En una decisión histórica, el Parlamento francés aprobó este lunes el retorno a la Guayana Francesa de los restos de seis amerindios que permanecieron conservados en un museo de París durante más de 130 años. Estos individuos perdieron la vida bajo las indignas condiciones de los llamados “zoos humanos”, prácticas de exhibición étnica que marcaron una época oscura de la historia europea.
Aunque Francia promulgó en 2023 una legislación que autorizaba la restitución de restos humanos de sus museos, dicha normativa solo aplicaba a solicitudes de Estados extranjeros, dejando fuera a sus territorios de ultramar como la Guayana Francesa. Tras el respaldo del Senado en mayo, los diputados aprobaron por unanimidad una ley que permite el entierro de estos restos en su tierra natal.
El diputado Jean-Victor Castor calificó la medida como una oportunidad para “reparar una injusticia de más de un siglo”. Por su parte, Corinne Toka-Devilliers, líder de la asociación Moliko Alet+Po (que significa “Descendientes de Moliko” en lengua kali’na), declaró entre lágrimas: “Es un día histórico, nuestros antepasados por fin podrán regresar a casa”.

Los hechos se remontan a inicios de 1892, cuando 33 amerindios de los pueblos kali’na y arahuaco —con edades comprendidas entre los 3 meses y los 60 años— zarparon desde Paramaribo, en la antigua Guayana Neerlandesa (hoy Surinam), con destino a Europa. El explorador francés François Laveau los reclutó por encargo del director del Jardín de Aclimatación de París, un recinto que desde 1877 organizaba los llamados “espectáculos etnológicos”, precursores de los zoológicos humanos.
Laveau les prometió dinero y un regreso seguro a su hogar, ubicado en la desembocadura del río Maroni, que marca la frontera entre la Guayana Francesa y Surinam. Sin embargo, de las 33 personas que viajaron, ocho fallecieron antes de poder retornar. Al llegar a la capital francesa durante el crudo invierno boreal, contrajeron bronquitis y diversas afecciones pulmonares.
Actualmente, los restos de seis de ellos se conservan en el Museo de Historia Natural de París. Un séptimo cuerpo fue disecado con fines científicos, mientras que el octavo yace enterrado en la localidad de Levallois-Perret, al oeste de la capital gala. La nueva ley allana el camino para que, después de más de un siglo, estos ancestros puedan descansar finalmente en su tierra natal.
Fuente: Infobae