T-MEC en riesgo: Trump presiona a Canadá y evalúa pactos bilaterales

Al iniciar este mes, el mandatario estadounidense Donald Trump identificó un nuevo mecanismo de coacción para profundizar su dominio sobre Canadá: la inauguración de un puente internacional programada para este año, que servirá de enlace crítico entre ambas naciones.

Apenas unas horas después de que el propietario multimillonario de un cruce fronterizo rival se entrevistara con Howard Lutnick, actual secretario de Comercio, Trump lanzó una advertencia sobre bloquear la apertura de la nueva estructura. Según fuentes cercanas a la administración, el interés del presidente no radica en la infraestructura en sí, sino en la posibilidad de emplearla como moneda de cambio para extraer beneficios en las negociaciones mercantiles.

“No permitiré que se abra este puente hasta que Estados Unidos sea plenamente compensado por todo lo que le hemos dado, y también, lo que es más importante, hasta que Canadá trate a Estados Unidos con la imparcialidad y el respeto que nos merecemos”

Esta declaración, realizada por Trump en plataformas digitales el pasado 9 de febrero, representa un preámbulo de las estrategias de confrontación que se anticipan para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este acuerdo, ratificado durante la primera gestión del republicano, enfrenta un proceso de evaluación obligatorio antes de la temporada estival.

Tensiones diplomáticas con Mark Carney

La Casa Blanca ha intensificado sus requerimientos hacia Ottawa, utilizando diversos focos de conflicto para comprometer la posición del primer ministro canadiense, Mark Carney. Un ejemplo reciente ocurrió en octubre, cuando Trump paralizó las conversaciones tras la difusión de un anuncio en territorio estadounidense, financiado por Ontario, que utilizaba un discurso de Ronald Reagan contra los aranceles. Ante la presión, Carney presentó una disculpa formal.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney. REUTERS/Blair Gable

La agenda de exigencias de Washington es extensa e incluye disputas históricas sobre los sectores protegidos de la economía canadiense, con especial énfasis en la industria láctea. Asimismo, existe una fuerte irritación por la decisión de los monopolios provinciales de licores en Ontario y otras regiones de retirar productos estadounidenses de sus anaqueles, una medida tomada en respuesta a los aranceles previos impuestos por la administración Trump.

Otro punto de fricción es la política exterior de Mark Carney, quien busca diversificar los socios comerciales de su país, especialmente con China. Tras un acuerdo arancelario limitado alcanzado en Pekín el mes pasado, Trump reaccionó amenazando con gravámenes del 100 por ciento a los productos de su vecino del norte, sugiriendo de forma provocadora que el gigante asiático “se apoderaría” de la nación e incluso prohibiría el hockey.

El distanciamiento se profundizó tras la intervención de Carney en el foro de Davos, donde planteó que el dominio global de Estados Unidos ha concluido y que las potencias medias deben actuar en bloque. La respuesta de Trump fue inmediata:

“Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones”

Trump amenazó con bloquear la apertura del puente entre Michigan y Ontario (Canadá) hasta que EEUU sea

A pesar de que estos cruces verbales no han derivado aún en nuevos impuestos fronterizos, establecen un entorno hostil para las mesas de trabajo que deben concluir su revisión del T-MEC antes de julio de 2026. Fuentes cercanas al presidente han dejado entrever que el pacto trilateral actual podría ser desmantelado en favor de acuerdos bilaterales independientes con México y Canadá.

Consecuencias económicas y estrategias de negociación

La disolución del tratado trilateral representaría un desafío mayúsculo para las industrias que operan bajo este marco de billones de dólares. Analistas y directivos sugieren que la amenaza de abandonar el bloque regional podría ser una táctica de negociación recurrente de Trump. No obstante, el presidente se ha mostrado indiferente ante la continuidad del formato actual.

“No tiene ninguna ventaja real, es irrelevante. Canadá lo quiere. Lo necesitan”

Banderas ondean al viento cerca del puente Ambassador que conecta Windsor, Ontario, Canadá, y Detroit, Michigan, EEUU, en Windsor, Ontario, Canadá . REUTERS/Carlos Osorio

Aunque el grueso del intercambio comercial se mantiene libre de aranceles bajo las reglas del T-MEC, sectores como el aluminio, acero, madera y automotriz ya enfrentan gravámenes específicos. Datos recientes revelan que el intercambio bilateral entre Estados Unidos y Canadá se ralentizó durante 2025. El déficit comercial estadounidense con su vecino del norte bajó a 46.400 millones de dólares, comparado con los 62.000 millones del periodo anterior, debido a una reducción generalizada en las operaciones de compra y venta.

Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, explicó en una entrevista que, si bien desean conservar elementos funcionales, no existe una “razón natural” para mantener el formato único del T-MEC. Greer detalló que los temas con México se centran en energía, maíz y derechos laborales, mientras que con Canadá la prioridad son los lácteos, regulación digital y electricidad.

“No estamos comprometidos con ningún acuerdo o formato concreto de un acuerdo simplemente porque esté ahí”

Un camión comercial se dirige al Puente Ambassador hacia Windsor, Ontario, Canadá, desde Detroit, Michigan. EE. UU. REUTERS/Rebecca Cook

Greer, quien trabajó estrechamente con Robert E. Lighthizer en la negociación original del tratado, ha adoptado una postura disruptiva. Según colaboradores cercanos, el funcionario no dudaría en recomendar la salida total del pacto para buscar términos que favorezcan más la creación de empleos y la reducción del déficit en Estados Unidos. Sobre la disposición del presidente, Greer fue enfático: “Está casi dispuesto a marcharse. Así que veremos cómo evoluciona”.

La incertidumbre en Ottawa

El gobierno de Canadá observa con desconfianza los movimientos de su socio. Aunque Carney cedió al eliminar un impuesto a servicios digitales que molestaba a Washington, el gesto no ha suavizado la postura estadounidense. Simultáneamente, el equipo de Trump critica a México por permitir inversiones de manufactura china que acceden al mercado norteamericano bajo los beneficios del tratado.

Un camión de transporte de automóviles se dirige al Puente Ambassador hacia Detroit, Michigan, desde Windsor, Ontario, Canadá. REUTERS/Rebecca Cook

En Ottawa, la expectativa de una renovación fluida del T-MEC es mínima. Los funcionarios canadienses, que prefieren el anonimato, dudan de la fiabilidad de cualquier compromiso firmado con la actual administración de EE. UU. Además, recuerdan con preocupación las menciones de Trump sobre usar la “fuerza económica” para que Canadá se alinee a sus intereses, llegando a referirse al país como el “Estado número 51”.

Por su parte, Mark Carney ascendió al poder la primavera pasada con un discurso de resistencia. En aquel momento, afirmó que el objetivo de Trump era “rompernos para que Estados Unidos sea nuestro dueño”. A pesar de algunos encuentros cordiales, la percepción en el gabinete canadiense es que Washington busca debilitar su economía para forzar el fin de sus políticas proteccionistas.

Planta de ensamblaje Chrysler Windsor de Stellantis en Windsor, Ontario, Canadá. REUTERS/Carlos Osorio

Finalmente, la Casa Blanca ya ha iniciado acercamientos con el gobierno de México desde enero, mostrando un tono más optimista. Esta técnica de “divide y vencerás” fue implementada por el propio Greer en 2018, cuando negoció secretamente con los mexicanos para presionar a Canadá a aceptar los términos finales del acuerdo minutos antes de que expirara el plazo legal.

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