“Pacto por el Río San Pedro”: Recuperarlo para volver a bañarse en sus aguas

Tras casi cinco años de activismo sostenido, el colectivo Rescate Río San Pedro logró que la Prefectura de Pichincha y los municipios de Quito, Rumiñahui y Mejía firmen un pacto público para su recuperación. Pero el desafío recién empieza.

“Estamos contentos en el colectivo por este paso”, dice Maribel Pasquel, vocera del Pacto, al referirse a una firma que, más que simbólica, busca evitar que el proceso vuelva a cero con los cambios de autoridades.

El río atraviesa tres cantones y, como insiste Pasquel, “no hay cómo hacer nada si no hay de fondo la unión de estos gobiernos locales”.

El Pacto por el Río que nos Une se firmó en el marco del Día de la Tierra y propone algo que ha estado ausente durante años: coordinación.

El San Pedro recorre Mejía, Rumiñahui y Quito. Sin embargo, cada municipio ha intervenido de forma aislada. “El uno no sabía bien qué hace el otro”, describe la vocera, al referirse a los encuentros previos entre funcionarios.

Esa desarticulación ha impedido soluciones estructurales. “Mientras no haya proyectos conjuntos, se quedan huecos, vacíos”, advierte.

Por eso, uno de los gestos más simbólicos del pacto fue la firma sobre un mapa sin divisiones cantonales. “El río es entero. El río no sabe qué pasa por un límite”, explica Pasquel. La intención: obligar a pensar la cuenca como un sistema integrado.

El acuerdo plantea una gobernanza colaborativa: un modelo en el que municipios, prefectura, academia y sociedad civil construyan una hoja de ruta en seis meses, con metas sostenidas más allá de los ciclos políticos.

Un río enfermo

Hace apenas 30 años, el San Pedro era un espacio de encuentro. La gente se bañaba en sus aguas. Hoy, entrar sin protección representa un riesgo.

Una enfermedad compleja que se alimenta de tres grandes fuentes:

  • Aguas residuales domésticas: el principal problema. Quito apenas trata el 3% de sus aguas residuales; el resto llega directamente al río.
  • Actividades productivas: desde industrias hasta pequeños talleres que descargan químicos sin control.
  • Basura: toneladas de desechos arrastrados desde quebradas y ciudades.

El impacto no es solo ambiental. En el tramo más contaminado se han detectado bacterias, virus, metales pesados e incluso resistencia a antibióticos. Y el problema no se queda en Pichincha: la contaminación viaja río abajo hasta afectar a otras provincias.

El límite de las competencias

Uno de los principales nudos es institucional. “Cada vez que hablamos con un funcionario nos dice: ‘eso no es mi competencia’”, relata Pasquel.

El tratamiento de aguas residuales, por ejemplo, corresponde a los municipios. Pero sin articulación entre cantones, el problema se traslada río abajo.

“Si cada uno se dedica a pensar en su trocito, no se logran las cosas”, sostiene.

El pacto propone precisamente superar esa lógica mediante una gobernanza colaborativa que incluya a gobiernos locales, academia y sociedad civil.

Ciudadanía al frente

Mientras las instituciones discutían competencias, la ciudadanía actuó. En cinco años, el colectivo ha retirado alrededor de 18 toneladas de basura del río, ha organizado mingas y ha involucrado a escuelas, colegios y universidades.

“El primer paso es conocer”, dice la vocera. “Nosotros tampoco sabíamos nada hace cinco años”.

Pasquel reconoce que cada vez más personas se suman, preguntan, investigan, se apropian del problema.

Pasar de la firma a la acción

El pacto abre una ventana de seis meses para construir una hoja de ruta concreta. Pero la clave será sostener el compromiso en el tiempo.

La experiencia en otras ciudades demuestra que sí es posible. En Cuenca, el río Machángara cuenta con un comité de conservación activo desde hace 27 años. Ese es el tipo de estructura que el colectivo busca replicar.

Sin embargo, el desafío no es solo técnico, sino político: asignar presupuesto, coordinar instituciones y asumir responsabilidades compartidas.

Volver a bañarse en el río

El colectivo plantea una meta clara: recuperar el río hasta hacerlo apto para el contacto humano.

Puede sonar utópico, pero es el horizonte que guía el proceso. “Nosotros estamos seguros de que sí”, dice Pasquel. No en décadas, sino lo antes posible.

Ese sueño —volver a bañarse en el río San Pedro— funciona como una meta concreta, medible y profundamente simbólica.

Radio Pichincha

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