El incremento en el costo del crudo y los bombardeos que padece Arabia Saudita están afectando directamente la agenda interna del presidente Donald Trump, quien se prepara para las elecciones de medio término que se celebrarán en seis semanas.
Irán ejerce dominio militar sobre el estrecho de Ormuz, mientras que los hutíes controlan el estrecho de Bab al-Mandeb. Ambas fuerzas operan de manera coordinada para atacar a Arabia Saudita, un aliado histórico de Washington y el mayor exportador de petróleo del planeta.

La estrategia de Washington
Trump decidió detener las operaciones militares contra Irán y los hutíes tras constatar que era imposible vencer al régimen chiíta sin lanzar una invasión terrestre dirigida a Teherán.
El mandatario republicano no está dispuesto a afrontar la pérdida de vidas de soldados estadounidenses en suelo iraní. Un coste político que podría dispararse de manera exponencial en un año de comicios en Estados Unidos.
Frente a este panorama, Trump prefirió imponer sanciones comerciales y financieras con el objetivo de obligar a Irán a negociar. La economía iraní se encuentra devastada debido al desplome de sus exportaciones de petróleo.
Sin embargo, el régimen chiíta recurrió a China para vender su combustible en el mercado negro, y dio instrucciones a los hutíes para que avanzaran sobre el estrecho de Bab al-Mandeb y atacaran un oleoducto estratégico de Arabia Saudita.

Ataques y bloqueos en el mar Rojo
Rara vez ha ocurrido que los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandeb estén bajo el control de Teherán y los hutíes. Es una situación excepcional que repercute en la economía mundial y en los precios domésticos de Estados Unidos.
A la dominación de las rutas marítimas clave se añadió un ataque aéreo hutí que inutilizó el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita. Esta tubería, de 1.200 kilómetros de longitud, permite transportar el crudo que no puede ser exportado a través de Ormuz.
Desde hace dos semanas, el oleoducto Este-Oeste permanece averiado e inoperativo, bloqueando todo el cargamento que salía por el mar Muerto, atravesaba el canal de Suez y navegaba hacia sus clientes por el Mediterráneo.
Arabia Saudita no logra completar las reparaciones debido a la amenaza aérea hutí. En las últimas horas, los rebeldes atacaron Riad y el puerto de Yanbu, un punto estratégico que enlaza las refinerías del mar Rojo con el oleoducto Este-Oeste.

La diplomacia fallida
Estados Unidos y Arabia Saudita mantienen una alianza geopolítica que se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial. Washington se comprometió a resguardar los intereses regionales saudíes a cambio de acceso preferencial a sus reservas petroleras.
Hace unos días, mientras los hutíes avanzaban cerca de Bab al-Mandeb, Mohammed bin Salman, príncipe heredero saudí, llamó en dos ocasiones a Trump para solicitar apoyo militar.
MBS advirtió al mandatario estadounidense que los terroristas, bajo órdenes de Irán, tomarían la isla de Perim y el puerto de Mokha.
Trump rechazó brindar asistencia militar, y finalmente los hutíes alcanzaron su objetivo táctico: asfixiar el comercio petrolero a través de Bab al-Mandeb.
La prudencia de Trump frente a las peticiones de MBS provocó dos acciones paralelas por parte del príncipe heredero saudí.
Mohammed bin Salman pidió ayuda a Israel y mediación de China. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aceptó compartir información de inteligencia militar, mientras que el presidente chino, Xi Jinping, se comprometió a interceder ante Irán.
Estos esfuerzos resultaron casi inútiles.
El régimen chiíta respondió públicamente afirmando que la única salida al conflicto en Medio Oriente era que Estados Unidos aceptara sus condiciones diplomáticas.
“Lo que está en juego en torno al petróleo y los estrechos ha cambiado. El control de daños no detendrá lo que se avecina. ¡No habrá conversaciones hasta que se cumplan las condiciones de Irán. Punto!”
Ese mensaje fue publicado en su cuenta oficial de X por el general iraní Moshen Rezaei.

La reunión decisiva en la ONU
En este complejo panorama, marcado por la crisis en Medio Oriente y el riesgo de una derrota política en los comicios, Trump reflexiona sobre sus próximos movimientos respecto a Irán.
“Tengo una gran decisión por delante. ¿Quiero entrar y aniquilarlos (al régimen iraní) o no? Es una gran decisión. Cualquier cosa podría pasar conmigo”
declaró el presidente estadounidense.
Esta incertidumbre clave de Trump será el centro del encuentro que sostendrá con los líderes de:
- Arabia Saudita
- Emiratos Árabes Unidos
- Qatar
- Bahréin
- Kuwait
- Omán
Los aliados árabes se oponen a un nuevo conflicto bélico en la región y pedirán a Estados Unidos que fortalezca su seguridad territorial mediante un amplio despliegue militar que pueda contener a Irán.
Trump enfrenta obstáculos logísticos para cumplir con esa demanda específica de la Liga Árabe.
Un informe trimestral del Inspector General de Estados Unidos ante el Capitolio reveló que el Pentágono presenta un déficit estratégico en su arsenal.
En los últimos meses se emplearon 6.000 drones de ataque unidireccional y 1.500 misiles balísticos, los cuales no pudieron ser reemplazados completamente debido a fallas en la cadena de producción, según el documento oficial.
Desde este punto de vista, resulta muy difícil para Trump transferir parte de su arsenal a la Liga Árabe hasta que se recuperen los niveles mínimos de producción y almacenamiento.
Esto significa que, si decide abandonar la vía diplomática y retomar la opción militar, Trump necesitará tiempo para llevar a cabo esa hipótesis de conflicto.
El encuentro se realizará el próximo martes, después del discurso de Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Fuente: Infobae