Visita de Rubio a Ecuador, Colombia y Perú: ¿qué busca consolidar Estados Unidos?

Marco Rubio llega a Ecuador, pero Ecuador no es el único destino ni necesariamente el centro de su viaje. El secretario de Estado de Estados Unidos recorrerá hasta 10 de septiembre de 2026 Colombia, Ecuador y Perú en una gira que oficialmente está marcada por la seguridad, el combate al narcotráfico y el fortalecimiento de las relaciones con Washington.

Sin embargo, detrás de la agenda formal aparece un escenario mucho más amplio.

Los tres países forman un corredor estratégico sobre el Pacífico sudamericano, comparten fronteras, enfrentan el avance de estructuras transnacionales dedicadas al narcotráfico y, además, atraviesan una nueva configuración política que favorece los intereses de la administración de Donald Trump.

Por eso, la pregunta no es únicamente qué hará Rubio durante su estancia en Quito.

La pregunta de fondo es otra: ¿a qué viene realmente Marco Rubio a Ecuador y qué papel pretende Washington que desempeñe el país dentro de su estrategia para América Latina?

Analistas consultados encuentran una respuesta en una vieja doctrina estadounidense que, más de 200 años después, vuelve a aparecer en la discusión regional: la Doctrina Monroe.

“Esta no es una gira comercial, es una gira de seguridad”

Para el analista político Fausto Giraldo, el recorrido del secretario de Estado no puede interpretarse como una visita convencional para ampliar relaciones económicas.

Giraldo considera que la inclusión de Ecuador entre Colombia y Perú responde precisamente a una estrategia regional y no únicamente a los problemas internos del país.

Desde su análisis, Washington encuentra actualmente mejores condiciones políticas para construir un corredor de gobiernos cercanos a su estrategia hemisférica.

El elemento comercial, señala, no constituye el centro de esta visita.

La prioridad sería otra: seguridad y alineamiento político.

Colombia, Ecuador y Perú: un nuevo corredor político

La ruta elegida por Rubio tampoco es menor.

Colombia, Ecuador y Perú constituyen una franja estratégica desde el Caribe hasta el Pacífico, atravesada por las principales zonas de producción, circulación y salida internacional de cocaína.

Pero la gira ocurre además en momentos de una reconfiguración política regional.

Colombia dio un giro hacia la derecha con la elección de Abelardo de la Espriella, mientras Perú quedó bajo el liderazgo de Keiko Fujimori. En medio se encuentra Ecuador, gobernado por Daniel Noboa, quien convirtió la cooperación con Estados Unidos en uno de los pilares de su estrategia internacional contra el crimen organizado.

La nueva configuración permite a Washington relacionarse con tres gobiernos que mantienen mayor cercanía con la política de seguridad impulsada por Trump.

Para Giraldo, precisamente allí está una de las claves.

Y agrega que el proyecto regional estadounidense responde a una visión en la que la afinidad política juega un papel fundamental.

Las propias declaraciones de Marco Rubio refuerzan la lectura de que la gira tiene un alcance que va más allá de la cooperación bilateral.

El secretario de Estado calificó el recorrido como “un viaje importante” por tres países que, según sus palabras, están “bastante alineados con Estados Unidos” y con los que Washington comparte varios intereses.

Rubio vinculó además esta cercanía con una tendencia de alineamiento en el hemisferio occidental y con la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, que tiene entre sus prioridades fortalecer la presencia de Estados Unidos en la región.

El “Escudo de las Américas”

Dentro de este escenario aparece el denominado Escudo de las Américas, una estrategia de cooperación regional impulsada bajo la administración Trump y enfocada en fortalecer la coordinación frente al narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales.

También se encuentra la Coalición Contra los Cárteles de las Américas, que coloca la seguridad y la acción coordinada de los Estados en el centro de la relación regional.

La lectura crítica apunta, sin embargo, a la creciente presencia del componente militar.

La preocupación no se limita al intercambio de información, capacitación o asistencia técnica. El debate surge cuando esa cooperación comienza a involucrar operaciones directas, patrullajes, inteligencia y acciones estadounidenses cada vez más cercanas al territorio de los países latinoamericanos.

Ecuador ya tiene una muestra de esa nueva dinámica.

En los últimos días, operaciones estadounidenses en el Pacífico terminaron con el hundimiento de embarcaciones ecuatorianas señaladas de participar en actividades relacionadas con el narcotráfico. Washington vinculó una de esas operaciones con estructuras relacionadas con Los Choneros.

Los hechos colocaron nuevamente sobre la mesa una discusión que acompañará inevitablemente la visita de Rubio: ¿cuáles serán los límites de la participación estadounidense en la seguridad ecuatoriana?

Del comunismo al “narcoterrorismo”

Para algunos analistas, existe además un paralelismo histórico.

Durante buena parte del siglo XX, la política de seguridad estadounidense hacia América Latina estuvo atravesada por la lucha contra el comunismo y la denominada Doctrina de Seguridad Nacional.

