La productividad de un trabajador guatemalteco en Estados Unidos puede alcanzar hasta 25 veces la que logra en su país de origen. Este dato, extraído de un reciente análisis económico, revela por qué la migración centroamericana sigue siendo una salida laboral crucial, pero también anticipa un peligro que pocos gobiernos regionales están dispuestos a abordar.
Si la administración estadounidense consigue frenar la llegada de nuevos migrantes y no habilita mecanismos legales que compensen ese flujo, el dinero que hoy sustenta a millones de hogares en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua podría comenzar a disminuir en los próximos años.
Así lo alerta un informe de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, elaborado por los investigadores Hugo Maul y Javier Calderón, divulgado recientemente.

El documento, titulado Migración de Centroamérica hacia Estados Unidos: causas, políticas y perspectivas liberales, combina datos de organismos internacionales y entrevistas a migrantes para reflejar una dependencia que ningún país de la región ha logrado cambiar.
Dependencia que supera el 20% del PIB
Las remesas no son un ingreso menor para las economías del Triángulo Norte. En 2024 equivalían al 27% del producto interno bruto (PIB) de Nicaragua, al 25% del de Honduras, al 23,5% del de El Salvador y a cerca del 20% del de Guatemala, según las cifras recogidas en el estudio.
El impacto es aún mayor a nivel doméstico. En Guatemala, aproximadamente el 60% de las familias que reciben remesas no podrían cubrir sus necesidades básicas sin ese dinero. En Honduras, casi cuatro de cada diez hogares dependen de ese ingreso, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y encuestas nacionales.
El informe explica que el monto que envía cada migrante tiende a reducirse con el tiempo, a medida que forma un nuevo núcleo familiar en Estados Unidos y debilita sus vínculos económicos con su país de origen. Si además se frena la llegada de nuevos migrantes que sustituyan esos envíos, la región enfrentaría una desaceleración sostenida del ingreso que hoy alimenta su consumo.
En Estados Unidos residen actualmente 4.265.000 centroamericanos, según datos de la OIM citados en el estudio: 1.495.000 salvadoreños, 1.250.000 guatemaltecos, 935.000 hondureños, 377.000 nicaragüenses, 105.000 costarricenses y 103.000 panameños.

El ciclo migratorio tiene fecha de vencimiento
Hugo Maul, economista e investigador coautor del estudio, explicó:
«La primera generación de migrantes tiende a mantener a sus hijos, a su esposa, a sus padres. Con los hijos de los migrantes en el exterior, la caída es dramática, porque el lazo familiar con el país de origen es cada vez más débil».
Este patrón se repite en la evidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) utilizada en la investigación: la proporción del ingreso que un migrante destina a remesas disminuye a medida que aumenta su tiempo de residencia en el extranjero. En los primeros años paga deudas del viaje y sostiene a su familia; después, concentra sus gastos en el país receptor.
Para Centroamérica, el riesgo es doble. Las remesas dependen tanto del flujo de migrantes que ya residen en Estados Unidos como de la llegada de nuevas generaciones que reemplacen a quienes dejan de enviar dinero. Maul advirtió que, si la restricción migratoria se sostiene varios años, el ajuste en los ingresos llegará con rezago, pero llegará.

El estudio detecta una «adicción» económica
Maul resumió ante la publicación:
«Tenemos una adicción a las remesas que nos impide ver los riesgos que conlleva a largo plazo».
El investigador explicó que ese ingreso sostiene el consumo de millones de familias, pero también oculta la falta de dinamismo de las economías y su incapacidad de generar empleos productivos. Añadió:
«Estoy convencido que tenemos una expansión del sector consumo, del sector inmobiliario debido al combustible que las remesas representan. Eso lo vivió México en los 90 claramente y les costó una crisis. Allá por otras razones, aquí porque en esencia tenemos una abundancia, si me permiten decir, artificial de dólares que no es sostenible en el largo plazo».

Por qué tantas personas deciden emigrar
Las encuestas de la OIM que recopila el estudio dan una respuesta directa: en 2025, el 84% de los guatemaltecos, el 74% de los hondureños y el 72% de los salvadoreños entrevistados citaron razones económicas para abandonar su país.
En Guatemala, Maul estima que un trabajador puede ser hasta 25 veces más productivo en Estados Unidos que en su propio país, incluso con actividades y jornadas similares. La diferencia no está en las capacidades individuales, sino en el entorno: infraestructura, tecnología, capital y acceso a mercados.
«El reto que no se ha logrado resolver es el de la productividad y la sofisticación productiva», afirmó el coautor. La región necesita empleos a mayor escala, especialmente para los jóvenes, y empresas de mayor valor agregado, pero esas transformaciones toman décadas y las políticas de los países del Triángulo Norte tampoco han generado condiciones atractivas para la inversión.
Cerrar vías legales no frena la migración, la desvía
El estudio sostiene que cerrar canales legales como el parole humanitario, el asilo y las visas de trabajo, sin reducir al mismo tiempo la demanda de mano de obra extranjera en Estados Unidos, desplaza la migración hacia rutas más peligrosas y fortalece a las redes de coyotaje. La demanda de trabajadores en construcción, servicios, agricultura y transporte no desaparece con más controles: lo que cambia es quién la satisface y bajo qué riesgo.

Maul consideró que los gobiernos de la región han dependido demasiado de Washington y han explorado poco alternativas como los programas canadienses de visas temporales, el empleo en transporte pesado y marina mercante, o la regularización sectorial de los flujos entre Guatemala y México.
El investigador planteó que los países deben fortalecer un modelo económico orientado a las exportaciones, capaz de generar los empleos que hoy sus ciudadanos encuentran al migrar. A eso se suma una integración regional pendiente: los países centroamericanos reproducen estructuras productivas similares en lugar de especializarse y aprovechar sus complementariedades.
«El reto es difícil y los resultados no se van a ver en el corto plazo. Pero si la migración ya no existe como válvula de escape, nuestra población va a seguir creciendo y no vamos a tener acceso, al menos en el mismo monto, a ese flujo que nos ha mantenido hasta este momento», dijo Maul.
La señal ya se nota en las cifras recientes
El diagnóstico del estudio no es solo teórico. En El Salvador, el Banco Central de Reserva reportó que el promedio mensual de las remesas se desaceleró a lo largo de 2026: arrancó el año en USD 372.6 y bajó a USD 361.5 a septiembre, con un crecimiento acumulado del 3.5% frente al 18.5% registrado en el mismo período de 2025.
En Honduras, las remesas del tercer trimestre de 2026 superaron los USD 10.000 millones, equivalentes a alrededor del 25% del PIB del país, según el Banco Central de Honduras.

Pese a esa cifra, este martes partió una nueva caravana de migrantes desde San Pedro Sula hacia la frontera con Guatemala, con destino final Estados Unidos. Los propios migrantes citaron el desempleo y la inseguridad como motivos de salida, en línea con los porcentajes que recoge el estudio de la Fundación Friedrich Naumann. El Gobierno de Estados Unidos, por su parte, impuso la semana anterior restricciones de visa a más de 15 personas señaladas de organizar las caravanas recientes desde Centroamérica y México.
Fuente: Infobae