Este martes, Francia experimentó la jornada más cálida desde que se tienen registros, con una temperatura media que alcanzó los 29,6 °C a las tres de la tarde, superando los 29,4 °C del 25 de julio de 2019 y el 5 de agosto de 2003. La ola de calor ya ha cobrado 40 vidas por ahogamiento desde el 18 de junio, en su mayoría jóvenes, mientras que el 90 % de la población, unos 63 millones de personas, sigue expuesta a condiciones extremas que se extenderían al menos hasta el fin de semana.
La noche anterior también marcó un récord, con una media de 21,6 °C. Las autoridades anticipan que el pico de temperaturas llegará entre el miércoles y el jueves, lo que podría agravar aún más la situación.
Crisis sanitaria y educativa
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, convocó nuevamente al consejo interministerial de crisis para enfrentar lo que calificó como una “triste lacra” por el aumento de los ahogamientos. En sus declaraciones, advirtió:
“Estamos ante un episodio de intensidad excepcional. En términos de temperatura, prácticamente todos los récords, tanto locales como nacionales, se están batiendo cada día o cada noche”.
La agencia meteorológica Météo France mantiene en alerta roja a 58 de los 100 departamentos del país para el miércoles, mientras que otros 31 están en alerta naranja. En el sudoeste, los termómetros marcaron entre 39 y 42 °C por la tarde.

La mayoría de los fallecidos por ahogamiento eran jóvenes que intentaban refrescarse en zonas prohibidas o sin vigilancia. Entre ellos, dos adolescentes murieron el pasado fin de semana en Besançon mientras se bañaban en un río peligroso, y otro chico de 17 años falleció en Dordoña. También se reporta el caso del futbolista Kenzo Kies, jugador del Guingamp, quien fue rescatado el lunes al bañarse en el Ródano, cerca de Lyon, en una zona restringida con fuertes corrientes. Permanece hospitalizado en estado de muerte cerebral.
El verano pasado se registraron 409 personas ahogadas en Francia, un 14 % más que el año anterior. El Gobierno teme que esta tendencia empeore, ya que el país ha soportado dos olas de calor intensas: una a finales de mayo y la actual, que comenzó a mediados de la semana pasada.

Lecornu pidió a los miembros del Gabinete que limiten sus desplazamientos para concentrarse en la emergencia. Anunció un refuerzo del sistema sanitario en coordinación con las agencias regionales de salud y activó el nivel dos del Plan Orsan, que permite reprogramar cirugías no urgentes para liberar recursos en hospitales y urgencias.
La vida cotidiana también se ha visto alterada en el ámbito educativo. Unos 1.800 centros escolares de los 60.000 que existen en Francia permanecen cerrados, y otros 8.000 han modificado sus horarios por la falta de aire acondicionado.
Turismo y transporte afectados
Los principales atractivos turísticos también sufren los efectos del calor. La Torre Eiffel adelantó su cierre este martes a las cuatro de la tarde, en lugar de la medianoche habitual. El Museo del Louvre hará lo mismo hasta el sábado, cuando se espera un descenso de las temperaturas. La dirección del Louvre explicó:
“El edificio histórico, aunque tiene resistencia en algunas partes de su arquitectura, sigue siendo frágil y no está suficientemente adaptado al cambio climático”.
Agregó que la acumulación de calor al final del día, sumada a la afluencia de visitantes, vuelve insostenible la actividad.

El Monte Saint Michel recomendó a los turistas aplazar sus visitas, ya que Normandía también se encuentra en alerta máxima. La canícula obligó a cancelar trenes por falta de aire acondicionado o por el riesgo de averías que dejaran atrapados a los pasajeros, situación que ya se ha presentado.
A las muertes por ahogamiento se suman al menos cinco fallecimientos relacionados directamente con las altas temperaturas. Entre ellos, una mujer y dos hombres de entre 80 y 95 años que murieron en sus domicilios cerca de Burdeos el pasado fin de semana, así como dos niños de dos y cuatro años hallados sin respiración en un aparcamiento de Carpentras, después de quedar dentro de un coche.
El trasfondo de la crisis remite a un problema estructural. Francia vuelve a constatar, cada vez que una ola de calor supera a la anterior, que no está preparada para afrontarla: los edificios son antiguos, su adaptación resulta compleja y persisten resistencias sociales. De hecho, seis de cada 10 franceses aseguran que prefieren pasar calor antes que instalar un aparato de aire acondicionado que pueda dañar el medio ambiente.
En un país marcado por el verano de 2003, cuando murieron 15.000 personas a causa de las altas temperaturas, las autoridades temen que este verano vuelva a dejar un elevado número de víctimas por la climatología.
Fuente: Infobae