Nicole Sepulveda, de 25 años, hija única y residente en Ecuador, atravesó meses de angustia y búsqueda incansable tras la desaparición de su padre. En un relato detallado, la joven narró la historia de John Jairo Sepulveda, un exsoldado pensionado de 43 años, retirado del Ejército Nacional de Colombia, cuya aspiración de un mejor futuro económico lo condujo al centro del conflicto bélico en Europa del Este.
La odisea de John Jairo comenzó a inicios de año, seducido por la promesa de un contrato laboral lucrativo, una suma importante de dinero y supuestos beneficios. Aceptó trasladarse a Rusia con la intención de unirse al ejército ruso, aunque ignoraba las condiciones reales y la gravedad del escenario.
“Mi papá sabía que viajaba con la intención de incorporarse al ejército ruso; sin embargo, lo que él no sabía eran las condiciones reales ni la gravedad de lo que estaba sucediendo allá”
Según la información previa que recibió, sus funciones serían de apoyo logístico como motorizado.
El 27 de marzo de 2026, John Jairo abordó un vuelo desde el Aeropuerto Internacional El Dorado en Bogotá con destino a Estambul, Turquía, y luego hacia Moscú. Viajó junto a un antiguo compañero del ejército colombiano. Ninguno dominaba el idioma ruso, una limitación crítica que dificultó cada paso de su estancia. Sin entender la lengua ni las cláusulas, firmó contratos redactados completamente en ruso cuyo contenido real desconocía.
Al llegar a territorio ruso, la realidad distó mucho de lo ofrecido. Recibió un adiestramiento militar exprés de apenas diez días y luego fue enviado al frente de batalla. La última comunicación directa con Nicole ocurrió el 15 de mayo de 2026, fecha a partir de la cual prácticamente desapareció para su familia. El teléfono enmudeció; la falta de señal en zonas de conflicto pareció explicación lógica al inicio, pero con el paso de las semanas el silencio se volvió desgarrador.
Tiempo después, la familia recibió noticias del compañero de viaje de John Jairo, quien había resultado herido en combate y estaba hospitalizado en Moscú. Bajo constantes amenazas para evitar que filtrara información, el soldado comunicó una trágica versión: John había fallecido en la trinchera durante la denominada “Operación Vivaldi”.
La incertidumbre llegó a instancias oficiales. Verónica García, presuntamente funcionaria del Ministerio Público, confirmó a la familia el 17 de julio que el padre de Nicole había muerto en combate, tras reiteradas consultas y pedidos de información. No obstante, nunca entregó un certificado de defunción original ni documento legal que lo acreditara, e instaba insistentemente a la joven a viajar a Rusia para recuperar el cuerpo de su padre.

El video que reveló la verdad
A pesar del dictamen oficial y del impacto emocional, el instinto de Nicole la impulsó a seguir buscando a través de redes sociales, grupos de Telegram y comunidades de familiares de desaparecidos. La confirmación real llegó mediante un chatbot de búsqueda de prisioneros en Ucrania: John Jairo no estaba muerto. Había sido capturado el 26 de mayo de 2026 por tropas ucranianas durante su primera misión militar y trasladado a un centro de detención como prisionero de guerra.
Días después, la confirmación visual fue irrefutable. A través de un video difundido en redes sociales y un registro grabado enviado directamente a Nicole desde el chatbot, vio a su padre vistiendo uniforme de cautivo, declarando ser colombiano y confirmando que permanecía prisionero en Ucrania desde el 26 de mayo. En la grabación, el exsoldado clama por ser incluido en un canje de prisioneros para ser devuelto a casa.
¿Qué hacer si un familiar es capturado por el ejército ucraniano?
Frente a la parálisis institucional y las respuestas ambiguas de las cancillerías latinoamericanas, se consultó al abogado peruano Percy Salinas, experto en la documentación y defensa legal de casos de combatientes latinoamericanos en el conflicto ruso-ucraniano. El jurista precisó el marco legal internacional que rige sobre estos combatientes capturados en combate:
“Según la norma internacional, un combatiente detenido en una situación de guerra es considerado prisionero de guerra y queda sometido al fuero militar. En Ucrania, estas personas enfrentan procesos judiciales bajo acusaciones que contemplan la participación en hostilidades o traición”
De acuerdo con el jurista, las repercusiones jurídicas contemplan tres escenarios posibles para los capturados:
- La pena máxima estipulada en fuero militar
- Penas de 15 años en Ucrania
- La posibilidad de negociar mediante auxilio legal o amnistía que la pena impuesta sea cumplida en su país de origen a través de mecanismos de repatriación o extradición
Salinas fue enfático al señalar las falencias de las cancillerías latinoamericanas al desestimar los registros audiovisuales difundidos en redes como pruebas insuficientes. Para el especialista, las familias no necesitan desplazarse a la zona de conflicto ni realizar viajes costosos, ya que los procedimientos formales se gestionan de manera virtual.

“Lo primordial en estos casos es obtener lo que legalmente denominamos la ‘prueba de vida’ por los canales oficiales. Se debe presentar un trámite documentario estructurado ante el Ministerio de Defensa de Ucrania y las embajadas correspondientes (como las sedes diplomáticas concurrentes situadas en Estambul). Una vez que el gobierno ucraniano responde formalmente ratificando la detención, la fecha exacta de captura y el estado del proceso judicial, la Cancillería del país de origen tiene la obligación constitucional de activar las acciones diplomáticas necesarias para solicitar la repatriación o asistencia consular del compatriota”, detalló el abogado.
Hoy, Nicole continúa enviando solicitudes a la Cancillería de Colombia, la Cruz Roja Internacional y la Defensoría de Ucrania. Su único objetivo es obtener el documento oficial que certifique el paradero de su padre y permita iniciar las gestiones diplomáticas para traerlo de regreso a casa.
Fuente: Infobae