El ministro de Información de Pakistán, Ataulá Tarar, manifestó que el régimen talibán ha impulsado una lectura de la religión orientada a consolidar su control político y mantener medidas discriminatorias, especialmente contra las mujeres, a quienes se les ha negado el acceso a la educación y otros derechos fundamentales. Tras estos señalamientos, el ejecutivo paquistaní entregó un informe detallado sobre las recientes incursiones militares en territorio afgano, justificando la ofensiva como una respuesta necesaria ante el incremento de las hostilidades en la zona fronteriza.
Balance de la ofensiva militar
Citando reportes del medio Dawn y comunicados oficiales, las fuerzas de defensa de Pakistán confirmaron el fallecimiento de al menos 297 combatientes, catalogados como talibán y «terroristas», durante una oleada de bombardeos en diversas provincias de Afganistán. Las operaciones alcanzaron la capital, Kabul, así como la ciudad estratégica de Kandahar. Según el balance ofrecido por Ataulá Tarar, las acciones militares resultaron en:
- Más de 450 heridos en las filas insurgentes.
- La destrucción total de 89 puestos de control.
- La captura de 18 posiciones defensivas.
- La inutilización de 135 tanques y vehículos de combate en 29 ubicaciones diferentes.
Por otra parte, el enfrentamiento en la frontera también dejó bajas en el bando paquistaní. El jefe del Ejército, Ahmed Sharif Chaudhri, informó sobre la muerte de doce militares de Pakistán y 27 heridos. Además, se reportó la desaparición de un soldado y la destrucción de 115 blindados y carros de combate que pertenecían a las milicias afganas. Las autoridades de Islamabad recalcaron que los ataques fueron quirúrgicos y dirigidos exclusivamente a infraestructuras bélicas para proteger a la población no combatiente.
Precisión en los objetivos tácticos
El general Chaudhri detalló que el despliegue se basó en inteligencia rigurosa, asegurando que cada punto de ataque fue seleccionado minuciosamente. Estos incluyeron sedes de mando de los talibán, bases de batallones, depósitos de armamento y refugios de grupos radicales. El alto mando militar fue enfático al declarar:
«Todas las posiciones artilladas, posiciones de carros de combate y sedes tácticas fueron neutralizadas».
Asimismo, el jefe militar desmintió las versiones sobre daños a civiles, asegurando categóricamente que «no se ha atacado ninguna instalación civil» durante el desarrollo de las operaciones en suelo afgano.
Declaratoria de «Guerra Abierta»
La escalada de violencia llevó a que Pakistán declarara formalmente una «guerra abierta» contra los talibán la madrugada del viernes. Esta decisión es el resultado de una serie de atentados suicidas y ataques violentos registrados previamente en territorio de Pakistán. El gobierno de Islamabad describió su respuesta como «efectiva, inmediata y contundente». Chaudhri subrayó que el objetivo primordial es salvaguardar los derechos de soberanía y la seguridad nacional, advirtiendo que los responsables de actos terroristas «no tendrán donde ocultarse».
Según la información difundida por Dawn, los bombardeos se concentraron en escondites vinculados al Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y a células del Estado Islámico. No obstante, las cifras de bajas presentan discrepancias, ya que las autoridades afganas denunciaron ante el Consejo de Seguridad de la ONU la muerte de más de diez civiles, acusación que fue tajantemente rechazada por las autoridades paquistaníes.
Tensiones regionales y geopolíticas
En el plano diplomático, el ministro Ataulá Tarar reafirmó que Pakistán no hace distinción entre los talibán afganos y los paquistaníes, considerándolos una amenaza común. Voceros como Mosharraf Zaidi, de la oficina del primer ministro, han instado al régimen de Kabul a clarificar sus vínculos con organizaciones como Al Qaeda, el Ejército de Liberación de Baluchistán y el TTP.
Finalmente, el jefe del Ejército paquistaní sugirió que detrás de la inestabilidad actual existe un «patrocinio y diseño» proveniente de India, acusando al régimen talibán de servir como plataforma para estos fines. Estas afirmaciones han sido negadas sistemáticamente por Nueva Delhi. Pakistán mantiene que su postura actual es una medida de defensa nacional ante la creciente inseguridad en la frontera común.
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