El año 2026 se ha convertido en el tercero más catastrófico para los incendios forestales en la Unión Europea desde que existen registros. Hasta el cierre del año, las llamas consumieron aproximadamente 680.000 hectáreas, de acuerdo con el informe final de Zero Carbon Analytics. España fue el epicentro de esta crisis, sumando 301.106 hectáreas, lo que representa el 44% del total europeo, una cifra que supera en 3,4 veces su promedio anual. El momento más crítico se registró en julio, cuando el país alcanzó un récord histórico mensual, un 21% por encima de su anterior marca de 2022, y junto con Francia concentró cerca del 70% del terreno calcinado en toda la UE durante ese periodo.
Entre las emergencias más graves del verano destacó el incendio de Ávila, que arrasó 44.000 hectáreas y se convirtió en el mayor y más destructivo fuego jamás registrado en la historia de España. De esa superficie, 39.308 hectáreas correspondían a tierras de cultivo —terrenos arables, pastos, olivares, viñedos y frutales—, lo que asestó un duro golpe a la agricultura regional. La magnitud del siniestro obligó a declarar el estado de emergencia en Ávila y Madrid, y a evacuar a 80.000 personas.
Este comportamiento extremo responde al fenómeno conocido como latigazo hidroclimático (hydroclimate whiplash). Meses antes del gran incendio, España vivió un enero excepcionalmente húmedo —el más lluvioso en 25 años— que impulsó un crecimiento masivo de vegetación, seguido de una sequía severa y olas de calor estivales que secaron rápidamente la materia orgánica. Estas condiciones, que el cambio climático hará 20 veces más probables, se repetirán con mayor frecuencia en el futuro.
Estragos históricos en Italia y Francia
Si bien los países mediterráneos agrupan el 94% del área quemada en la UE, el informe de ZCA advierte que la crisis se ha extendido hacia latitudes normalmente menos expuestas. El tercer país más afectado fue Francia, que vivió su peor temporada de incendios de la historia con 97.971 hectáreas calcinadas, lo que equivale a 6,9 veces su promedio histórico y un 50% más que su anterior año récord de 2022. Casi la mitad de esa superficie se perdió en el incendio de Gironda, cerca de Burdeos, que arrasó 40.000 hectáreas y obligó a evacuar a 220.000 personas entre residentes y turistas.

Italia se ubicó como el segundo país en superficie total calcinada, con 114.165 hectáreas (16,6% del total comunitario). No obstante, lidera la destrucción en el sector primario, al haber perdido 49.028 hectáreas de tierras agrícolas, un 43,1% de su área quemada.
El cambio climático también golpeó con fuerza en el centro y norte de Europa. Países que habitualmente escapan a grandes incendios sufrieron consecuencias catastróficas: Eslovaquia registró una superficie quemada 25 veces superior a su promedio histórico; Bélgica la multiplicó por 12; los Países Bajos por 6; y naciones como Alemania, Polonia y Austria calcinaron entre 3 y 4 veces más terreno de lo habitual.
Gastos inasumibles
La intensidad y simultaneidad de los incendios pusieron a prueba los límites operativos de los equipos de emergencia en toda Europa. Solo en julio ardieron 353.000 hectáreas en el continente; durante un día típico de ese mes, el fuego destruyó unas 5.615 hectáreas diarias —alrededor de seis veces más que la media de julio entre 2009 y 2025—, desbordando la capacidad de respuesta municipal y comunitaria.

En el ámbito económico, las estimaciones de AccuWeather sitúan las pérdidas de la temporada de 2026 en 19.100 millones de euros, muy por encima del promedio anual de 2.500 millones calculado por la Comisión Europea. Solo el costo de restauración del suelo quemado en los cinco estados más afectados superó los 3.000 millones de euros durante los dos primeros meses del verano. Además, en los mercados español y francés, la indemnización por catástrofes naturales queda excluida del esquema público, lo que significa que la mayor parte de las pérdidas recae sobre el sector privado o debe ser absorbida por economías domésticas y empresas no aseguradas.
La prevención ya no basta
El informe de Zero Carbon Analytics subraya que la situación ya no se puede controlar solo con medidas preventivas. Los expertos advierten que el futuro de los incendios en Europa está escrito: si el calentamiento global se limita a 1,8 °C, la superficie quemada anual aumentará un 40% para finales del siglo. Pero si las emisiones continúan altas y el calentamiento alcanza los 3,6 °C (escenario SSP3-7.0), la superficie calcinada cada año casi se triplicará.

Si bien la gestión paisajística y el uso inteligente del fuego pueden mitigar riesgos a nivel local, el análisis de ZCA remarca que
“puede ayudar a reducir el riesgo local, pero no puede sustituir a las reducciones profundas y urgentes de las emisiones de combustibles fósiles”
. Bajo escenarios de altas emisiones, la superficie quemada anual aumentará en el 55% del territorio europeo, incluso si se mantienen o incrementan las inversiones actuales en gestión e infraestructura de extinción.
Fuente: Infobae