China alimenta misiles iraníes con químicos: informe revelador

La capacidad destructiva de Irán no se explica solo por sus propios medios, sino por el creciente respaldo de China y Rusia. Así lo sostienen Bradley Bowman y Cameron McMillan en un artículo publicado en The Washington Post. Ambos analistas afirman que esa asistencia ha permitido al régimen de Teherán mantener su influencia, intensificar sus ataques y aumentar su poder de negociación en medio del conflicto regional.

Bowman, coautor del libro Axis of Aggressors: Countering the Cooperation of China, Russia, Iran & North Korea, se desempeña como director senior del Center on Military and Political Power en la Foundation for Defense of Democracies. McMillan es analista senior de investigación en la misma institución. Ambos ubican su análisis en un contexto marcado por las demandas iraníes para reabrir el estrecho de Ormuz y lo que denominan una actitud desesperada de Washington hacia el régimen persa.

Según los autores, una parte fundamental de esta ecuación es que China y Rusia han reforzado a Irán de forma que incrementa su capacidad ofensiva y su margen diplomático. Advierten que si Estados Unidos ignora ese respaldo, el régimen iraní se volverá aún más peligroso, lo que presionaría las reservas militares estadounidenses, agravaría la situación en el estrecho de Ormuz y podría provocar más bajas en futuros enfrentamientos.

Drones e inteligencia rusa

Bowman y McMillan señalan que ni China ni Rusia intervinieron cuando Israel y Estados Unidos atacaron en junio de 2025 instalaciones nucleares y militares iraníes, dejando a Irán defendiéndose solo. No obstante, afirman que el apoyo ruso sí se intensificó cuando Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones militares contra Irán en febrero de ese año.

En ese momento, Moscú incrementó su ayuda con drones e inteligencia, fortaleciendo las capacidades ofensivas iraníes. Los autores detallan que Rusia colaboró con la campaña iraní de ataques con vehículos aéreos no tripulados al compartir tácticas y tecnologías probadas en el campo de batalla de Ucrania.

Para Bowman y McMillan, el uso masivo de drones por parte de la república islámica contra fuerzas de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente se ha vuelto una de las herramientas más efectivas de Teherán. Como prueba, mencionan que el 1 de marzo un dron iraní impactó un centro de operaciones estadounidense en Kuwait, matando a seis soldados norteamericanos.

Asimismo, aseguran que Rusia entregó imágenes satelitales y otras formas de inteligencia para facilitar ataques iraníes contra posiciones militares de Estados Unidos en la región. Esta asistencia, sostienen, probablemente mejoró la capacidad de Teherán para apuntar contra fuerzas estadounidenses y activos de alto valor, como radares y centros de mando y control, con drones y misiles balísticos.

Los autores citan otro episodio para ilustrar ese salto en la capacidad iraní: el 17 de julio, tres soldados estadounidenses murieron en Jordania por un ataque iraní con misil balístico.

China sostuvo el programa iraní de misiles balísticos

El respaldo de China, según Bowman y McMillan, no ha sido pasivo ni marginal. Los autores afirman que Beijing ha suministrado durante mucho tiempo a Teherán apoyo de doble uso, es decir, insumos y tecnologías que pueden tener aplicación tanto civil como militar.

ARCHIVO: Un cartel con una imagen del presidente de EEUU, Donald Trump, junto a un sistema de misiles iraní en la plaza Azadi de Teherán, Irán, el 30 de julio de 2026 (Reuters)

Esa ayuda se ha evidenciado con especial claridad en el programa iraní de misiles balísticos. Explican que China ha suministrado a Irán productos químicos como el perclorato de sodio, que puede utilizarse para producir perclorato de amonio.

Este segundo compuesto, subrayan, está controlado por el Régimen de Control de Tecnología de Misiles, un acuerdo multinacional para limitar la proliferación de misiles. También recuerdan que el perclorato de amonio puede usarse en motores cohete de combustible sólido, que impulsan la mayoría de los misiles balísticos.

Los envíos chinos se mantuvieron constantes

Los autores describen una secuencia continua de entregas. Indican que en enero de 2025 dos buques de carga iraníes partieron desde China con más de 1.000 toneladas de perclorato de sodio.

Añaden que para junio de 2025 Teherán había realizado un nuevo pedido de perclorato de amonio a través de una sociedad de cartera con sede en Hong Kong. Esta continuidad, según los autores, demuestra que la cadena de abastecimiento no fue un hecho aislado.

También recuerdan que el 29 de abril de 2025 el Departamento del Tesoro sancionó a entidades iraníes y chinas por suministrar ingredientes de combustible para misiles al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Según la formulación citada por los autores, esa red “facilitó la adquisición de perclorato de sodio” desde China hacia Irán.

El apoyo chino siguió después de los ataques de junio

Para los autores, la asistencia no se interrumpió tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán en junio de 2025. Con base en fuentes de inteligencia europeas, afirman que China envió unas 2.000 toneladas de perclorato de sodio en varios cargamentos que empezaron a llegar el 29 de septiembre del año pasado, mientras Teherán intentaba reconstituir sus reservas de misiles balísticos.

Bowman y McMillan sostienen que incluso durante la guerra de este año los envíos químicos chinos parecieron continuar. Como respaldo, mencionan datos de seguimiento marítimo según los cuales dos barcos sospechados de transportar perclorato de sodio llegaron a Irán en marzo.

Beijing también aportó vigilancia

Los autores amplían el alcance del apoyo chino más allá de la producción de misiles. Afirman que la ayuda de Beijing a la capacidad iraní para amenazar a la región también incluyó vigilancia.

Según Bowman y McMillan, en 2024 la Guardia Revolucionaria adquirió un satélite de vigilancia chino que había sido lanzado previamente por China. Añaden que Teherán lo habría utilizado para apuntar contra fuerzas de Estados Unidos.

Bowman y McMillan advierten que una reacción débil de Washington invitaría a más ayuda para Irán mientras intenta reconstruir su arsenal y su base industrial de defensa. Entre las posibilidades, mencionan la entrega de cientos de sistemas portátiles de defensa aérea QW-12 y FN-16 de fabricación china.

Su planteamiento es que el objetivo debe ser castigar, bloquear y disuadir a China y Rusia de seguir apuntalando a Irán. Desde esa lógica, proponen una serie de medidas concretas para Estados Unidos y sus aliados.

Piden aumentar el apoyo de inteligencia y municiones para ataques ofensivos ucranianos. También reclaman imponer sanciones a Beijing si proporciona a Irán sistemas de armas o componentes militares de peso.

Los autores suman otra exigencia: que Estados Unidos y sus aliados intercepten los cargamentos químicos chinos que fortalecen el programa iraní de misiles balísticos. Finalmente, sostienen que el Congreso debería exigir un informe anual de la comunidad de inteligencia sobre el apoyo chino de doble uso a Irán y compartir esa información con los socios de Estados Unidos.

Fuente: Infobae

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