El mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, reveló recientemente que mantuvo una comunicación directa con su homólogo de China, Xi Jinping. En dicha correspondencia, el líder estadounidense solicitó formalmente que la nación asiática se abstuviera de proporcionar apoyo militar a Irán, especialmente bajo el actual escenario de tensiones bélicas que involucran a Washington e Israel. Según detalló el jefe de Estado norteamericano, la respuesta desde Pekín fue una negativa sobre tales envíos de armas.
Durante una conversación con la cadena Fox, Trump profundizó en los detalles de este intercambio epistolar. El presidente explicó que decidió actuar tras recibir informes sobre posibles transferencias de equipo bélico hacia territorio iraní.
«Me escribió una carta bonita, en respuesta a la carta que le escribí porque escuché que China estaba dando armas a Irán»
, manifestó el mandatario, confirmando que la misiva de Xi Jinping aseguraba que no existe tal colaboración militar con Teherán.
El presidente republicano resumió el propósito y la resolución del contacto diplomático de la siguiente manera:
«Le escribí una carta pidiéndole que no lo hiciera. Y él me escribió una carta diciendo que, en esencia, no lo estaba haciendo»
. Este acercamiento ocurre en un momento crítico para la estabilidad de Oriente Medio.
De cara a su próxima visita oficial a China programada para el mes de mayo, Donald Trump subrayó las diferencias estratégicas entre ambas potencias. Hizo hincapié en que, mientras Xi Jinping «necesita petróleo», la situación energética de los ciudadanos estadounidenses es distinta. No obstante, el líder no ofreció detalles específicos sobre el impacto que la crisis en el estrecho de Ormuz o el conflicto en Irán podrían tener sobre los resultados de la cumbre en Pekín.
A pesar de la rivalidad geopolítica, el presidente afirmó mantener un vínculo positivo con su par asiático:
«Me llevo muy bien con él»
. Sin embargo, aprovechó para proyectar una imagen de firmeza absoluta.
«China es China. Nunca son fáciles. Pero nos va muy bien con China. Yo soy el más duro en todo el mundo»
, sentenció Trump, atribuyendo a sus políticas arancelarias el hecho de que, según sus palabras, no circulen vehículos de origen chino en Estados Unidos, marcando una clara diferencia con otros mercados.
Finalmente, Donald Trump contrastó su gestión con la situación que atraviesa el continente europeo respecto a la competencia automotriz.
«Si nos fijamos en Europa, están siendo inundados por coches chinos y eso está acabando con sus fabricantes de automóviles»
, advirtió. Con estas declaraciones, el mandatario reafirmó su postura de ser el líder con la actitud más severa y restrictiva frente a las ambiciones comerciales y militares del gigante asiático.
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