizó que ambos países deben asegurar que «no haya conflicto ni confrontación entre nosotros». También advirtió que el desarrollo de la inteligencia artificial debe permanecer «siempre bajo control humano», en contraste con la postura de Trump, quien ha minimizado los riesgos de la tecnología. Xi subrayó que ambas naciones
«tienen la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA para bien y garantizar que su desarrollo esté siempre bajo control humano y sirva al bienestar de la población».
Los ministros de Finanzas de ambas potencias se habían reunido durante la semana, oportunidad en la que Washington propuso un nuevo «mecanismo de notificación» para incidentes vinculados con la IA entre ambos países.

Ya en el Despacho Oval, Xi instó a Trump a mostrar «prudencia» respecto a Taiwán y a oponerse a la independencia de la isla, que Pekín reclama como territorio propio. China ha presionado a Washington para que suspenda permanentemente la venta de armas a Taiwán, un reclamo que ya se había planteado durante el encuentro bilateral en mayo pasado. Tras esa cita, Trump había señalado que congelaba la aprobación final de un paquete armamentístico valorado en 14.000 millones de dólares y describió las ventas de armas a Taiwán como una «muy buena carta de negociación» frente a China.
En cuanto a Irán, Xi instó a Trump a poner fin a la guerra «a través de la negociación lo antes posible». Según se informó, China ha compartido inteligencia con Teherán y se ha resistido a las presiones económicas de Washington para forzar un acuerdo. Pekín también condenó la acción militar de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes, y Xi expresó su preocupación de que el conflicto significara un retorno a lo que calificó como la «ley de la selva».

La bienvenida había comenzado el miércoles, cuando Trump recibió personalmente a Xi en la Base Conjunta Andrews, cerca de Washington: la primera vez en más de seis décadas que un presidente estadounidense recibe en persona a un jefe de Estado extranjero en ese lugar. Trump comentó que Xi, de 73 años, lucía «fuerte, vibrante y en forma», en referencia a rumores recientes sobre la salud del líder chino.
Este jueves, una ceremonia formal en el jardín sur de la Casa Blanca dio inicio a la agenda, con un desfile militar sobre el jardín de las rosas, recientemente repavimentado, y un sobrevuelo de aviones militares estadounidenses, entre ellos un bombardero B-2 del mismo tipo que atacó instalaciones nucleares iraníes el año pasado.
En el Despacho Oval, Trump bromeó diciendo que la prensa china era la más amigable, comentario que llegó días después de que la Casa Blanca vetara el acceso a los medios CNN, MS Now y Politico, que regresaron ese mismo jueves tras una orden judicial. Más tarde, Trump llevó a Xi a recorrer el nuevo helipuerto construido en la residencia presidencial y lo invitó a subir al Marine One, uno de los equipos militares más exclusivos y sensibles de Estados Unidos. Ambos líderes ignoraron las preguntas de los periodistas sobre Irán, Taiwán, el tráfico de fentanilo y el magnate de medios prodemocracia encarcelado en Hong Kong, Jimmy Lai.

Xi anunció además que China invitará a 100.000 jóvenes estadounidenses a estudiar e intercambiar en el país durante los próximos cinco años y que enviará dos pandas al zoológico de Atlanta, a los que calificó de «embajadores de la amistad» que se presentarán ante el público estadounidense en pocos días. Por la noche, Trump y la primera dama, Melania Trump, ofrecerán una cena de Estado con un menú que incluye velouté de zapallo amarillo, róbalo con costra de sésamo y cremoso de vainilla con helado de miel de la Casa Blanca, según informó la Casa Blanca. El brindis estará dedicado a la memoria del ex presidente Richard Nixon, cuyo viaje de 1972 a China derivó en el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1979 y en la ruptura simultánea de los vínculos formales con Taiwán.
Mientras los mandatarios se reunían, las primeras damas, Melania Trump y Peng Liyuan, visitaron el Museo Nacional de Arte Asiático del Instituto Smithsonian en Washington.
En un gesto de avance concreto, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció el miércoles una extensión de dos meses de la tregua comercial que estaba prevista para expirar el 10 de noviembre. Bessent difundió la noticia poco después de la llegada de Xi a Washington, según informó a la cadena Fox News.
Tanto Trump como Xi tienen motivos para sostener la tregua. El Partido Republicano de Trump enfrenta un escenario adverso de cara a las elecciones legislativas de noviembre y difícilmente pueda permitirse una nueva disrupción económica, mientras que Xi enfrenta una economía china desigual, con un mercado interno debilitado y un sector exportador de alta tecnología que se mantiene firme.
El despliegue de recepción para Xi generó cuestionamientos de legisladores de ambos partidos y de algunos aliados de la Casa Blanca. El senador de Misisipi Roger Wicker, republicano, declaró según la agencia Associated Press:
«Sinceramente, si la Casa Blanca me hubiera pedido consejo, yo habría sugerido que el presidente no invitara a Xi Jinping a Washington para una bienvenida tan lujosa en Estados Unidos, dados todos los temas preocupantes que tenemos con el presidente Xi y el Partido Comunista Chino.»
Se trata del segundo cara a cara entre ambos líderes en lo que va del año, luego del viaje que Trump realizó a Pekín en mayo. Es, además, la primera visita de Estado de Xi a la Casa Blanca desde 2015, cuando se reunió allí con el entonces presidente Barack Obama.
Pekín también se mostró incómodo por la operación militar que Trump ordenó este año para desplazar del poder al presidente venezolano Nicolás Maduro y trasladarlo a Nueva York, donde enfrenta cargos federales por narcoterrorismo y tráfico de drogas. Trump ha presionado desde entonces a las naciones latinoamericanas para que reduzcan sus vínculos económicos y políticos con China, y justificó el impulso de una mayor participación estadounidense en la industria petrolera venezolana señalando la influencia china y rusa en el país sudamericano.
Fuente: Infobae