Desde Washington, Estados Unidos. Los constantes incumplimientos del régimen chiíta con respecto al Memorando de 14 puntos que firmó con Estados Unidos llevaron a que Donald Trump ordenara una ofensiva furibunda sobre territorio iraní mientras participaba en la cumbre de la OTAN en Turquía.
El mandatario estadounidense convocó a sus principales consejeros a una reunión de emergencia en Ankara, tras el ataque perpetrado por la Guardia Revolucionaria contra un petrolero qatarí.
Qatar es un socio privilegiado de la administración republicana —donó el actual Air Force One— y juega un rol de intermediario junto a Pakistán en las negociaciones entre Washington y Teherán.
Desde Doha comunicaron su malestar por el ataque iraní, y Trump consideró que esa acción violatoria del Memorando de Entendimiento debía tener un inmediato escarmiento público.
El presidente de Estados Unidos se reunión con Marco Rubio —secretario de Estado—, Scott Bessent —secretario del Tesoro—, Pete Hegseth —secretario de Defensa— y Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto.
Como resultado de ese encuentro de emergencia, Estados Unidos reinstaló las sanciones financieras a las exportaciones de petróleo de Irán, que permitían al régimen acceder a millones de dólares para aplacar su crisis económica.
Junto a esa medida de bloqueo comercial, el Pentágono lanzó sucesivos ataques a los sistemas de defensa aérea, vigilancia costera, unidades de misiles tierra-aire, emplazamientos de misiles de crucero antibuque, plataformas de lanzamiento de drones e instalaciones portuarias.
Los blancos iraníes designados fueron los puertos de Bandar Abbas y Sirik, y la isla de Qeshm. Esos blancos son clave para el sistema petrolero de los ayatollahs.

Negociaciones en punto muerto
La ofensiva comercial y aérea contra Irán colocan en un punto muerto a las negociaciones que mantenía la Casa Blanca con el régimen chiíta.
Hace tres semanas, Trump firmaba el Memorando de Entendimiento (MOU) en Versalles, mientras que Masoud Pezeshkian —presidente de Irán— repetía la ceremonia en Teherán.
El MOU fija ciertas reglas de juego que Irán nunca respetó.
Trump exigía que se libere la navegación de Ormuz, que se permitiera el ingreso de los inspectores de la ONU a las instalaciones nucleares, que el régimen chiíta suspendiera su apoyo logístico y financiero a Hezbollah y que desmantelara sus fábricas de misiles balísticos.
Teherán asegura que le pertenece el control de Ormuz, no tiene intenciones de frenar su plan nuclear, desconoce el acuerdo entre Israel y Líbano destinado a terminar con Hezbollah y continúa fabricando misiles.
Hasta la ofensiva ordenada por Trump en Ankara, solo Estados Unidos había realizado gestos diplomáticos para mantener las negociaciones con los ayatollahs.
Trump levantó las sanciones que había contra la exportación de petróleo iraní y estaba muy cerca de descongelar 6.000 millones de dólares que pertenecen a Irán y están en cuentas de bancos de Qatar.
Pero ahora el conflicto ya superó a la diplomacia, y la guerra en Medio Oriente aparece en el escenario geopolítico.

Una sola ronda de diálogo y funerales de fondo
Tras la firma del MOU, hubo una sola ronda de negociación que ocurrió en Doha bajo los auspicios de Qatar y Pakistán. Nada sucedió: ni siquiera se logró una conversación directa entre los enviados de Trump y de Mojtaba Khamenei, líder religioso de Irán.
A continuación del fallido encuentro en Doha, las conversaciones se suspendieron de común acuerdo hasta que finalizaran los funerales de Alí Khamenei, que era líder religioso de Irán —padre de Mojtaba— y que fue anulado con una operación conjunta entre Israel y Estados Unidos.
Los funerales de Alí Khamenei concluyen mañana y es poco probable que se convoque a una mesa de negociación entre Washington y Teherán.
El Pentágono bombardeó durante toda la noche, y en DC se aguarda la réplica de Teherán sobre los estados árabes que son aliados de Estados Unidos.
El 17 de junio, Trump y Pezeshkian firmaron el MOU que establecía un plazo de sesenta días para lograr un acuerdo de paz. Tres semanas después, pareciera que la diplomacia —otra vez— perdió la partida en Medio Oriente.
Fuente: Infobae