La selección española, reconocida por su toque y juego colectivo, finalmente ha alcanzado el día más esperado en los últimos 16 años. Su camino hacia esta final ha sido de menor a mayor, alcanzando su punto más alto en el contundente triunfo ante Francia. Sin embargo, esta vez el rival es de otra categoría: Argentina no se parece en nada a la temerosa Portugal, a la tímida Bélgica ni a la desorientada Francia. Aunque el equipo de Lionel Scaloni es valiente y combativo por naturaleza, ha mostrado ciertas fisuras tácticas que el cuerpo técnico de Luis de la Fuente podría aprovechar en la preparación de esta final, considerada la mejor y más atractiva de los últimos tiempos.
Argentina, actual campeona del mundo, ha arrastrado un problema recurrente en una zona específica del campo que aún no ha logrado corregir. A lo largo del torneo, el equipo albiceleste ha evidenciado fallos en el costado derecho de su defensa, justo por donde suele actuar el lateral del Atlético de Madrid, Nahuel Molina. Estos errores puntuales pero repetitivos se han manifestado en varios partidos de la fase eliminatoria.
En el duelo de prórroga contra Cabo Verde, el segundo gol de la gran sorpresa del Mundial fue una obra de calidad gracias al disparo de Sidny Lopes, pero en la jugada previa, los africanos llevaron constantemente el balón hacia la izquierda de su ataque para abrir la defensa por el sector que defendía Molina en ese momento.
Asimismo, Egipto, en los octavos de final, explotó esa misma banda y estuvo a punto de herir a la albiceleste en instantes clave. Tanto en el gol anulado por una falta previa a Lisandro Martínez como en el tanto que significó el 2-0 para el equipo africano, la defensa argentina, volcada al ataque, retrocedió de forma desordenada y quedó descompensada en el lateral derecho defensivo, donde Nahuel Molina y Rodrigo De Paul intentaban cubrir el espacio.
De manera similar, Suiza, en los cuartos de final, atacó sistemáticamente ese mismo flanco. Dan Ndoye buscó desbordar a Molina durante largos tramos del segundo tiempo, hasta que logró el gol del empate parcial tras combinar con el lateral izquierdo Ricardo Rodríguez, meterse al área y definir ante la salida de Emiliano ‘Dibu’ Martínez.
Incluso el gol de Inglaterra se gestó con un ataque por la izquierda, ejecutado por el reciente fichaje del FC Barcelona, Anthony Gordon, quien le ganó claramente la espalda a Molina.
La clave del éxito español
La astucia de Lionel Scaloni, quien aprendió en su curso de entrenador de Luis de la Fuente —a quien admira y respeta—, seguramente buscará evitar que esos errores puntuales se repitan en una final mundialista. Ya sea que Nahuel Molina o el ex Sevilla, Gonzalo Montiel, defiendan ese sector, el problema persiste. Y precisamente por ese lado del campo irrumpirá el mejor lateral izquierdo del Mundial: Marc Cucurella.
Porque si algo ha brillado en la España de De la Fuente a lo largo del campeonato, ha sido el enorme trabajo de sus laterales. La profundidad de Cucurella y también de Pedro Porro fue determinante en varios encuentros. El nuevo futbolista del Real Madrid, junto a Álex Baena —compañero de Molina en el equipo de Diego Simeone—, podría convertirse en la llave del éxito.
Por supuesto, el manejo del balón de Pedri y los regates de Lamine Yamal serán fundamentales en New Jersey, pero si Cucurella logra pisar el área con precisión, España puede alcanzar la gloria.
Fuente: Infobae