Desde que Rusia inició su ofensiva militar a gran escala contra Ucrania el 24 de febrero de 2022, la percepción global sobre cómo se libran las guerras ha dado un giro total. Lo que en un principio se visualizó como un enfrentamiento tradicional de artillería pesada, blindados y grandes despliegues de infantería, ha quedado relegado a los manuales del pasado. En la actualidad, el este ucraniano es el escenario de un conflicto dominado por el sonido persistente de las hélices, donde cualquier movimiento a cielo abierto es una sentencia de muerte.
“La guerra moderna es ahora imposible sin drones”
, sentenció Koleso, un combatiente de la infantería ucraniana que se encuentra operando en la primera línea de defensa del frente oriental.

Este cuarto aniversario de las hostilidades revela a dos fuerzas militares inmersas en una competencia tecnológica sin precedentes. En esta carrera, pequeños artefactos aéreos —muchos de ellos adaptados de modelos comerciales accesibles para cualquier civil— han logrado reescribir por completo las doctrinas de combate vigentes hasta hace poco.
La creación de la “zona de muerte”

Uno de los cambios más drásticos en el teatro de operaciones es la consolidación de la denominada “zona de muerte”. Se trata de una franja crítica que abarca hasta 20 kilómetros de profundidad desde la línea de contacto, donde la vigilancia constante hace que cualquier elemento visible sea detectado y neutralizado en pocos minutos.
Zonas que antes se consideraban seguras para el paso de suministros se han transformado en blancos de alta prioridad. Taras Chmut, veterano de la infantería de marina y líder de la organización Come Back Alive, señaló que
“todo lo que se mueve puede ser destruido de inmediato”
, subrayando que para muchos observadores extranjeros aún resulta complejo dimensionar esta realidad.
Bajo este paradigma, los desplazamientos masivos de tropas han cesado. Los soldados ahora operan en grupos reducidos y preferiblemente bajo el amparo de la noche, utilizando mantas térmicas para burlar los sensores infrarrojos. En ocasiones, las tropas deben esperar condiciones climáticas adversas, como niebla espesa, para realizar relevos. Se han registrado situaciones extremas de resistencia, como la del sargento Serhii Tyshchenko, un médico que permaneció 471 días ininterrumpidos en su puesto de combate cerca de Bakhmut sin poder ser rotado.

Las vías de abastecimiento ahora están protegidas por extensas redes metálicas para interceptar ataques desde el aire. Los vehículos han sido modificados con estructuras que parecen sacadas de una distopía: jaulas de hierro, defensas contra explosivos y avanzados inhibidores de señal electrónica para intentar sobrevivir al trayecto.
El dominio de la tecnología FPV

El gran protagonista de este cambio es el dron de visión en primera persona o FPV. Estas unidades, caracterizadas por su bajo costo y alta maniobrabilidad, se han convertido en cazadores implacables de blindados y personal con una exactitud que supera a la artillería convencional.
De acuerdo con cifras proporcionadas por el ministro de Defensa ucraniano, Mykhailo Fedorov, estos dispositivos son responsables de hasta el 80% de los daños materiales en el campo de batalla. Esta estadística es respaldada por Roman Kostenko, del comité de Defensa parlamentario, quien afirma que dicho porcentaje también se refleja en las bajas de personal en ambos bandos.

Ante este escenario, la producción ucraniana se ha disparado. Si en 2024 se fabricaron un millón de estos aparatos, para el 2025 la cifra alcanzó los tres millones de unidades, según confirmó el ministro Denys Shmyhal. El coronel Vadym Sukharevsky ha definido esta nueva etapa bajo la premisa de
“robots primero”
.
Por su parte, el gobierno ruso también ha acelerado su maquinaria industrial. El primer ministro Mikhail Mishustin indicó que la fabricación de drones en su país se triplicó durante el 2025. Reportes de inteligencia sugieren que Moscú produce mensualmente entre 2.700 y 6.000 unidades del tipo Shahed (Geran), incluyendo versiones señuelo para saturar las defensas enemigas. La magnitud de esta capacidad quedó demostrada el 7 de septiembre de 2025, cuando se registró un ataque masivo con más de 800 drones en una sola jornada.
Cables de fibra óptica y nuevas señales

Una innovación disruptiva ha sido la implementación de cables de fibra óptica ultrafinos para el guiado de drones, sustituyendo las ondas de radio. Este avance permite que los dispositivos sean inmunes a las interferencias electrónicas que antes los derribaban.
Esta técnica ha dejado paisajes inusuales en el frente, con kilómetros de cables colgando sobre campos y estructuras tras el paso de los drones rusos, los cuales alcanzan rangos de hasta 40 kilómetros. Algunos de estos equipos actúan como minas dinámicas, escondiéndose en las rutas para atacar objetivos específicos.
En contraparte, las fuerzas ucranianas han integrado terminales de internet satelital Starlink en sus drones, asegurando la conectividad incluso en entornos donde las frecuencias de radio están completamente bloqueadas.

Kherson: el modelo de resistencia urbana
La amenaza no se limita a las trincheras. Ciudades en el sur y este de Ucrania enfrentan constantes bombardeos nocturnos. Kherson, ciudad liberada en 2022, se ha convertido en el referente mundial de defensa contra drones. Su gobernador, Oleksandr Prokudin, ha implementado un sistema multicapa que utiliza desde sensores y guerra electrónica hasta redes físicas de pesca.
“Somos el futuro para otras ciudades de la línea del frente. Kherson es ahora el modelo de defensa contra la guerra moderna”
, afirmó Prokudin. Los datos indican que su estrategia logra interceptar el 95% de las amenazas. Solo en 2025, esta ciudad resistió más de 100.000 ataques, captando la atención de países como Estonia, Suecia y Alemania.

El avance hacia la autonomía con IA

El futuro del conflicto apunta hacia la inteligencia artificial. Desarrolladores de ambos bandos buscan que los drones posean “guía terminal”, lo que les permitiría identificar y atacar objetivos de forma autónoma si se pierde el vínculo con el operador humano.
Empresas como The Fourth Law en Ucrania ya prueban estos sistemas para incrementar la precisión en el impacto final. Rusia también ha actualizado sus modelos Geran con módulos de IA. No obstante, especialistas como Kateryna Bondar enfatizan que
“la IA cumple una función de ayuda, no reemplaza al humano”
.
Finalmente, el soldado Koleso recuerda una verdad fundamental de la guerra:
“Hasta que no plantes la bandera tú mismo, con tus propias manos, no puede considerarse tuya esa posición.”
A pesar de la automatización del cielo, el factor humano sigue siendo el eje central de la contienda tras cuatro años de resistencia.
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