Ahora el enemigo tiene otro nombre: narcoterrorismo.

La administración Trump endureció el discurso contra las organizaciones criminales y buscó que los países latinoamericanos adopten una respuesta conjunta, con mayor participación de fuerzas militares y de seguridad.

El narcotráfico es un problema real que atraviesa fronteras y requiere cooperación internacional. La discusión está en quién define esa cooperación, bajo qué reglas y hasta dónde puede llegar.

La Doctrina Monroe, dos siglos después

El escenario provocó que aparezca un concepto nacido hace más de 200 años.

En 1823, el presidente estadounidense James Monroe formuló la doctrina que llevaría su apellido. Su principio original pretendía impedir nuevas intervenciones de potencias europeas en el continente americano.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la Doctrina Monroe quedó asociada con la consideración de América Latina como una esfera de influencia prioritaria de Estados Unidos.

En el actual Gobierno de Donald Trump, analistas internacionales han utilizado incluso el término “Doctrina Donroe”, una combinación de Donald y Monroe, para describir una política exterior que busca reafirmar la primacía estadounidense en el hemisferio.

El contexto, sin embargo, cambió.

Hace dos siglos Washington miraba hacia Europa.

Hoy mira principalmente hacia China.

Durante las últimas décadas, China incrementó sus relaciones comerciales, inversiones y participación en proyectos estratégicos de América Latina.

El ejemplo más visible en el Pacífico es el megapuerto de Chancay, en Perú, una infraestructura que reforzó la conexión comercial directa entre Sudamérica y Asia y que despertó interés geopolítico por el crecimiento de la presencia china en la región.

El comercio todavía espera

Mientras la cooperación en seguridad ocupa cada vez más espacio en la relación entre Quito y Washington, el ámbito comercial mantiene asuntos pendientes.

El excanciller Benjamín Ortiz considera que el éxito de la relación con Estados Unidos debe evaluarse por resultados concretos.

El excanciller mencionó los avances alcanzados mediante el acuerdo de comercio recíproco, con parte de las exportaciones ecuatorianas liberadas de aranceles, pero recordó que todavía queda camino por recorrer.

Entre los sectores que enfrentan cargas arancelarias se encuentran productos importantes para la economía ecuatoriana, como las flores.

También continúa pendiente avanzar en un acuerdo comercial de mayor alcance.

La diferencia entre las dos agendas resulta evidente: todo se concentra en seguridad; en comercio, Ecuador todavía tiene demandas pendientes.

¿Un enclave para Washington?

Otra de las interpretaciones sobre la visita de Rubio sostiene que Estados Unidos busca aislar y ejercer máxima presión sobre gobiernos de izquierda radical en el hemisferio, apoyándose en países aliados para consolidar su estrategia.

Para Washington, fortalecer su presencia y cooperación con Ecuador tiene entonces una utilidad que supera las fronteras nacionales.

Para Ecuador, sin embargo, aparece una pregunta diferente: ¿hasta dónde conviene asumir esa función?

Cooperación sí, pero ¿bajo qué condiciones?

La discusión no puede reducirse a escoger entre Estados Unidos o China, ni tampoco a rechazar la cooperación internacional frente al crimen organizado.

El problema está en las condiciones.

Estados Unidos tiene una agenda propia: contener el narcotráfico, fortalecer su seguridad, mantener influencia sobre el hemisferio y contrarrestar el avance de competidores estratégicos.

China también tiene sus propios intereses económicos y geopolíticos.

Ecuador debería tener los suyos.

Entonces, ¿a qué viene Marco Rubio?

Rubio viene oficialmente a fortalecer la cooperación contra el narcotráfico, hablar de seguridad y profundizar las relaciones entre Estados Unidos y sus socios regionales.

Pero la gira revela algo más.

Washington está moviendo sus piezas en América Latina.

La administración Trump encuentra en Colombia, Ecuador y Perú un corredor estratégico para fortalecer una arquitectura regional de seguridad, consolidar gobiernos aliados y reafirmar su presencia en un territorio donde China incrementó considerablemente su peso económico.

Dos siglos después de la Doctrina Monroe, la discusión vuelve a ser parecida aunque los actores hayan cambiado: quién ejerce influencia sobre América Latina y cuánto margen conservan los países de la región para decidir su propio rumbo.

Por eso, la visita de Rubio no debería medirse únicamente por reuniones, fotografías o declaraciones sobre la lucha contra el narcotráfico.

Deberá medirse por los compromisos que Daniel Noboa coloque sobre la mesa y los que acepte.

Porque Washington parece tener claro qué espera de Ecuador: un aliado político y estratégico en seguridad dentro del corredor andino.

Ahora corresponde conocer qué exigirá Ecuador a cambio.

Y, especialmente, cuál será el límite que el Gobierno de Noboa pondrá para que la cooperación con una potencia no termine convirtiéndose en subordinación.

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