El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, se ha consolidado como el principal referente crítico dentro de la Unión Europea frente a la estrategia bélica de Donald Trump en Oriente Medio. Esta firme postura, que incluyó la reciente negativa para que la aviación de Estados Unidos utilice las bases militares de Rota y Morón, ha provocado la indignación del líder republicano. Trump reaccionó ordenando la suspensión de cualquier negociación con Madrid, calificando a España como un “aliado terrible”.
A través de una declaración institucional emitida desde el Palacio de La Moncloa este miércoles, sin acceso a prensa ni preguntas, Sánchez evitó mencionar por su nombre al mandatario norteamericano. No obstante, fue contundente al responder a las presiones externas, asegurando que la política exterior española se define en cuatro palabras: “No a la guerra”. El jefe del Ejecutivo recalcó que el país no se convertirá en colaborador de acciones que resulten nocivas para la estabilidad internacional.
El mandatario español expresó su preocupación por el rumbo impredecible que ha tomado el enfrentamiento en Oriente Medio, iniciado por los ataques de EE.UU. e Israel y seguido por la respuesta de Teherán contra activos estratégicos en la zona. Sánchez advirtió que la situación ha entrado en una fase de incertidumbre absoluta:
“Nadie sabe con certeza que pasará ahora. Ni siquiera están claros los objetivos de quienes iniciaron el primer ataque”
, aseveró.
En su intervención, el líder del Gobierno español insistió en que su administración mantiene una coherencia total con las posiciones adoptadas previamente en los conflictos de Ucrania y en la Franja de Gaza. Su postura se resume en un rechazo a la ruptura del derecho internacional, la negativa a aceptar que la fuerza militar y las bombas sean la única solución a los problemas globales, y el compromiso firme de no reincidir en errores históricos.
Críticas al legado de la Guerra de Irak y el ‘Trío de las Azores’
Haciendo referencia a esos fallos del pasado, Sánchez recordó la intervención de España en la guerra de Irak, justo cuando se cumplen 30 años del gobierno de José María Aznar. De aquel escenario surgió el lema que hoy vuelve a abanderar. Según explicó, esa intervención se justificó con la búsqueda de armas de destrucción masiva y la promoción de la democracia, pero el resultado fue opuesto: mayor inestabilidad en la región y un encarecimiento generalizado del costo de vida. “Ese fue el regalo del trío de las Azores: un mundo mas inseguro y una vida peor”, sentenció.
Aunque Sánchez fue el primer líder europeo en manifestar su oposición a las operaciones de Washington y Tel Aviv, subrayó que no está solo en esta disputa. Tras conocerse las amenazas comerciales de Trump, el portavoz de Comercio de la Unión Europea, Olof Gill, ratificó que la Comisión Europea protegerá de manera integral los intereses del bloque regional.
El Ejecutivo español ha manifestado su disposición para cooperar con socios comunitarios y aliados regionales en la prestación de apoyo diplomático y material. Sánchez recordó que España, en su calidad de miembro de la OTAN y la UE, posee la responsabilidad de exigir a Estados Unidos e Israel que detengan las hostilidades y busquen una salida negociada. “Responder a una ilegalidad con otra puede provocar graves consecuencias históricas”, alertó el presidente.
Planes de contingencia ante la crisis energética en los hogares
En el ámbito económico, Sánchez adelantó que el Gobierno ya estudia diversas alternativas para mitigar el impacto en las familias españolas ante una inminente crisis energética. La preocupación radica en los ataques en Catar y la tensión en el estrecho de Ormuz, punto crítico para el comercio mundial de petróleo. Si bien el suministro físico no se ha visto interrumpido en España, los mercados han reaccionado con una escalada inmediata en los precios de los carburantes.
A pesar de este panorama, el presidente transmitió tranquilidad sobre la fortaleza de la economía nacional, asegurando que “el país cuenta con los recursos suficientes para afrontar la situación”. Para ello, propuso una hoja de ruta basada en el diálogo con los agentes sociales, siguiendo el modelo de gestión utilizado con éxito durante la pandemia, la crisis de los aranceles y la reciente inestabilidad energética en Europa.
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