Pescadores atacados por patrullas estadounidenses y familiares de desaparecidos claman justicia ante una Asamblea que les cerró las puertas

Han transcurrido más de cuatro meses desde que la Comisión de Soberanía y Seguridad de la Asamblea Nacional (dominada por ADN) aprobó, el 16 de abril de 2026, la Resolución 009 para investigar los ataques armados de patrullas estadounidenses a pescadores artesanales ecuatorianos.

Sin embargo, la inacción legislativa marca la agenda de este periodo. Durante todo este tiempo, la comisión encargada no había sesionado ni iniciado formalmente el proceso de fiscalización a los ataques a pescadores de las embarcaciones Don Maca, Fiorella y Negra Francisca Duarte II.

La urgencia de investigar el caso se reavivó tras una reciente publicación del diario estadounidense Washington Post el pasado 13 de agosto, la cual reveló la presunta implicación de la CIA en los bombardeos perpetrados por patrullas norteamericanas contra las naves ecuatorianas.

El calvario de las víctimas en los exteriores del Palacio Legislativo

Impulsados por la desesperación y la falta de respuestas estatales, un grupo de sobrevivientes y familiares de los ocho pescadores desaparecidos viajó durante horas por carretera, costeando sus propios gastos de alimentación y transporte, para exigir ser escuchados en la sede legislativa este martes 25 de agosto de 2026.

Entre los congregados se encontraban Jaime Rubén Cervantes, Erick Fabricio Coello y Johnny Palacios, sobrevivientes de la embarcación Don Maca, junto a las esposas de los pescadores desaparecidos de la nave Fiorella, entre ellas María Mero Mero.

Varios pescadores presentaban un delicado estado de salud, pues presentaban discapacidades físicas permanentes producto de las explosiones. Uno de los sobrevivientes asistió con graves secuelas que le impiden caminar, mientras que otro padece de ceguera y sordera parcial debido a los impactos.

A pesar de estas notorias limitaciones físicas, la seguridad legislativa les impidió ingresar al Parlamento por disposición de la Presidencia de la Asamblea, liderada por Mishel Mancheno (ADN). Los asambleístas que respaldaban su comparecencia habían enviado desde el día anterior todos los documentos de identidad y números de cédula requeridos por el protocolo. Así lo informó la legisladora Mónica Palacios, de la Revolución Ciudadana.

Pero, al llegar a la puerta, la Escolta Legislativa impidió el paso, desatando momentos tensos y desesperación entre las familias que reclamaban ser recibidos:

Durante el altercado en los exteriores, se dio lectura a un instructivo oficial de la Asamblea que señala que para ingresar al Palacio solo se requiere que los legisladores remitan con antelación la lista de invitados al correo de la Escolta Legislativa.

A pesar de haberse cumplido con este proceso, los oficiales de guardia insistieron en que existía una contraorden directa. El personal policial argumentó que no podían permitir el paso porque necesitaban una autorización explícita emanada por correo electrónico desde la Presidencia de la Asamblea.

El relato de las víctimas

Para Erick Coello, tripulante de la embarcación Don Maca, la pesadilla inició en enero, a eso de las 4:30 o 5:00 de la tarde. Tras haber soportado un fuerte oleaje la noche anterior, Coello acababa de subir a la cubierta principal, empapado por el agua.

El capitán de la nave, al verlo en ese estado, le aconsejó que comiera algo y bajara a descansar a los camarotes antes de continuar con el rumbo.

Al recuperar el sentido bajo los gritos de mando del capitán, comprendió que habían sido bombardeados.

El estallido le provocó una pérdida parcial de la visión; hoy vive con una mancha negra interna en sus ojos, similar a sangre acumulada, y la luz del sol le genera un lagrimeo constante que le impide ver con claridad. Además, tiene el tímpano perforado, una lesión que ante la falta de atención médica oportuna se ha infectado gravemente, supurando pus de forma continua.

Acorralados bajo la amenaza constante de los drones que daban vueltas sobre sus cabezas, los pescadores se congregaron en la cubierta, con la advertencia de que serían asesinados si intentaban usar el teléfono satelital de emergencia.

Poco después, una enorme patrulla estadounidense se aproximó. Al principio, los pescadores pensaron que se trataba de un barco atunero y se acercaron junto al capitán para pedir auxilio para Coello, quien se encontraba herido. A través de un traductor, los marinos extranjeros les preguntaron cuántos eran y si había heridos. Tras ordenarles subir, la supuesta ayuda humanitaria, relata, se transformó en hostilidad:

A pesar de que una inspección posterior de los captores en el Don Maca confirmó que la nave solo transportaba hielo y pescado, los militares decidieron deshacerse de la evidencia.

Alrededor de las 20:00, dispararon tres proyectiles contra la embarcación. “Las capuchas eran tan finas que, aunque estábamos sentados en su cubierta, todos alcanzamos a ver la enorme llamarada de nuestro barco incendiándose”, recuerda Palacios.

Entre tanto, María Mero relata el drama de la embarcación Fiorella, que zarpó a pescar el 13 de enero con ocho tripulantes a bordo, entre ellos su esposo y su hermano. El 20 de enero recibió la noticia de que la nave había explotado tras ser atacada por una patrulla estadounidense armada con drones.

El ataque fue presenciado por dos sobrevivientes que se encontraban realizando labores de pesca en una pequeña lancha alejada de la nave principal, quienes vieron el estallido, escucharon voces en inglés y lograron retornar a tierra para dar la alarma.

Desde entonces, el destino de los ocho pescadores es un misterio. María sospecha que, al igual que ocurrió con las tripulaciones del Don Maca y el Negra Francisca Duarte II, sus familiares pudieron ser trasladados a cárceles en El Salvador.

Además, María denuncia que, lejos de brindarles apoyo en la búsqueda, la Capitanía del Puerto de Manta les cerró las puertas y les exigió dinero para salir a rastrear el océano. Poco después, la institución declaró el caso de las ocho personas desaparecidas como un tema “cerrado”.

Radio Pichincha

LV

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