Una intensa sacudida política atraviesa Colombia tras las recientes revelaciones de Angie Rodríguez, quien se desempeñó como directora del Dapre y actualmente lidera el Fondo Adaptación. La funcionaria ha denunciado públicamente la existencia de una supuesta estructura criminal que operaría desde el corazón del Poder Ejecutivo, involucrando al menos a 20 individuos con altos niveles de influencia en la Casa de Nariño.
La profundidad de estas acusaciones ha colocado el funcionamiento interno de la administración de Gustavo Petro bajo una lupa crítica, generando un nuevo escenario de inestabilidad institucional y múltiples cuestionamientos sobre la integridad del Gobierno nacional.
Reacciones ante el escándalo
Las respuestas desde diversos sectores políticos no se hicieron esperar. El aspirante presidencial Mauricio Lizcano se pronunció con severidad frente a la gravedad de los testimonios presentados por Rodríguez, manifestando su profunda preocupación por el estado actual de la sede de gobierno.
“La Casa de Nariño parece más bien la casa del terror. Las declaraciones de Angie Rodríguez son verdaderamente escandalosas. Lo que sucede con Juliana Guerrero, la cantidad de corrupción que ella denuncia, la sed de poder de muchos de los funcionarios, las decisiones del presidente, incluso en contra de las alertas que hace Angie de títulos falsos. Todo es verdaderamente aberrante. Esto no lo podemos permitir. Esto verdaderamente tiene que cambiar”.
En sus intervenciones ante medios de comunicación, Angie Rodríguez explicó que el conflicto escaló tras haber objetado la designación de Juliana Guerrero. Según la denunciante, Guerrero no cumplía con los requerimientos legales necesarios para asumir el cargo de viceministra de la Juventud. A partir de ese señalamiento, Rodríguez asegura haber sido blanco de una campaña sistemática de persecución.
La funcionaria detalló que este hostigamiento incluyó presuntas prácticas de espionaje, presiones internas y el entorpecimiento de sus labores habituales. “La tormenta inicia cuando denuncio a la señora Juliana Guerrero”, puntualizó Rodríguez, denunciando además una supuesta usurpación de sus funciones administrativas.
Rodríguez fue enfática al señalar que desde el año anterior ha enfrentado ataques constantes, reportando incluso que habría sido víctima de intentos de extorsión. Aunque evitó profundizar en los motivos detrás del vertiginoso ascenso de Juliana Guerrero en la estructura estatal, calificó el asunto como un tema “demasiado delicado, demasiado grave”, advirtiendo que dicha funcionaria “maneja poder en muchas entidades”.
Asimismo, la actual gerente del Fondo Adaptación aseguró poseer un acervo probatorio consistente en mensajes y evidencias documentales que ya estarían en conocimiento de las autoridades competentes para respaldar su versión de los hechos.
Visiones encontradas en el Congreso
El debate ha dividido opiniones en el legislativo. El senador Jota Pe Hernández puso el foco en el hermetismo de Rodríguez sobre ciertos vínculos específicos: “Angie dice que Juliana Guerrero tiene vínculos con el ELN y que maneja el poder en Casa de Nariño. Preguntan cómo logró tanto poder y qué relación tiene con Petro. Angie hace silencio. Hay preguntas que con solo el silencio se obtiene respuesta”.

En una postura diametralmente opuesta, el abogado y exaspirante presidencial Alí Bantú Ashanti solicitó la remoción inmediata de Rodríguez de su cargo actual. Para Ashanti, el comportamiento de la funcionaria es inadmisible:
“Señor presidente, respetuosamente le solicitamos retirar del cargo a la señora Angie Rodríguez. Sus declaraciones no solo son deslealtad a su confianza, también ponen en riesgo la vida de muchas personas. Sus afirmaciones son delirantemente irresponsables”.
Desde el análisis comunicacional y periodístico, Hassan Nassar recordó la importancia estratégica de la posición que ocupó la denunciante. “El director administrativo de la presidencia es como la torre de control del gobierno. Es quien supervisa todo desde la presidencia. Una persona que ocupó ese cargo hoy está prófuga por corrupción y la otra está diciendo que hay una lucha por el poder y el dinero en el gobierno”, sentenció.

Por otro lado, la representante Lina María Garrido subrayó las implicaciones legales de estas omisiones, señalando que cualquier servidor público tiene la obligación de denunciar actos ilícitos. Según Garrido, declaraciones de tal magnitud deberían derivar en procesos formales ante la Fiscalía General de la Nación, la Contraloría y la Procuraduría.
Hasta el momento, el mandatario Gustavo Petro ha optado por no emitir declaraciones oficiales respecto a los señalamientos de su funcionaria. No obstante, el silencio presidencial coincide con una presión social y política al alza que exige claridad sobre el alcance de la supuesta red de corrupción.

Finalmente, diversos colectivos y sectores de la oposición insisten en que los organismos de control deben proceder con urgencia. El objetivo es determinar la veracidad de los testimonios de Angie Rodríguez y establecer las responsabilidades penales o administrativas correspondientes en un caso que ya domina la agenda pública de la nación vecina.
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